Salón de Honor del Palacio de los Marqueses de Santa Cruz.

Salón de Honor del Palacio de los Marqueses de Santa Cruz. D. B.

Historia

El palacio renacentista del gran marino de Felipe II en la Mancha: esconde los secretos de la Armada

Álvaro de Bazán construyó una asombrosa residencia llena de frescos que todavía se conservan. Hasta 2088 seguirá siendo la sede del Archivo General de la Marina.

12 diciembre, 2023 08:41

Es difícil imaginar que un diminuto pueblo de la Mancha, tierra rasa y árida, pueda conectar hoy en día dos episodios fundamentales en la historia naval española. Uno es la biografía de Álvaro de Bazán, triunfal marino del siglo XVI y figura indispensable para el rey Felipe II, quien encontró en Viso del Marqués (Ciudad Real), un cruce de caminos entre Castilla y Andalucía, el lugar ideal —en realidad heredó los terrenos de su padre, que se los había comprado al emperador Carlos V— para construir un majestuoso palacio renacentista y llenar sus paredes y techos de bellos y luminosos frescos con escenas de todas sus victorias marítimas y de la mitología clásica.

El otro, de menos lustre, tiene como protagonista a la Nuestra Señora de las Mercedes, la fragata que fue hundida por una flota inglesa en 1804 cerca del golfo de Cádiz cuando transportaba los caudales de la Hacienda pública acumulados en América. Su pecio y más de medio millón de monedas de oro y plata fueron expoliadas en 2007 por la empresa cazatesoros Odyssey Marine Exploration. Tras un intenso litigio, un tribunal de Estados Unidos reconoció los derechos de España sobre estos bienes y ordenó su devolución. Uno de los documentos clave para demostrar que la carga del barco era patrimonio español —un real decreto de Carlos IV— se conservaba precisamente en la residencia alumbrada por Álvaro de Bazán, que esconde en la actualidad el Archivo General de la Marina.

No sabe uno muy bien si lo más sorprendente de este lugar es descubrir la maravilla artística que se conserva detrás de una poco llamativa fachada inacabada de piedra o que el conjunto haya sobrevivido de forma excepcional a los azares del tiempo. El Palacio de los Marqueses de Santa Cruz fue residencia nobiliaria, lugar de acuartelamiento de las tropas napoleónicas y durante las guerras carlistas, granero, cárcel, hospital para niños y escuela el siglo pasado, además de base de operaciones de un regimiento de regulares para combatir a los maquis de la zona. No obstante, su capítulo más dramático se registró en 1755, cuando el terremoto de Lisboa derribó sus cuatro torres y varias de las bóvedas.

Frescos del techo de la antecámara donde aparecen los familiares de Álvaro de Bazán.

Frescos del techo de la antecámara donde aparecen los familiares de Álvaro de Bazán. Museo Naval

Pintura mitológica en el techo del Salón del Linaje.

Pintura mitológica en el techo del Salón del Linaje. Museo Naval

El gran artífice de la excelente conservación del palacio fue el almirante Julio Guillén, entonces director del Museo Naval, que se lo arrendó en 1948 a los marqueses de Santa Cruz por el simbólico precio de una peseta, aunque con el compromiso de conservar y mantener un espacio único no solo en la Mancha, sino en toda la geografía española. Además, creó aquí uno de los dos grandes archivos históricos de la Armada, donde se guardan más de 40.000 legajos y 12 kilómetros lineales de documentos que van desde 1784 hasta 1939, como los expedientes de Pascual Cervera y Topete o Jorge Juan. Este martes la Armada firma una prórroga del contrato de arrendamiento hasta 2088.

Resulta difícil zambullirse a investigar en un espacio tan fascinante, rodeado por las pinturas que narran la biografía bélica de Álvaro de Bazán (1526-1588), héroe en Lepanto —Cervantes dijo de él que era "el padre de los soldados"— y en otra veintena de batallas navales —no perdió ninguna a lo largo de su vida, que pasó principalmente en Génova y Nápoles, donde nacieron sus diez hijos—. Son imágenes idealizadas de gran belleza, aunque la que debía ser la más sonada, el relato pictórico de su gran victoria contra el Imperio otomano en 1571 que coronaba la bóveda del Salón de Honor, donde sí se conservan unas espectaculares chimeneas del siglo XVI hechas con mármol de Carrara, pizarra negra genovesa y alabastro, se perdió por el terremoto de 1755.

Imagen de la escalera del complejo, una de las zonas más espectaculares.

Imagen de la escalera del complejo, una de las zonas más espectaculares. D. B.

Bazán descubrió el arte renacentista en Italia, desde donde combatía los ataques corsarios como capitán general de las Galeras de Nápoles, y quiso trasladarlo a la Mancha. El I marqués de Santa Cruz, título que le brindó Felipe II en 1569, comenzó las obras de su palacio en Viso del Marqués hacia 1562-1564 y se trajo con él a maestros italianos como Giovanni Castello, más conocido como el Bergamasco. Los más de 8.000 metros cuadrados de pintura al fresco que se distribuyen por el edificio representan además a la familia del marino y militar, desde los orígenes del linaje en la Navarra del siglo IX, o escenas de la mitología clásica en las que aparece él mismo o el rey Prudente transformados en dioses o emperadores romanos.

Todos los rincones del palacio, decorado además con objetos prestados por el Museo Naval, son hipnóticos. La Sala de Portugal acoge una minuciosa y bella descripción de la conquista de este reino en 1580, representándose en varios medallones las distintas fases de la campaña hasta la toma final de Lisboa, que se muestra en una gran imagen central. En la llamada Sala del Olimpo o de las Cuatro Estaciones sobresale una representación de la ninfa Calisto dando a luz a su hijo Arcas. El guía del conjunto, Andrés Pisa, explica que es el único parto representado en todo el Renacimiento italiano y el primero en la historia del arte de España.

El interior de la capilla del palacio, donde se conservan los restos de Álvaro de Bazán.

El interior de la capilla del palacio, donde se conservan los restos de Álvaro de Bazán. Museo Naval

La escalera principal es otra maravillosa obra, decorada con frescos que representan los siete pecados capitales o la historia de Roma, y con dos estatuas en los rellanos que representan a Álvaro de Bazán como si fuera Neptuno, dios del mar, y Marte, deidad romana de la guerra. Los restos del marino y militar, que falleció en Lisboa durante los preparativos de la Armada Invencible, descansan ahora en la capilla del edificio tras un periplo de entierros en la capital portuguesa y en la iglesia y un convento de franciscanas en el Viso del Marqués.

En este pequeño espacio, cuya entrada originalmente estuvo coronada por el fanal de su galera capitana, apodada La Loba en otro guiño a la Antigua Roma —sobre las puertas de otras salas habría colocado como trofeo los faroles de los barcos enemigos derrotados— se mostraba una Virgen pintada por Tiziano que expoliaron los franceses, quizá el mismo soldado que firmó en la pared diciendo que el 3.er regimiento de Línea tenía "una mierda de brigadier". Lo cierto es que el palacio esconde historias humanas tan atractivas como su arte: en otra de las paredes sobresale todavía un grafiti que lamenta la muerte de un niño de cinco años en ese punto concreto, o un croquis narrando las consecuencias del terremoto de 1755 que algún asustado individuo quiso plasmar sobre una piedra que hoy nos permite viajar al pasado de una forma increíble. 

Exterior del Palacio de los Marqueses de Santa Cruz.

Exterior del Palacio de los Marqueses de Santa Cruz. Museo Naval