Finca en vendimia. EFE.

Finca en vendimia. EFE. EFE

Invertia

El viñedo español prevé una buena cosecha bajo la doble amenaza del calor y el desplome del consumo

Montilla-Moriles abrirá antes de final de mes la cosecha en Europa con buenas perspectivas tras años de sequía y plagas.

Más información: UPA avisa de una "tormenta perfecta" para una nueva crisis en el sector del vino por la caída de exportaciones y consumo

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Las claves

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El viñedo español espera una cosecha notablemente superior a la del año pasado, con hasta un 40% más de producción en algunas zonas.

La vendimia podría retrasarse por el calor, que sigue siendo la principal amenaza para la calidad y cantidad de la uva.

A pesar de la buena producción, el sector enfrenta un fuerte descenso del consumo de vino y otras bebidas alcohólicas, consolidando una tendencia a la baja.

La reducción de superficie cultivada y la falta de mano de obra agravan la preocupación por la rentabilidad y el futuro del viñedo español.

En los pueblos de la Denominación de Origen Montilla-Moriles (Córdoba) cuentan ya las horas para comenzar la vendimia. Las suyas son las primeras uvas para vino que se recogen en Europa.

Este año las cepas lucen espléndidas, bien cargadas, pero la amenaza es doble. Por un lado, el calor y, por otro, el desplome del consumo.

"Es una buena cosecha, un 30 o un 40% por encima de la del año pasado", explica a EL ESPAÑOL- Invertia Antonio López, presidente sectorial de vino en Cooperativas Agroalimentarias de Andalucía y presidente de la cooperativa La Aurora de Montilla.

Tradicionalmente, empiezan a vendimiar a mediados de julio, aunque este año se plantean retrasar el inicio hasta finales de mes. Las uvas están ya en envero, y esperarán hasta el momento justo de maduración.

La uva, además, cuelga este año de las cepas completamente sana, pues las condiciones meteorológicas han impedido que prolifere el mildiu, un hongo que el año pasado se comió la mitad de la cosecha en muchas zonas españolas y que pegó muy fuerte en Andalucía.

Pero López, como miles de viticultores de toda España, no está tranquilo. No quita estos días el ojo de los pronósticos meteorológicos.

Y las palabras ‘ola de calor’ lo remueven. Las altas temperaturas son ahora el gran peligro hasta que la uva esté en las bodegas.

"Los aires calientes", dice el respeto de quien cita al demonio, con sabiduría que le viene de generaciones de agricultores. Varios días, y sobre todo varias noches, con temperaturas tórridas aún pueden mermar la producción de forma significativa.

La situación es la misma en otras comarcas vitivinícolas que empezarán después la vendimia en Andalucía, como el Marco de Jerez o el Condado de Huelva, explica López. Buena cosecha pero amenazada todavía por el calor de julio y agosto.

También es la situación fuera de Andalucía, como explica Joaquín Vizcaíno, responsable vitivinícola de COAG a nivel nacional.

"Aún es pronto para aventurar una predicción de cosecha, por el calor que puede afectar. Pero hablamos al menos de una cosecha media, apreciablemente por encima de los 33 millones de hectolitros de la pasada", asegura.

Con las condiciones actuales del viñedo español, que pierde superficie sin cesar pero que mejora en riegos y técnicas de cultivo, una cosecha media puede estar en 40 millones de hectolitros.

Vizcaíno habla desde Castilla-La Mancha, la zona más productora en España, que puede llegar al 50% del total nacional. Allí la cosecha es algo más tardía que en Andalucía, y le temen más a los calores de agosto que a los de julio.

"Ha sido un buen año de lluvia y el calor ha parado al mildiu. Se ve uva en las fincas", resume.

Más al norte, en comarcas de mucha tradición como Rioja o Ribera del Duero, comenta Joaquín Vizcaíno, también se esperan buenas cosechas aunque en esas zonas operan con producciones más limitadas e intentan jugar a darles más valor.

Y en Cataluña y Galicia, severamente afectadas por la sequía en las campañas pasadas, se confía también en una buena recuperación de la producción.

Con la salvedad del calor, la preocupación de los viticultores está más en el mercado que en las viñas. En cómo van a vender una buena cosecha.

Según datos del Ministerio de Agricultura, en lo que va de campaña, el precio medio del vino blanco es de 49,71 euros euros por hectolitro, un 2,22% más que en la campaña anterior, y un 28,24% más que la media de las cinco últimas campañas.

Para el tinto, el precio medio este año es de 49,30 euros por hectolitro, un 10,25% más que el año pasado a estas alturas y un 20% más que la media del último lustro.

Pero estos precios son fruto de años de existencias limitadas en el mercado por sequías y la plaga de mildiu. "Hay que ver cómo se comporta el mercado con una cosecha media", explica Joaquín Vizcaíno desde GOAG.

"Si este año que hay cosecha se nos caen los precios, no salimos del agujero", anticipa Antonio López desde Montilla Moriles y Cooperativas Agroalimentarias.

El descenso del consumo

El problema estructural que hay de fondo es la caída del consumo. El descenso fue del 5% el año pasado, cifra que parece consolidarse en los primeros meses de este año.

El consumo en el mercado interior en 2025 fue de unos 9,25 millones de hectolitros, cuando se había estabilizado en entre 9,5 y 9,9 millones.

Ese desplome hizo saltar las alarmas ante un problema estructural que no sólo afecta al vino, sino a todas las bebidas alcohólicas.

Nuevos hábitos de vida más saludables y preferencia por bebidas sin alcohol o de muy baja graduación, más frescas y fáciles de beber, son hoy tendencias globales, no sólo españolas. Lo que afecta a las exportaciones, destino de la mayoría de la producción española.

Para los viticultores es un problema que se suma a la falta de mano de obra en un cultivo que es intensivo en empleo, y a la escalada de costes iniciada con la crisis de Ucrania y que ha mermado la rentabilidad.

La consecuencia más directa es el abandono del cultivo: en la última década, la superficie de viñedo para vino ha caído alrededor de 50.000 hectáreas, hasta situar el total nacional por debajo de las 900.000 hectáreas, el mínimo histórico.

Hay ejemplos muy significativos: "En Montilla-Moriles llegó a haber en el año 1982 hasta 22.500 hectáreas, y hoy son apenas 4.500", dice Antonio López.

En el Marco de Jerez llegaron a estar hace unos años a ese nivel, aunque han recuperado hasta las más de 6.000 hectáreas. Pero es la excepción. La mayoría de las comarcas vitivinícolas españolas se reduce sin cesar.

Desde COAG echan en falta planes de reestructuración con apoyo estatal para ordenar el arranque de viñedos como forma de regular el mercado y dar una salida más fácil a los agricultores.

"El Ministerio sólo deja abierta una vía, que es la de las ayudas autonómicas, lo que genera desigualdades territoriales. Podría activar una vía con fondos europeos, pero no lo hace", lamenta Joaquín Vizcaíno.

En regiones de tanta tradición como Burdeos, señala, han arrancado en pocos años hasta el 10% de la superficie para sostener sus precios, y precisa que han contado con apoyo público.