En el inicio de la campaña electoral para el 12-J, al PSOE se le presenta una tentación políticamente inconveniente. Al menos para su estrategia a corto plazo: Pablo Iglesias ofrece a Pedro Sánchez desbancar al PNV exportando también al País Vasco el modelo que ya rige en Baleares, la Comunidad Valenciana, La Rioja...

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"Un Gobierno de izquierdas entre socialistas, Unidas Podemos y Bildu", explican fuentes de la formación morada, "como ya estamos haciendo con otras formaciones del cambio en cada uno de esos territorios. Es lo que nosotros queremos, y lo que funciona", concluyen.

Ha pasado poco más de un mes pero el PSOE hace lo posible por echar tierra sobre la escena y, todavía más, sobre el papel rubricado con tres firmas en la que la de la socialista Adriana Lastra compartía hueco con la de Pablo Echenique (Unidas Podemos) y Mertxe Aizpurua (Bildu). El compromiso era la "derogación íntegra de la reforma laboral del PP" a cambio de unas abstenciones para sacar adelante una de las prórrogas del estado de alarma. 

Aquel día ya fue especialmente difícil de vender el acuerdo y la foto con los representantes de Bildu. No hacía ni 24 horas que había sido atacada la vivienda familiar de Idoia Mendia, en Bilbao.

Radicales abertzales habían lanzado botes de pintura roja, asemejando sangre, y panfletos que calificaban a los socialistas de "asesinos" en protesta por la huelga de hambre del terrorista Patxi Ruiz, condenado a prisión por haber asesinado al concejal de UPN en Pamplona Tomás caballero

Ataque en la casa de Idoia Mendia, secretaria general de los socialistas vascos.

El mismo día de la firma de Lastra con Aizpurua, ella misma, portavoz independentista en el Congreso, justificaba el ataque alegando que no se hubiera producido "si no llega a existir una situación extrema de un preso vasco".

Los socialistas ahora no quieren que se hable del episodio, que además fue un movimiento sin rédito alguno, y por el que pagó públicamente la portavoz socialista. Lastra calló como soldado fiel ejerciendo de paragolpes para el presidente, de donde venía el encargo de buscar apoyos parlamentarios.

Adriana Lastra, portavoz socialista en el Congreso; y Mertxe Aizpurua, portavoz de Bildu.

Pero fuentes conocedoras de aquella negociación recuerdan a EL ESPAÑOL que la idea de acercarse a Bildu no partió de Unidas Podemos, sino de la delegación socialista. Y que los términos en que se firmó ese papel fueron aceptados sin ambages por Lastra, a pesar de que sobrepasaban, y con mucho, lo acordado en el pacto de coalición de Gobierno.

Lo que sí logró la corta vida de aquel papel fue que Bildu quedara normalizada como un partido con el que pactar. Este mismo jueves, los abertzales colaboraban en salvar al ministro Fernando Grande-Marlaska de su reprobación en el Congreso, a pesar de "merecer la mayor de las censuras" por haber "amparado las torturas" a presos etarras cuando era juez antiterrorista.

Pero es que fuentes del lado morado del Gobierno destacaban que la formación independentista vasca comparte "muchos planteamientos ideológicos con PSOE y Unidas Podemos". Y que aquel acuerdo en la Cámara Baja podía servir como "un aviso para el PNV".

Y es que el último CIS confirmaba las encuestas ya anunciaban que la suma de un tripartito PSE-Podemos-Bildu para gobernar la Comunidad Autónoma tan posible como una reedición del actual gobierno en el que los socialistas apoyan al peneuvista Iñigo Urkullu. "El PNV debe saber que no son los únicos con los que podemos pactar", concluían.

China en el zapato morado

Ahora al PSOE se le junta el inicio de la campaña vasca para las elecciones autonómicas del 12 de julio y el impulso a posibles pactos que le interesan más: los que le faciliten sacar adelante unos Presupuestos que debe aceptar Europa. Con la candidatura de Nadia Calviño para el Eurogrupo, además, sobre la mesa.

De hecho, aquel día fue la propia vicepresidenta económica la que se plantó ante la alianza con los herederos de Batasuna, el viejo brazo político de ETA. Calviño calificó la idea de "absurdo y contraproducente ahora mismo", en plena pandemia.

Y, como china en el zapato de Iglesias, debe de seguir pensando lo mismo, habida cuenta de que en el borrador conjunto de conclusiones negociado por PSOE y Unidas Podemos, las dos formaciones del Gobierno de coalición, incluso, se ha hecho desaparecer cualquier mención a la legislación laboral.

La noticia en la noche de este miércoles era que Sánchez había obligado a Iglesias a renunciar a su "impuesto a los ricos" para no truncar su acercamiento a Cs. Pero es que para darse una semana de negociación con otras fuerzas parlamentarias y que la Comisión de Reconstrucción no se saldara con un sonoro fracaso, el texto guardaba otra sorpresa: Podemos también tragaba con la desaparición de otra de sus banderas electorales, la derogación siquiera de "los aspectos más lesivos" de la reforma laboral.

Pablo Iglesias atiende una intervención de Nadia Calviño en el Congreso de los Diputados. Efe

Este movimiento táctico de los morados es simplemente un aplazamiento negociado a última hora. Por ahora, Iglesias se pliega a lo que José Luis Ábalos ha bautizado como un "empeño por ensanchar las bases" que es "de todo el Gobierno, sin siglas ni sectarismos". 

Pero el vicepresidente insistirá cuando le sea conveniente volver a sacar en el "impuesto de solidaridad a las grandes fortunas", en cambiar las leyes laborales y en pactar con Bildu un Ejecutivo vasco de izquierdas. 

A los morados no les afecta la condición independentista de los abertzales, ni su presunta herencia etarra. De hecho, en el concepto de "patria" que tanto defiende Pablo Iglesias -"la patria es la defensa de los derechos sociales de la gente"-, en Unidas Podemos se considera a Bildu "más patriota que el PP o que Vox".