Sobre la huida de Carles Puigdemont a Bélgica en octubre de 2017, tras la fallida declaración de independencia de Cataluña y la aplicación del artículo 155 de la Constitución, todavía circulan múltiples versiones contradictorias. Pero todas ellas coinciden en un elemento central: el expresidente no informó personalmente de sus planes a su número dos en el Gobierno catalán, Oriol Junqueras. La fuga de Puigdemont fue uno de los argumentos que esgrimió la jueza Carmen Lamela para decretar prisión provisional contra Junqueras y los exconsellers que se quedaron.

El líder de Esquerra Republicana fue condenado por el Supremo a 13 años de cárcel por sedición y malversación, de los que ha cumplido 3 años y casi 8 meses antes de beneficiarse de los indultos del Gobierno de Pedro Sánchez. Por su parte, Puigdemont sigue siendo un prófugo de la justicia española. Alemania rechazó su entrega a España por el delito de rebelión y la última de las euroórdenes remitida a Bélgica está paralizada porque el expresidente catalán ha recuperado temporalmente su inmunidad como eurodiputado gracias al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE).

En estos casi cuatro años de trayectorias divergentes, los dos líderes independentistas han cruzado reproches a distancia, a través de declaraciones públicas, entrevistas o incluso libros de memorias. "Yo me quedé en Cataluña por sentido de responsabilidad hacia mis conciudadanos. Sócrates, Séneca o Cicerón tuvieron la oportunidad de huir y no lo hiceron", dijo Junqueras en una entrevista a Le Figaro en enero de 2019. Un ataque frontal contra Puigdemont, eso sí, sin nombrarle.

Oriol Junqueras, a su salida de la Casa de la República en Waterloo ERC

Por su parte, el expresidente catalán, en su libro de memorias Me Explico (publicado en julio de 2020), acusa repetidamente a Junqueras de "deslealtad" y admite que su relación con él era "complicada, sin química" ya en la época en la que gobernaron juntos y prepararon el referéndum ilegal del 1-O. Puigdemont sostiene que fue el líder de ERC el que le empujó a declarar la independencia en lugar de convocar elecciones y cita el famoso tuit de Gabriel Rufián: "155 monedas de plata".

En este ambiente de desconfianza total, Junqueras y Puigdemont se han reencontrado en persona este miércoles por primera vez desde el 27 de octubre de 2017. Lo han hecho en la denominada Casa de la República, donde reside Puigdemont en Waterloo. Y han escenificado una reconciliación fría. El líder de ERC ha llegado poco antes de las 14:15 de la tarde acompañado de los exconsellers Raül Romeva, Meritxell Serret y Dolors Bassa y de la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell. Allí les esperaban un pequeño grupo de activistas con esteladas y carteles reclamando "Unidad".

¿Unidad?

Puigdemont ni siquiera ha salido a recibirlos. La puerta de la Casa de la República se ha abierto y primero ha entrado Junqueras e inmediatamente después sus acompañantes. Cinco minutos después han salido todos juntos para hacerse la foto de familia, a la que se ha incorporado además el rapero Valtònyc y el exconseller fugado Toni Comín. El encuentro ha durado dos horas y media, incluida la comida. Al final tampoco ha habido rueda de prensa conjunta entre Puigdemont y Junqueras.  

El único que ha hablado con los periodistas ha sido el líder de ERC, que ha definido el reencuentro como "muy agradable", "emotivo" y "familiar". Él y Puigdemont se han abrazado hasta tres veces y no ha habido reproches. "Yo no tengo por costumbre reprochar nada a nadie y en sentido contrario tampoco. Ningún reproche y sí un compromiso explícito de compartir este esfuerzo en la lucha contra la represión que todos sufrimos y que sufre el conjunto de la sociedad", asegura Junqueras.

Durante la reunión ni siquiera hubo un intento de aproximar posiciones políticas. "Básicamente ha sido un encuentro de carácter personal, para hablar de la situación personal de los que hemos estado en la cárcel, de los que están en el exilio, para hablar de la situación de nuestras familias, para compartir también la represión de carácter económico que ejerce el Tribunal de Cuentas", ha relatado el líder de ERC. Los dos líderes se han comprometido a seguir reuniéndose, pero no han fijado ninguna fecha.

Puigemont no ha hecho declaraciones y se ha limitado a poner un tuit sobre la reunión. "Un honor inmenso reencontraros y compartir en la Casa de la República un rato tan agradable, emocionante y sobre todo tan esperada. Tenemos que volver a hacerlo, es vuestra casa", ha escrito el expresidente catalán.

Oriol Junqueras ha comparecido en solitario tras reunirse con Puigdemont en Waterloo ERC

La organización del reencuentro ya estuvo marcada por una fuerte tensión soterrada. Junqueras anunció públicamente que la reunión con Puigdemont se produciría durante su visita a la sede de la Eurocámara en Estrasburgo, que tuvo lugar este martes. Un territorio neutral que el expresidente catalán rechazó de inmediato: no iría a Estrasburgo porque no tenía programada ninguna intervención en el pleno, alegóAl final, Puigdemont ha forzado al líder de ERC a visitarle en su propio terreno, en Waterloo. Los republicanos se desquitaron en su convocatoria de prensa rebajando a Puigdemont a "presidente de Junts".

Y es que además de las desavenencias personales, que son muy profundas, el enfrentamiento entre Puigdemont y Junqueras se explica por la lucha de sus respectivas fuerzas políticas por la hegemonía dentro del campo independentista. El líder de JxCat pretende mantener la dirección del procés desde Waterloo y apuesta por la estrategia de choque de trenes contra el Estado español. En este sentido, ha mostrado reiteradamente su escepticismo sobre los indultos.

Por su parte, ERC rechaza la tutela de Puigdemont sobre el Gobierno de Pere Aragonés. Junqueras ha renunciado además, al menos sobre el papel, a la vía unilateral y quiere reactivar la mesa de diálogo con el Gobierno de Pedro Sánchez. Dos visiones opuestas que enfrentan entre sí a los dos socios de coalición en el Gobierno catalán.

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