Un técnico de Veolia.
Redes de calor y frío: la apuesta de Veolia para un futuro urbano más sostenible
Reformular las infraestructuras energéticas permite a las ciudades luchar de forma eficaz frente al cambio climático. En este contexto, la compañía propone soluciones inteligentes y sostenibles para producir energía térmica.
Las ciudades están en el centro de uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo. Las urbes concentran ya más del 70% de las emisiones mundiales de CO₂ y consumen alrededor del 65% de la energía en todo el mundo. Esta demanda provoca un impacto desproporcionado en el consumo y, por ende, en las emisiones, lo que convierte a los grandes núcleos de población en uno de los principales retos en la lucha contra el cambio climático.
Para 2030, las proyecciones apuntan a que la energía utilizada para refrigerar edificios aumente en un 72%. Ante este contexto, Veolia, referente en servicios medioambientales de agua, energía y residuos, cuenta con la capacidad para ofrecer soluciones energéticas inteligentes y sostenibles.
Las redes de calor y frío son algunas de ellas. Se trata de infraestructuras energéticas inteligentes que distribuyen energía térmica de forma centralizada y eficiente a edificios residenciales, comerciales, industriales y públicos. Funcionan como el sistema circulatorio energético de una ciudad, suministrando calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria desde centrales de producción hasta múltiples usuarios a través de tuberías subterráneas aisladas.
La clave de este servicio está en su capacidad para aprovechar fuentes de energía renovables y locales —como la biomasa, la geotermia o la energía solar— para producir energía térmica que se distribuye mediante agua caliente o fría.
Desde una central de producción hasta los edificios conectados, las redes de calor distribuyen energía térmica mediante agua caliente o vapor, proporcionando calefacción en invierno y agua caliente durante todo el año.
Así, Veolia, líder en descarbonización, economía circular y gestión optimizada de recursos, propone sistemas energéticos inteligentes que integran fuentes renovables para suministrar calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria de forma eficiente a múltiples usuarios.
Veolia cuenta en España con una amplia experiencia en este sector, puesto que gestiona más de 600 edificios conectados. En este sentido, la compañía tiene más de 100 MW de frío instalados en centrales de generación, más de 200 MW de calor instalados en centrales de generación, más de 80 km de red desplegada, 180.000 MWh de calor suministrados y 60.000 MWh de frío suministrados.
Proyectos de éxito
En nuestro país, la empresa ya tiene varios ejemplos de éxito que muestran el potencial de este modelo. Proyectos como Ecoenergies Barcelona han situado a la ciudad como referente europeo en energía urbana sostenible. Esta red, fruto de una colaboración público privada entre Veolia y el Ayuntamiento de la Ciudad Condal materializado a través de su empresa B:SM, recupera el frío residual y aprovecha la biomasa urbana para producir calor y electricidad verdes de manera completamente sostenible.
Central de Ecoenergies Barcelona.
Ecoenergies Barcelona representa un hito único a nivel mundial al ser la primera red urbana que recupera el frío residual de la central de Enagás en el Puerto de Barcelona, procedente del proceso de regasificación del GNL. Simultáneamente, aprovecha de manera circular el calor generado a partir de la biomasa obtenida de las podas de parques y jardines urbanos, transformando los residuos vegetales en energía limpia.
Además, la escalabilidad de este modelo permite su replicación en otros puertos europeos con terminales de gas natural licuado, lo que multiplica su impacto positivo en materia medioambiental.
Otro caso destacado es el de la comunidad de propietarios de Torrelago, en Valladolid, uno de los mayores conjuntos residenciales de Castilla y León, con 31 edificios y más de 1.450 viviendas.
Centro de suministro de Torrelago.
A pesar de que allí los vecinos tenían un gran desafío energético por delante, puesto que sus edificios son antiguos y estaban mal aislados, Veolia fue capaz de desarrollar un modelo de servicios energéticos sostenible.
La compañía consiguió reducir el consumo energético y, además, capacitó a los usuarios para realizar un uso más eficiente e implementó un mix energético (80% biomasa y 20% gas) con sistemas avanzados de regulación y control.
Esta solución permitió la entrada de la compañía en el Proyecto Europeo CITyFIED, un proyecto europeo de I+D+I fundamentado en la rehabilitación integral del distrito residencial de Torrelago. Como resultado del proyecto, Veolia puso en marcha una nueva central de producción con biomasa que, combinada con la construcción de una red de calor única para toda la comunidad, garantiza la seguridad del suministro.
Esta infraestructura ha logrado reducir la factura energética en un 15%, mejorando significativamente la eficiencia energética del conjunto residencial y reduciendo las emisiones de CO2, además de demostrar que la transición energética también es posible —y rentable— a escala de barrios.
Ventajas
Las ventajas de este modelo son múltiples. Desde el punto de vista ambiental, permiten reducir de forma significativa las emisiones de CO₂ y la contaminación atmosférica urbana, contribuyendo a los objetivos de neutralidad climática.
En términos de eficiencia, pueden ser hasta un 50% más eficientes que los sistemas convencionales individuales, gracias a la producción centralizada y a las economías de escala. Además, aprovechan el calor residual de industrias, centros de datos y procesos de gasificación, convirtiendo un desperdicio en un recurso valioso.
A nivel económico, las redes de calor eliminan la necesidad de calderas o equipos de climatización en cada edificio, lo que se traduce en ahorro, mayor seguridad y una mejora del confort urbano, al reducir ruidos y liberar espacio.
A todo ello se suma un factor cada vez más relevante: la resiliencia energética. Al basarse en recursos locales y renovables, estas redes reducen la dependencia de mercados externos y amortiguan el impacto de las crisis energéticas, garantizando un suministro más estable y controlado.
La integración de sistemas digitales avanzados e inteligencia artificial permite, además, ajustar la producción en tiempo real según la demanda y las condiciones climáticas, optimizando el rendimiento de la red.
De esta forma, las redes de calor y frío, invisibles para la mayoría de los ciudadanos, se están convirtiendo en una de las piezas clave para construir territorios más sostenibles, eficientes y preparados para el futuro. Un cambio silencioso, pero decisivo, que marcará la vida de las urbes en los próximos años.