Pasillos de eMerge, en Miami.
Dentro de eMerge: el fenómeno que hace que Miami sueñe en grande con una feria que todavía cabe en un pabellón
La presente edición de eMerge Americas reúne 400 expositores y 300 ponentes en Miami Beach mientras la ciudad real bulle fuera del Convention Center con delegaciones de más de 60 países.
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Hay viento en Miami Beach, un viento húmedo y caprichoso, que arrastra hojas de palmera por las aceras vacías de los alrededores del Convention Center y recuerda que esto es temporada baja, que los hoteles de South Beach respiran despacio antes del Gran Premio de Fórmula 1 que llegará la semana que viene a convertir la ciudad en un paddock de lujo. Hoy, sin embargo, los protagonistas van ataviados con portátiles y tarjetas de visita, no con monos ignífugos, porque la celebración de eMerge convierte a la ciudad estadounidense en la capital, por unos días, del ecosistema emprendedor global.
Esa es la premisa de partida: eMerge Americas (porque pronto se expandirá a otras regiones) abre esta edición con una promesa diseñada para impresionar a propios y ajenos: 400 expositores, 300 ponentes repartidos en seis escenarios, más de 20.000 asistentes de 60 países. Los números resuenan a las cifras que mueven las grandes citas del sector digital (lejos eso sí de los colosos como CES o MWC, los grandes templos de la tecnología mundial).
Sin embargo, la realidad, cuando uno cruza las puertas del Miami Beach Convention Center bajo una llovizna indecisa, es bastante más modesta.
Un único pabellón de tamaño mediano, copado principalmente por universidades deseosas de reclutar nuevos talentos y con una presencia sobresaliente del ejército de Estados Unidos que resulta extraña para un observador europeo. Un gran pasillo central que distribuye a un público ávido de conexiones y escaso de grandes disrupciones, pero que no molesta al transitar rápidamente de stand en stand. Una feria más similar a un evento sectorial o regional, de los que en España y otros muchos países contamos por centenares.
Conviene, no obstante, que el estimado lector aguarde hasta el final de esta crónica para entender el porqué del éxito de esta feria decepcionante a primera vista.
De reclutas a robots
Como anticipábamos, una de las presencias más destacadas es la del ejército de Estados Unidos, en concreto, del Training and Transformation Command, nacido de la fusión del Army Futures Command y el Army Training and Doctrine Command. Este mando (el más grande de la fuerza armada norteamericana, con 350.000 militares y civiles bajo su estructura) ha construido su particular pequeña base de operaciones en eMerge con una propuesta igualmente singular: reinventar el ejército para las guerras del futuro, pasando de reclutas a robots. Ahí está todo dicho.
Un militar con uniforme de campaña explica sin ceremonias a DISRUPTORES algunos desarrollos como Rocky, un robot de Boston Dynamics que es capaz de ser controlado en lenguaje natural, generar informes de situación mediante IA agéntica y que en un futuro próximo, dicen, sustituir a soldados en zonas de riesgo.
Uno de los militares del Training and Transformation Command de Estados Unidos, en eMerge 2026.
También aparecen en escena los drones que el propio mando selecciona de un concurso interno previo a trabajar con la industria. Eso son sólo dos de los ejemplos que muestran públicamente, como anticipo o gancho para interesados en unirse a sus fuerzas o de colaborar desde el ecosistema emprendedor.
Eso sí, ninguno de los militares presentes se atreve a contestar a la pregunta del millón: ¿En cuántos años el Ejército será más robot que humano? La respuesta, evidente, llega esquinada: "Siempre tiene que haber una dimensión humana, pero queremos estar listos para lo que venga en el futuro".
Bajo el mar y más allá
A pocos metros del uniforme de campaña, una universidad compite en ambición. La Florida International University ha traído a eMerge su proyecto más literalmente extraordinario: Aquarius, el único hábitat submarino de investigación y educación del mundo, anclado a 18 metros de profundidad cerca de Isla Morada. Desde 1993, científicos y astronautas se sumergen en una cápsula del tamaño de un autobús escolar para vivir, trabajar y acumular en seis o diez días lo que en superficie exigiría seis meses de inmersiones.
La NASA, la ESA y la agencia espacial japonesa lo usan para simular entornos extremos. Más recientemente, los ahora mundialmente famosos astronautas del programa Artemis entrenaron allí. "Cuando estás ahí abajo, no puedes simplemente decir que te vas. Es una simulación real de un entorno extremo, igual que el espacio", explican sus impulsores ante la mirada curiosa de quien ahora trata de transmitirles la misma emoción.
La FIU quiere ahora recaudar fondos para un nuevo Aquarius modular, con pods especializados por industria, con conexión de datos en tiempo real desde el fondo marino hasta la nube.
Su vecina, para sorpresa de nadie a estas alturas, es otra universidad: el Miami Dade College. En su espacio, un chico de 21 años y otro de 20, miembros del Club de Robótica e IA del campus, nos explican cómo han desarrollado un sistema de equilibrio basado en IA para un péndulo invertido (la base conceptual de cualquier robot humanoide) usando una plataforma de Kwanstar que replica en miniatura lo que hace Waymo. "Empezamos desde cero, desde las matemáticas y la física, para llegar a las grandes ligas sin necesidad de hacerlo ya en la industria".
Estos jóvenes ingenieros son, en última instancia, una muestra de carne y hueso de eso tan abstracto que es el 'talento tecnológico'.
El abogado que fundó el futuro
Si hay un personaje inesperadamente popular en eMerge, ese es el abogado Jaret Davis. Sí, un abogado, un hombre de leyes, es de los rostros más populares y demandados de la feria, aunque es cierto que este humilde escribano puede que esté ocultando algunos detalles: Davis es vicepresidente senior y socio de Greenberg Traurig, con 30 años de experiencia llevando proyectos del ecosistema 'tech' de Miami. Y, a la sazón, uno de los cofundadores de eMerge.
Su conexión con la feria no es casual, ya que Jaret Davis fue abogado de Manny Medina -el padre de eMerge-, e incluso gestionó la venta de su empresa Terremark por 1.400 millones de dólares, y recuerda que la primera reunión del comité directivo de eMerge se celebró en la sala multiusos del propio bufete.
Jaret Davis, vicepresidente senior y socio de Greenberg Traurig,
Su análisis del ecosistema es, por todo lo anterior, debe tenerse muy en cuenta. Nos habla del concepto de venture clienting -el contrato como validación, más valioso a veces que el frío cheque del inversor- y de la necesidad de crear un protocolo que conecte startups con grandes corporaciones de forma sistemática, no como "caos controlado".
Sobre Miami frente a California o Texas, Davis también lo tiene claro: "Cuando estoy en Miami, siento que estoy en una gran ciudad europea. Cuando estoy en Texas, siento que estoy en una ciudad americana que simplemente es un poco cosmopolita". Para él, el único problema que le ve a la ciudad de Florida es su tráfico imposible, y eso es un malestar relativamente fácil de sobrellevar.
De hologramas a las 'cripto' de Eric Trump
El aeropuerto internacional de Miami está en obras, o más bien está de derribo, porque es complejo describir de otro modo su proyecto de renovación de 14.000 millones de dólares impulsado por el auge del turismo y, claro, por el Mundial de Fútbol que se avecina. Y, como pueden imaginar, una infraestructura de esa envergadura merece innovación a la altura. Y la tiene: en eMerge han presentado con cierta fanfarria un holograma de asistencia para pasajeros. Repetimos: un holograma, para preguntar dónde está la puerta de embarque.
En una ciudad que lleva años apostando por los eVTOL, por la movilidad aérea urbana, por los coches autónomos, por robots que hacen reconocimiento en zonas de guerra, su aeropuerto está en la era del metaverso y las interfaces humanas (con un retardo en las respuestas imposible de llevar a la práctica). Parecería una idea de comienzos de los 2000, pero es real. Parece que nos quisieran decir algo así como 'Bienvenidos al futuro' con la experiencia más difusa de todos los tiempos.
Si los hologramas fueron la nota llamativa de la mañana, la de la tarde fue la esperada aparición de Eric Trump, hijo del presidente estadounidense e impulsor del negocio de criptomonedas American Bitcoin. Su intervención tocó, empero, numerosos temas heterogéneos: desde el orgullo nacional ("Todo el mundo quiere ser como nosotros, los europeos no podrían hacer lo que hacemos nosotros") hasta el mercado energético ("Tenemos la energía más barata del mundo y por eso podemos ganar la revolución industrial"), pasando por la política local ("Mudarme de Nueva York a Miami fue la mejor decisión de mi vida, viendo lo que está haciendo su nuevo alcalde, que no persigue siquiera a los delincuentes en la ciudad").
La sesión de eMerge en que participó Eric Trump, hijo del presidente estadounidense y fundador de American Bitcoin.
Resumir o filtrar los comentarios con alguna base digital de su etéreo discurso, fiel a los ya clásicos principios trumpistas, es complejo. Sí que explicó de dónde viene su interés por el universo de las criptomonedas, que nada tiene que ver con una estrategia empresarial o un interés tecnológico como tal.
"Me desperté un día en 2021 y me habían cancelado todos los grandes bancos como JPMorgan y Capital One. Y me di cuenta de que las mismas personas que nos estaban cerrando las cuentas también se las cerraban a la comunidad cripto", relata con orgullo el hijo del presidente. De ahí surgió American Bitcoin, cuyo original nombre, contó, nació en la mesa de un restaurante italiano.
Trump defiende en ese sentido el bitcoin como complemento perfecto del ladrillo: "Podría estar cenando con mi mujer a medianoche un sábado y mover cientos de millones de dólares en criptomoneda al instante desde el móvil", algo imposible con activos inmobiliarios que pueden tardar 18 meses en venderse.
La ciudad que no está en la feria
Y sin embargo -y aquí está la paradoja que define este particular evento-, el verdadero eMerge 2026 no cabe en el Convention Center. Está en Brickell, en Wynwood, en Coral Gables, en cada hub tecnológico que esta semana hierve con delegaciones de España, Uruguay, Argentina, Chile, Francia, El Salvador... Está en los fondos de capital riesgo que han multiplicado por cuatro su inversión en South Florida en dos años, hasta los 4.130 millones de dólares en 2025.
Está en las 53 empresas del Pabellón de España que han cruzado el Atlántico para presentar proyectos de healthtech, ciberseguridad e inteligencia artificial.
Melisa Medina, CEO y cofundadora de eMerge, sabe que su efecto va más allá de lo densa o interesante que sea la exposición en sí: "El sur de Florida está en el mapa global. La oportunidad que tenemos por delante en los próximos cinco años es enorme".
Afuera, el viento sigue y la lluvia fina moja las palmas. La semana que viene rugirán los Fórmula 1. Pero hoy, en una feria que todavía cabe en un solo pabellón, un robot llamado Rocky conversa en inglés con soldados, un estudiante de 20 años explica la física del equilibrio humanoide, y un abogado de 30 años de historia en Miami recuerda que todo empezó en una sala de reuniones. Eso es eMerge: pequeño como una semilla, ruidoso como lo que vendrá después.
La huella española: Madrid, Valencia y el sabor mediterráneo del futuro
España fue uno de los países extranjeros con una presencia más sobresaliente en eMerge. El Pabellón de España reunió este año a 53 empresas, aceleradoras y organismos bajo su bandera, coordinados por entidades como ICEX, Red.es, IVACE, Startup Valencia o Madrid in Game, configurando la mayor delegación española en la historia del evento. Una anomalía curiosa por dos motivos: normalmente España no suele destacar por su huella en las grandes citas globales y, además, lo hace en un certamen donde los grandes stands los copan universidades y militares.