A Pedro Sánchez le conviene mantener su aura en Europa de único presidente socialista de un gran Estado miembro -eso tiene su peso-. Y a Pablo Iglesias no le apetece que gane peso aquí, en Madrid, y allí, en Bruselas, quien es su máxima rival dentro del Consejo de Ministros. Que Nadia Calviño presida el Eurogrupo influiría tanto en el día a día como en su horizonte de legislatura.

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Ninguno lo dirá en público. Uno porque no le toca y el otro por prudencia. El vicepresidente segundo no presenta candidatos de Unidas Podemos y el presidente ni siquiera destapará públicamente sus cartas de cargos socialistas aspirantes hasta ver cómo respiran los posibles rivales. Pero, a pesar de que su relación es cada día más cordial, este periódico ha podido saber en este punto no están de acuerdo. Y ambos juegan sus bazas.

"Si para algo ha servido el estado de alarma, la emergencia sanitaria , la crisis socioeconómica, ha sido para unirnos mucho más. Este Gobierno está fuerte". Es una ministra del ala socialista del Gobierno, en conversación con este periódico, poniendo al gabinete de Pedro Sánchez debajo del cartel que luce en Moncloa en cada rueda de prensa desde hace ya más de un mes: "Salimos más fuertes".

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su comparecencia en rueda de prensa en el Palacio de la Moncloa. EP

"La confianza entre Iglesias y el presidente no ha hecho más que crecer", añade una fuente del equipo del vicepresidente segundo. "Hablan constantemente y se reúnen informalmente a comer, como mínimo, cada quince días", continúa, blandiendo el acuerdo de coalición. "Este texto es la base, pero en el día a día la cosa va mucho más allá".

Sánchez en Europa

Eso ha sido así, y este diario ha sido testigo de ello, hasta en trances difíciles de tragar por el líder morado. Pedro Sánchez, que hasta febrero era invitado a los corrillos informales de Merkel y Macron en las cumbres europeas, ha ejercido una papel capital en Europa durante la pandemia. Incluso firmó una carta conjunta con ambos mandatarios hace pocas fechas para impulsar la reconstrucción coordinada de la Unión.

Sánchez, en una reunión con Merkel, Macron y Tusk durante el Consejo Europeo Dario Pignatelli

El presidente español ha liderado cartas de presión a sus compañeros del Consejo reclamando unos "coronabonos" que no llegaron, pero que se han traducido en un plan sin precedentes de transferencias a fondo perdido que ahora se discute en esos términos, por mucho que lo rechacen los países frugales.

Entretanto, algunas instituciones internacionales en las que participa España presentan asientos vacantes y Nadia Calviño se presenta favorita al Eurogrupo, Arancha González Laya reúne apoyos para la OMC (Organización Mundial de Comercio) y Pedro Duque parece reservar el asiento de la ESA (Agencia Espacial Europea, por sus siglas en inglés).

"Nueva etapa"

Pero ahora que se sale del estado de alarma, que la desescalada indica que hay que retomar el programa de gobierno y que el mundo entero se vuelve a poner en marcha, más fuertes y unidos, los dos líderes se miran de reojo: si hay que elegir por quién apostar, Pablo quiere a Arancha y Pedro prefiere a Nadia.

"Comienza una nueva etapa", aseguraba Sánchez en la más reciente de sus comparecencias semanales en televisión, la número 19 y anunciada por él mismo como "la última". 

Como anticipó EL ESPAÑOL, el presidente del Gobierno ha dado por finalizadas sus comparecencias con el fin del estado de alarma. Fuentes de Presidencia confirmaron a este periódico que así sería. En la noche del sábado al domingo se levanta el estado de alarma pero, eso sí, Pedro Sánchez prefería dejar su última homilía en una declaración institucional, y evitar así las preguntas de la prensa.

Ya el día anterior se había ganado la bronca de los corresponsales en Bruselas por huir de los periodistas. Y es que en Moncloa, tras el alarde de ruedas de prensa con discurso incluido de estos tres meses largos, prefieren tapar el nuevo juego. El presidente se concentra ahora en atar los fondos europeos, para poder cumplir sus promesas de gasto y concitar apoyos a sus "Presupuestos de reconstrucción" para 2021.

Y en esa tarea, Calviño es clave. Su condición de funcionaria en Bruselas durante más de una década le otorga la doble condición de confiable para las instituciones de la UE y de "submarino de los eurócratas" en el Consejo de Ministros, tal como la llaman desde el lado morado del Ejecutivo de coalición.

"Intervención a la inversa"

Quien sale del puesto de presidente del Eurogrupo es el portugués Màrio Centeno. Una fuente europea lo explicaba así de clarito a este periódico: "Centeno se va porque ya no podía seguir soportando el liderar posiciones en Europa que luego tiraba al suelo su parlamento nacional". Y eso es precisamente lo que buscan Francia y Alemania, apoyando la candidatura -aún no oficial- de Calviño: "Sí, eso es, una especie de intervención a la inversa de nuestra economía", continúa esta fuente, que prefiere guardar el anonimato.

Pablo Iglesias, separado por María Jesús Montero de Nadia Calviño, en la Moncloa. Efe

Por eso, precisamente, Iglesias no desea apuntalar a Calviño con una nueva medalla en la pechera de la vicepresidenta tercera. Hace una semana, este periódico anticipaba las intenciones de Pedro Sánchez de acometer una crisis de Gobierno, retirando a Montero de la portavocía para que se centre en sacar adelante sus primeras cuentas públicas: ésa es condición sine qua non para inspirar confianza en Bruselas, cuyos líderes reprochan a España que siga con Presupuestos prorrogados desde 2018, los de Cristóbal Montoro.

La tarea en esta "nueva etapa" es la de aprovechar los fondos Next Generation de la UE para acelerar la reconversión industrial española, hacia "una economía verde, eficiente, digital y competitiva", en palabras de Sánchez. Y para eso Calviño sería, a doble banda, guardián de los equilibrios presupuestarios y de la condicionalidad que, sin duda, impondrán finalmente los frugales, ya resignados a que se entregue más dinero del que desean y a que mucha parte de éste se libre vía transferencias, y no créditos.

Entretanto, desde la UE muchos líderes afean a Sánchez que avente los nombres de sus ministros para promocionarse. Lo califican de "propaganda", y le instan a que elija. En ese punto, el entorno morado del Ejecutivo calla en alto y habla en bajo, impulsando la conveniencia de apostar por González Laya y aireando "las reticencias" que en Europa se le tendrían a Calviño: "No tiene tanto prestigio allí como decimos en España", explica una fuente de Unidas Podemos.

Silencios y brindis

En el Ministerio de Exteriores, por su parte, no contestan cuando se piden detalles. El entorno de González Laya recuerda que la ministra está "100% comprometida con su puesto", como ella misma ha recordado en las últimas semanas... y a la espera de que el presidente dé o no el paso. Pero se recuerda sus años de experiencia como jefa de gabinete de Pascal Lamy en la institución, y que fue ella quien la representó en las cumbres del G-20 durante la crisis de hace 10 años.

La nueva ministra Arancha González Laya, durante su primer Consejo de Exteriores de la UE UE

En la sede de Economía, la estrategia es similar: ninguna posición oficial al respecto pero, eso sí, un recuerdo constante de que "el compromiso de la vicepresidenta con la estabilidad presupuestaria es el de siempre"... para explicar que un 2020 con más de un 12% de déficit sólo se justifica por el Covid-19 y sus efectos socioeconómicos. Que luego tocará reajustarlo todo.

Este viernes, los países del norte expresaron su veto a que los fondos europeos sirvan para pagar el Ingreso Mínimo Vital, presentado desde Madrid como "un avance sin precedentes en los derechos sociales", en palabras del ministro (socialista) José Luis Escrivá, y cuya aceleración en el tiempo frente a lo previsto fue alentada como "necesaria por los efectos de la pandemia" por el vicepresidente Iglesias.

El líder de Podemos juega la baza de que él no es el jefe del Gobierno y que es sobre la cara de Sánchez donde caen las tortas en las cumbres del Consejo Europeo. Y además sabe que la OMC se dedica más a emitir informes y coordinar grandes políticas que a marcar directrices e imposiciones ejecutivas en el día a día de los gobiernos, cosa del Eurogrupo.

Quizás en una de esas comidas quincenales, donde la confianza política troca en confidencia personal, Iglesias proponga a Sánchez, a los postres, un brindis final por la fulgurante carrera de la ministra de Exteriores y le sugiera lo conveniente que es que la de Economía se centre en España, que bastante tiene...