Propiedad Intelectual y deporte a debate en el Idea Center de Miami Dade College MDC Miami
Miami Dade College analiza los retos del deporte y la propiedad intelectual en tiempos de inteligencia artificial
Representantes de jugadores, analistas, abogados, creadores y comunicadores se dan cita para reflexionar sobre su adaptación y valor.
El debate ha versado alrededor de una industria cuya valoración supera los 500.000 millones de dólares.
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El Idea Center del Miami Dade College fue el lugar escogido por Jean Marie Altema, organizador de las jornadas, para acoger una conversación incómoda y necesaria. Bajo el lema Ready, Set, Innovate: IP and AI Powering the Future of Sports, reunió a ejecutivos, atletas, agentes, abogados e inversores para debatir cómo medir el valor del deporte, más allá de la cancha. El gran interrogante giró en torno a la necesaria preparación para proteger y monetizar la propiedad intelectual en este ámbito.
Según los análisis del propio centro, el deporte mundial supera ya los 500.000 millones de dólares en valor; solo en Estados Unidos la industria genera más de 70.000 millones anuales. Más allá de la venta de entradas y de los contratos televisivos tradicionales, los atletas son marcas globales con activos de propiedad intelectual monetizables, los derechos de contenido se fragmentan entre plataformas de streaming y redes sociales, y la inteligencia artificial empieza a generar y cuestionar, a partes iguales, el valor de la imagen, los datos y los derechos de emisión.
Durante una de las sesiones centrales, titulada Traditional Sports IP under siege: from defense to offense in digital rights, los panelistas, entre ellos nuestra compañera Rosa Jiménez Cano, analizaron cómo los modelos tradicionales de PI deportiva, construidos sobre el control, la exclusividad y los derechos territoriales, se diluyen ante una distribución digital sin fronteras y en directo.
Orlando Arnold, exjugador de baloncesto y ahora representante de jugadores a través de su compañía Pyramid Sports, lo expuso con claridad: “Defender los derechos ya no basta. La clave está en monetizarlos activamente mediante alianzas con plataformas, licencias de contenido en formato corto y engagement directo con el consumidor”.
"La cuestión ya no es si la propiedad intelectual importa, sino cómo debe evolucionar", insistió el organizador Altema para evidenciar cómo la tensión entre ligas y deportistas por el control de la imagen, así como la fragmentación entre plataformas dificultan la gestión.
"Defender los derechos ya no basta. La clave está en monetizarlos activamente mediante alianzas con plataformas, licencias de contenido en formato corto y 'engagement' directo con el consumidor"
Orlando Arnold, exjugador de baloncesto y representante de jugadores en Pyramid Sports
A esto se suma la llegada de la IA en su versión generativa. Si el primer gran golpe llegó con la analítica, cada vez más sofisticada y orientada a la toma de decisiones, tener capacidad de hacer contenido con facilidad y a un coste muy bajo, exige un nuevo marco regulatorio.
“La innovación avanza más rápido de lo que la legislación puede asumir”, explicó Jessica Neer McDonald, abogada especializada en marcas y copyright. “Quien controle los datos de un jugador, los modelos de predicción de una liga o los algoritmos que generan contenido sintético, controlará una parte del valor futuro del deporte. Y eso obliga a repensar quién posee qué, desde el highlight generado por una IA hasta la voz clonada de una estrella para un anuncio”, sostuvo.
No es casualidad que el foro se celebrara en Miami. La ciudad se ha convertido en un hub global donde converge el deporte latinoamericano, con los Dolphins, los Heat, el Inter de Messi y los Marlins como equipos más populares en diferentes disciplinas, junto con inversión internacional y tecnología.
Entre las conclusiones destacadas por la organización se remarcó que los atletas se están educando para entender que su cuerpo y su imagen son ahora activos digitales. “Quien no proteja su IP en la era de la IA, correrá el riesgo de ver cómo otros monetizan su propio valor sin pedir permiso”, concluyó.