Pablo Iglesias quiere más. No sólo medidas sociales, sino medidas más restrictivas para hacerle frente a la emergencia sanitaria y económica del coronavirus. Así se lo ha transmitido al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en las últimas horas, tal como ha podido saber este periódico. 

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Arreciando el momento más duro de la crisis, con 28.572 infectados y 1.720 muertos -al menos hasta la mañana de este domingo- y con la curva que Sánchez quiere "aplanar" acelerando en vertical, el vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Podemos pidió al jefe del Ejecutivo este sábado por la mañana el endurecimiento de las restricciones del estado de alarma.

Concretamente, Unidas Podemos pide el cierre de toda actividad productiva en el país que no tenga que ver directamente con la lucha en la guerra contra el Covid-19. Eso sí, a consultas de este periódico prefirió no hacer pública esta postura de manera oficial y seguir trabajando por el acuerdo entre Iglesias, Calviño y el propio Sánchez.

Nadia Calviño y Pablo Iglesias, junto al resto del Gobierno, en el Consejo de Ministros que decretó el estado de alarma. Moncloa

Pero este periódico sí ha podido confirmar que éste fue el mensaje transmitido el sábado por Iglesias a Sánchez. Y que el debate en el Gobierno ya no se centra sólo entre la ortodoxia económica de Nadia Calviño y el empeño social de Pablo Iglesias. Sino que las deliberaciones ahora se centran en cuál será la petición concreta del Ejecutivo cuando esta semana vaya al Congreso a solicitar la prórroga del estado de alarma por 15 días más.

Esa decisión sí que está tomada. De hecho, se la transmitió el presidente este domingo por la mañana a los líderes autonómicos en la videoconferencia semanal que mantiene con ellos desde que el sábado pasado se impuso la alarma en todo el país.

Ahora, la clave es si se prohibirán todos los trabajos que no sean estrictamente necesarios para mantener el abastecimiento de los bienes de primera necesidad -alimentos, medicinas, suministros de agua, luz, gas...- y aquellas industrias que trabajen en la "economía de guerra". Es decir, las meramente enfocadas a proveer de material sanitario.

Sánchez no lo contempla

En su rueda de prensa de este domingo, el presidente dejó claro que no está de acuerdo. Al menos, por el momento. Preguntado expresamente sobre esta posibilidad, el presidente defendió su gestión alegando que "estamos ala vanguardia con medidas durísimas, que ya están sufriendo los españoles en sus propias carnes". Para el líder socialista no hace falta restringir más, porque está en juego que la recuperación que venga "tras este parón de enorme envergadura de la economía" arranque desde un punto menos bajo

"Es el coraje y no el miedo el que nos hace quedarnos en casa", insistió el presidente, "pero los efectos sociales y psicológicos de un mes de confinamiento", y es que ya daba por hecha la renovación el estado de alarma, "en personas que viven solas, por ejemplo, será enorme".

Pedro Sánchez, en la Moncloa. E.E.

El presidente, de nuevo, volvió a parapetarse en "la OMS y nuestro científicos y técnicos, que son excepcionales", para apoyar sus decisiones políticas. "Los españoles están mostrando gran disciplina, pero para defendernos en la guerra contra el virus estamos provocando un frenazo económico", y él no quiere que sea mayor. "Defendamos estas medidas, que son las más restrictivas de nuestro entorno", dijo, "porque somos los más interesados en acertar con ellas para parar al virus y que el coste en vidas humanas, empleos y capacidad productiva del país sufran lo menos posible".

De hecho, los gobiernos de Murcia y de Andalucía ya contemplaban este domingo el cierre total de la actividad productiva. Para -como defiende Unidas Podemos- atacar al virus de una manera más efectiva y para que un maquinista de tren no se juegue la vida más que otro trabajador que sí está confinado en casa, si la ocupación de las líneas, como decía el presidente, "ha caído más de un 90%". Pero Sanidad los desautorizó.

Italia, un mes y 4.825 muertos

Esa decisión que Sánchez rehúye fue la que, en la tarde del sábado, tomó Giuseppe Conte, primer ministro italiano. El Gobierno transalpino decidió interrumpir hasta el 3 de abril todas las actividades productivas excepto las que son esenciales para los ciudadanos para intentar contener la propagación del coronavirus, que ha causado en Italia ya, al menos, 4.825 fallecidos.

Conte compareció este sábado en rueda de prensa telemática, cuando Italia cumple un mes desde la detección del brote en el norte del país, y dijo que ésta es una "decisión difícil" pero "necesaria" para "afrontar la fase más aguda" de esta pandemia, que ha hecho de Italia el país con mayor número de muertos en el mundo, y un número total de contagiados es de 53.578.

Giuseppe Conte, primer ministro italiano.

Y eso es lo que quiere Iglesias evitar, dado que la curva española es peor, a fecha de hoy, que la italiana en las mismas fechas, desde el inicio de su brote. Roma cerrará "en todo el territorio nacional todas las actividades productivas no necesarias e indispensables para garantizar servicios esenciales", explicó el primer ministro. "Continuarán abiertos supermercados y negocios alimentarios de primera necesidad".

También seguirán abiertas las farmacias, parafarmacias, los servicios bancarios, postales, de aseguradoras y servicios públicos esenciales como el transporte. "Ralentizamos el motor de Italia, pero no lo detenemos", apuntó, consciente de que las regiones más castigadas son Lombardía, Emilia Romaña y Véneto, que juntas representan el 40 % del producto interior bruto (PIB).

Y por ahí van las discusiones del Ejecutivo español, según ha sabido EL ESPAÑOL. Iglesias sabe que sin macroeconomía, como dice Calviño, no se pueden sufragar las medidas sociales. Pero también es consciente de que si esta crisis se alarga, nada de lo que se haga después evitará recortes y austeridad... porque no habrá con qué pagar nada, por mucho que Bruselas haya abierto la mano y el BCE el grifo.