Ya no queda ni un diputado de Ciudadanos que se oponga al pacto con Pedro Sánchez. El adiós de Marcos de Quinto supone también el fin de la estrategia que implantó Albert Rivera en la campaña de las elecciones generales del pasado abril: un "no" absoluto al actual presidente del Gobierno.

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El exdirectivo de Coca-Cola venía dejando entrever su disconformidad con las negociaciones entre Arrimadas y Moncloa. No obstante, su decisión se materializó cuando contempló el nuevo acuerdo que, este miércoles, estirará el estado de alarma otros quince días.

La tesis de De Quinto es la misma que la de Rivera: con Sánchez ni agua. Ante la tesitura de defender una postura diametralmente opuesta a la suya, el empresario ha puesto tierra de por medio, aunque las fuentes consultadas por este diario hablan de una "salida amistosa".

De Quinto fue uno de los fichajes estelares del expresidente de Ciudadanos. Rivera negoció personalmente su incorporación. Un importante dirigente de los liberales relata que el adiós de De Quinto supondrá, a grandes rasgos, una ventaja y un inconveniente.

La ventaja será la unidad que podrán recobrar el mensaje y el estilo del Ciudadanos de Arrimadas: una "moderación de propuestas y formas". El inconveniente: "Marcos, aunque esto no suele trascender, es un tío muy participativo en todos los debates internos. Su interés iba mucho más allá de la economía".

No obstante, próximos y discrepantes le definen, en conversación con este periódico, como alguien "incontrolable". El equipo de comunicación se afanó, desde el primer momento, en conseguirlo, pero De Quinto siempre escribió en su cuenta de Twitter lo que quiso: ahí queda ese "payaso" dedicado a Pablo Iglesias justo después de que Arrimadas pactara con el Gobierno.

"La cuerda se rompió"

Un par de diputados narran así el final de De Quinto en Ciudadanos: "Él ya había expuesto en el grupo de WhatsApp que no estaba de acuerdo con el pacto. Es muy cabezón, un discutidor infatigable. Tensó la cuerda y se rompió".

En la última conversación, ambas partes consensuaron que el empresario vote este miércoles a favor del estado de alarma ateniéndose a la disciplina de partido y después recoja sus cosas. De ahí que De Quinto y sus compañeros hablen de "salida amistosa".

"Marcos ha sido muy duro, pero creemos que será leal. Lo demuestra votando 'sí' en contra de su criterio", sintetizan desde la sala de máquinas de Ciudadanos. "Es comprensible, él entró en un momento en el que la estrategia era otra", inciden estas fuentes.

Y ahí está el quid de la cuestión. El Ciudadanos que fichó a De Quinto era el del 'no' innegociable a Pedro Sánchez. Un concepto del que ya no queda nada. Juan Carlos Girauta, peso pesado de aquella época, ha mostrado sus discrepancias con ostensible dureza.

Rivera, convencido de que podía adelantar al PP, convirtió el "no" a Sánchez en el signo distintivo de Ciudadanos. Aquel giro -los liberales venían de sostener gobiernos socialistas en lugares importantes como Andalucía- le dio, en primer término, un buen rédito electoral. Pero su inmovilidad tras los resultados del 28-A abocó a Ciudadanos -y a él- a la debacle.

En su última aparición pública, Rivera promocionó su libro y atizó al Ejecutivo por su gestión de la pandemia, pero evitó postularse acerca del giro fabricado por Inés Arrimadas. Días antes, en su cuenta de Twitter, dejó entrever su descontento.

Con la salida de De Quinto se consuma el fin de aquella etapa. La actual dirección de Ciudadanos se encuentra volcada en sus negociaciones con el PSOE. Creen que los "compromisos arrancados" son "más útiles para España" que "irse con una cacerola al Paseo de la Castellana".