Federico Linares, presidente de EY.

Federico Linares, presidente de EY. Javier Carbajal.

Madrid capital de la Hispanidad

Federico Linares (EY) reivindica la búsqueda de la felicidad como fin de la acción de gobierno

El presidente de EY sostiene que la búsqueda de la felicidad, consagrada en la Declaración de Independencia de Estados Unidos y en la Constitución de Cádiz, debe ser un fin de la vida cívica.

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Federico Linares, presidente de EY, reivindica la felicidad como mandato moral y político. No como un sentimiento, sino como una virtud. Y como un fin que debe orientar la acción de gobierno.

Linares sitúa el origen de esta idea en la Declaración de Independencia de 1776, que consagra como derechos inalienables "la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". A su juicio, el texto supone "un giro muy importante" en el pensamiento moderno.

La tradición liberal de un siglo antes enumeraba como derechos naturales la vida, la libertad y la propiedad. "Llega la Declaración de Independencia y sustituye la propiedad por la búsqueda de la felicidad", explicó Linares en el foro Madrid, capital de la Hispanidad, organizado por EL ESPAÑOL.

Madrid, capital de la Hispanidad - Federico Linares

Según el presidente de EY, la Declaración aporta varias ideas de fondo. La primera es que los derechos pertenecen a las personas por el mero hecho de serlo.

"No se necesita una autoridad, un gobierno, un rey que nos conceda esos derechos", señaló.

De ahí se deriva la igualdad moral de todos los seres humanos. Linares reconoció las limitaciones del contexto histórico, con la esclavitud vigente y los derechos de las mujeres aún sin reconocer. El texto, no obstante, proclama una igualdad fundada en la dignidad de cada persona.

La tercera idea, "cada vez más actual", invierte el origen de la legitimidad. El poder no desciende del soberano, sino que emana del pueblo. "Es el pueblo el que concede, el que reconoce esa autoridad, y no a la inversa".

De ella se desprende una cuarta, que calificó de "poderosísima": el derecho del pueblo a rebelarse contra el gobernante que incumple su mandato moral.

La herencia de Aristóteles

La inclusión de la felicidad en la Declaración no es casual, según Linares. Jefferson, Adams y Franklin, miembros del Comité de los Cinco que la redactó, tenían una sólida formación en filosofía clásica. Franklin llegó a fundar la American Philosophical Society.

Federico Linares, presidente de EY durante su convrsación con Arturo Criado, subdirector de EL ESPAÑOL-Invertia.

Federico Linares, presidente de EY durante su convrsación con Arturo Criado, subdirector de EL ESPAÑOL-Invertia. Javier Carbajal.

En el fondo, sostuvo, aquella "búsqueda de la felicidad" remite a la Ética a Nicómaco de Aristóteles. Y su significado difiere del que se le atribuye hoy.

"No es la felicidad del sentimiento", precisó. Linares se mostró crítico con la idea contemporánea de una obligación de ser feliz cada día.

La felicidad aristotélica es, en cambio, "una actitud, una actividad, una virtud". Es feliz quien es valiente, generoso y justo. Una concepción que el presidente de EY considera "muy revolucionaria desde el punto de vista moral".

De Filadelfia a Cádiz

El concepto de felicidad circuló por Europa y América entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Pasó por Francia, cuya Constitución de 1793 también lo recoge, y llegó a la Constitución de Cádiz de 1812.

Su artículo 13 establece: "El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen".

Linares subrayó que esa referencia ha desaparecido de los textos constitucionales actuales.

El vínculo de Cádiz con Estados Unidos, recordó, es muy anterior. El jerezano Álvar Núñez Cabeza de Vaca, que naufragó frente a las costas de Texas en el siglo XVI, es considerado el primer historiador de ese territorio. Fue también, apuntó, un defensor de los derechos de los pueblos indígenas.

Esperanza de vida, esperanza en la vida

Linares cerró su intervención con tres preguntas. La primera, si la sociedad ha asumido el legado de la Declaración y tiene presente la búsqueda de la felicidad como un fin de la vida cívica.

La segunda, qué tipo de felicidad persigue. La aristotélica, basada en la justicia, la valentía, la generosidad y el amor. O una felicidad inmediata, "material, un poco económica, de las cosas que tocamos y nada más".

La tercera alude al aumento de la esperanza de vida, que se ha duplicado en estos 250 años, de unos cuarenta a más de ochenta años.

"La pregunta sería: siendo mucho mayor la esperanza de vida, ¿es mucho mayor nuestra esperanza en la vida?", concluyó.