La irrupción de la IA en el aula obliga a replantear el rol del profesor y del estudiante. Freepik
IA generativa en la formación: la habilidad más importante no es usarla sino cuestionarla y aplicar criterios éticos
El Tecnológico de Monterrey advierte de que la IA generativa representa una oportunidad enorme en el ámbito educativo pero que solo aportará valor si se mantiene el foco en el desarrollo humano.
Más información: El uso de la inteligencia artificial en la formación online es "puntual y poco integrado" en Latinoamérica.
Potencia el aprendizaje, permite generar nuevos contenidos o automatizar tareas y mejorar incluso la eficiencia de las propias instituciones educativas. La inteligencia artificial generativa es una de las grandes tendencias tecnológicas en el ámbito formativo y así lo muestra el Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación (IFE) del Tecnológico de Monterrey.
Esta tecnología contribuye a mejorar la eficiencia, ampliar el alcance hacia nuevos públicos y ofrecer soluciones más personalizadas, lo cual tiene un impacto directo en la productividad y la calidad del trabajo realizado explican desde el IFE pero, como consecuencia, se producen cambios estructurales dentro de las industrias y sectores.
El uso de la IA generativa abre así una nueva etapa en la que es necesario redefinir qué enseñar (qué competencias son más relevantes en la era de la inteligencia artificial), cómo enseñar (qué metodologías utilizar no solo a la hora de formar sino también de evaluar) y, en todo ello, replantear el rol tanto del docente como del estudiante, señalan.
Ese cambio estructural, apuntan desde el Instituto, presenta importantes riesgos que no podemos obviar como la dependencia exclusiva de la IA, el aumento de brechas digitales, problemas éticos como los sesgos o la privacidad o la pérdida de habilidades cognitivas, como la escritura o el análisis.
Por lo tanto, defienden desde el IFE, con la llegada de la inteligencia artificial, se debe reimaginar el modelo educativo completo pero sin perder nunca el foco en el factor humano. Así, añaden como elemento imprescindible en el desarrollo de la IA en el ámbito educativo (y en todos) los criterios éticos, la regulación y el acceso equitativo.
“La integración de la IA en la educación requiere reflexión constante, responsabilidad compartida y una visión clara de los fines educativos. El factor más relevante está en emplear la IA como herramienta, no como sustituto, y en mantener siempre el liderazgo humano en la toma de decisiones educativas”, afirman en el estudio.
Y más concretamente Rose Luckin, profesora emérita de Learner Centred Design en el London Knowledge Lab de la University College London y directora de Educate Ventures Research, una de las expertas que participan en él, asegura que “si bien la tecnología posee un enorme poder transformador, su desarrollo y distribución siguen presentando desigualdades significativas”.
Por eso, apela a centrar los esfuerzos humanos en la inclusión y en la construcción de marcos éticos que permitan reducir las disparidades provocadas por el despliegue de la IA, especialmente en el ámbito educativo, donde destaca la necesidad de garantizar que la implementación de estas herramientas sea transparente, accesible y equitativa.
En ese mismo sentido, José Escamilla de los Santos, director asociado del Instituto para el Futuro de la Educación, afirma que “aunque la tecnología constituye un componente esencial en el futuro de la educación, el fundamento primordial sigue siendo la colaboración humana, pues esta garantiza la excelencia y aporta las soluciones necesarias para enfrentar los desafíos que traerá el porvenir”.
Todas estas razones hacen que, desde el Tecnológico de Monterrey, se invite a reflexionar sobre cómo debe ser el uso de la IA en la educación pero sobre todo apuntan a que éste debe tener siempre al humano en el centro.
“La educación ha sido siempre el pilar sobre el cual se construyen las sociedades. En esta era de transformación digital, su papel se torna aún más relevante. Las comunidades educativas deben ser faros de conocimiento y reflexión, espacios donde se gestan los diálogos necesarios para enfrentar los desafíos del presente y construir un futuro guiado por una comprensión más profunda de nuestra realidad compartida”, concluye Michael J. L. Fung, director ejecutivo del IFE.