Pedro Sánchez ha sido acusado de no defender la Monarquía ante la ofensiva de los independentistas catalanes. Ni frente a los ataques directos que ha sufrido Felipe VI en persona -y la misma institución- por parte de su vicepresidente Pablo Iglesias y de algunos de los ministros de Unidas Podemos. El más grave, el de hace menos de dos semanas por parte de Alberto Garzón, al frente del departamento de Consumo y líder de Izquierda Unida, que lo acusó de "maniobrar contra el Gobierno".

Noticias relacionadas

Y aunque es cierto que el presidente no ha desautorizado públicamente ninguna de estas soflamas, sí ha explicitado en numerosas ocasiones su "defensa de la Monarquía parlamentaria como modelo de Estado constitucional".

Pero es que además, y en contraste con sus devaneos con los separatistas para conseguir sus apoyos en el Congreso -y en contra de lo que pueda parecer-, Sánchez es el inquilino de la Moncloa que más veces ha ejercido de presidente de jornada junto al Jefe del Estado en Cataluña, al menos en proporción al tiempo que lleva en el cargo. 

De hecho, este lunes Moncloa ha anunciado la presencia de ambos en el acto de entrega de premios de la nueva edición de BNEW, Barcelona New Economic WeekLa visita se celebrará sólo 12 días después de la polémica por la decisión de evitar la presencia del Rey en la entrega de los despachos a los jueces de la nueva promoción en Barcelona.

Hasta en cuatro ocasiones -cinco, si contamos la ya anunciada para este viernes- ha viajado Sánchez con Felipe VI a Cataluña en actos oficiales, en poco más de dos años. Así, es el presidente que con más frecuencia ha viajado junto al Jefe del Estado, incluso comparándolo con sus compañeros socialistas Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, o a los centristas Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo-Sotelo.

El ya rey emérito Juan Carlos, cenando en Casa Lucio junto al presidente Rajoy y sus antecesores Zapatero, Aznar y González. Efe

Si lo comparamos con los presidentes del PP, a José María Aznar se le contabilizan cinco, el mismo número, pero en ocho años el cuádruple de tiempo. Y a Mariano Rajoy apenas dos veces en casi siete años al frente del Ejecutivo.

Aznar: Baqueira y boda

En los años de Aznar, algunas de esas ocasiones podrían calificarse de "presencias" más que de "visitas" propiamente dichas.

De las cinco, fueron coincidencias en la estación de esquí de Baqueira, donde la Familia Real solía pasar las vacaciones navideñas: en enero y en diciembre de 2018 hubo dos encuentros, el primero incluyendo a Josep Antoni Duran Lleida y el segundo, un "despacho informal" de fin de año. 

La familia Aznar posa durante sus vacaciones en Baqueira. E.E.

También estuvo Aznar, como no podía ser de otro modo, en la boda de la infanta Cristina con Iñaki Urdangarin, el 4 de octubre de 1997, en la catedral de Barcelona.

Antes, el primer presidente conservador de la democracia había viajado junto a Don Juan Carlos a los actos por el 225º aniversario de Foment del Traball, la patronal catalana. Su última ocasión como presidente de jornada fue en la inauguración del Nuevo Teatro del Liceo, tras las obras de restauración de la Ópera barcelonesa, el 7 de octubre de 1999.

Rajoy y el 17-A

Así, y pesar de ser el único presidente de la democracia que ha ejercido su cargo con dos reyes distintos, Juan Carlos I y Felipe VI, el expresidente popular sólo viajó en un par de ocasiones a Cataluña con el Jefe del Estado. Y además, en ninguna de las ocasiones lo hizo por iniciativa propia. Fueron los atentados islamistas de Barcelona y Cambrils del 17-A los que motivaron ambas visitas.

Las dos ocasiones se concentraron en apenas ocho días, los que pasaron entre el 18 y el 26 de agosto de 2017. La primera de las jornadas en las que el entonces jefe del Ejecutivo fue el presidente de jornada con el Monarca fue con motivo del minuto de silencio por las víctimas que convocó a todas las autoridades en la capital catalana. Una semana después, el popular participó junto a Don Felipe en la masiva manifestación de rechazo al terrorismo en las calles barcelonesas, aquélla que se convirtió en una ceremonia independentista y de repudio al Monarca.

Rajoy y Puigdemont, separados por el rey, coinciden por primera vez en el minuto de silencio. EFE

No en vano, eran aquéllos los meses previos al referéndum ilegal de independencia, ya convocado por el entonces president Carles Puigdemont. Revisándolas ahora, las imágenes de aquellas jornadas son testimonio histórico de la fractura política actual: una alcaldesa del entorno de Podemos, Ada Colau; un Govern encabezado por un independentista a punto de fugarse de la Justicia; un jefe del Ejecutivo central del PP, y un Rey entre todos ellos y cientos de esteladas.

Y es en unas legislaturas que unieron la salida de la crisis económica, la abdicación de Don Juan Carlos, el 15-M, la irrupción de Podemos... los datos también coinciden con la fama que persiguió a Rajoy durante su Presidencia, la de haber dejado pudrirse el "problema catalán".

Efectivamente, ni Don Juan Carlos ni Don Felipe presidieron un solo acto más junto al popular desde que tomó posesión a finales de 2011 hasta que fue desalojado por la moción de censura de junio de 2018.

Las cinco de Sánchez

Sí estaba prevista que lo hiciera en la conmemoración del primer aniversario de 17-A, pero la fecha ya llegó con Sánchez en Moncloa, y fue el socialista el que acompañó a los Reyes Felipe y Letizia en Barcelona.

E.E.

Sin embargo, y a pesar de no llevar más que dos meses en Moncloa, ésa no era la primera visita a Cataluña junto al Monarca. El 22 de junio, Sánchez ya había a acompañado a Don Felipe en la inauguración de los XVIII Juegos Mediterráneos, en Tarragona, donde fue muy aplaudida la llegada del Rey, entre banderas españolas y silbidos al president, que ya era Quim Torra -hoy inhabilitado-.

La tercera y la cuarta visitas de Sánchez junto al Monarca se enmarcaron en dos eventos importantes, de ésos que Moncloa eligió para remarcarlos con solemnidad: el Mobile World Congress y el Salón del Automóvil, en febrero y en mayo de 2019.

El nuevo jefe del Ejecutivo se alimentaba del prestigio de Felipe VI -con una popularidad creciente en las encuestas- y, al mismo tiempo, arropaba a la Corona con la legitimidad del Gobierno elegido por las Cortes en un territorio donde recibe los desplantes de sus dirigentes desde el discurso del 3-O, cuando el Rey defendió la unidad territorial de España tras el golpe independentista de dos días antes.