Moncloa ha querido controlar al máximo la escenografía. Pero la Generalitat iba varios pasos por delante. Quim Torra ha recibido a Pedro Sánchez como si fuera un jefe de Estado extranjero. El presidente catalán ha 'desempolvado' la Guardia de Honor de los Mossos d'Esquadra para recibir al líder del Ejecutivo española, algo que se hace exclusivamente para actos de máximo nivel y para recibir a jefes de Estado, figura que no ostenta Sánchez sino el rey Felipe VI. 

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Tras pasar revista a la Guardia Real y pisar una larguísima alfombra roja, Torra salía del Palau segundos antes de las 12:00 horas para recibir a Sánchez. Lo ha hecho con un lazo amarillo en la solapa de la chaqueta y bajo una pancarta que colgaba del balcón del Palau de la Generalitat con el lema "Libertad de opinión y expresión. Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos". Este lema no es en absoluto casual, ya que es la respuesta de la Generalitat a la Junta Electoral Central a la obligación de retirar la pancarta de apoyo a los políticos presos independentistas que le ha costado la inhabilitación y la pérdida de su escaño en el Parlament. 

Una vez dentro del Palau, ambos han conversado mientras subían al primer piso y se dirigían hacia el salón Virgen de Montserrat del Palau, donde se han reunido durante una hora y media. Antes de entrar, Torra ha tenido otro gesto: ha parado a Sánchez ante la escultura "Desconsuelo", de Josep Limona. Todo un mensaje para el Gobierno tras años de "conflicto político" entre Cataluña y España. Muy cerca de allí, y antes de subir las escaleras nobles del Palau, se veía un lazo amarillo en la pared.

Ya en el escenario principal, la sala en la que se ha reunido, y tras estrecharse la mano en al menos dos ocasiones, se han colocado dos banderas, la de España y la Cataluña, situadas de manera adecuada con la nacional en el lado izquierdo (el que se considera preferente) y que lucían como único adorno en el decorado, exigencia de Moncloa.

Las banderas de España y Cataluña en la reunión de Sánchez y Torra. Efe

Pero lo cierto es que ha sido aquí cuanto Torra ha vuelto a salirse del guión. En la mesa grande de la sala se habían colocado varios libros sobre la historia y el arte de Cataluña, ejemplares que habitualmente suele regalar Torra a sus visitas. En esta ocasión, Torra ha optado por obsequiar a Sánchez con dos libros sobre derechos humanos y libertad, el enésimo mensaje velado. Se trata de una edición de Inventing Human Rights, de Lynn Hunt, que abarca la aparición y el desarrollo de los derechos humanos desde la Ilustración a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. El segundo libro que le ha regalado es Llibertat i Sentit, de Lluís Solà, un ensayo sobre los valores de la libertad, la justicia o el amor.

Tras una hora y media de reunión, ambos han comparecido por separado. Lo han hecho en la Galería Gótica, donde Torra ofrece siempre sus declaraciones institucionales. Como escenario, de nuevo, las banderas española y catalana, con preferencia de rojigualda. Primero ha salido Sánchez, que ha utilizado el castellano para dirigirse a los medios. Al término de su comparecencia se ha dirigido a su coche acompañado de su equipo. En este caso, Torra no le ha acompañado. El motivo no es otro que de manera casi inmediata comparecía él. Con lazo amarillo y el pin de la Generalitat en la solapa de la chaqueta, el president ha utilizado el catalán, como viene siendo habitual, casi de manera íntegra respondiendo en castellano a un par de periodistas.

La reverencia de Iván Redondo a Quim Torra

Otra de las imágenes del día ha sido el gesto que ha hecho el director de gabinete de Pedro Sánchez, Iván Redondo, a las puertas del Palau. Antes de que Torra saliera a recibir al presidente del Gobierno, ha saludado uno a uno a varios miembros de su equipo, entre ellos a Redondo. 

Tras estrechar la mano a la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, Torra se ha acercado a Redondo, que tras darle la mano ha agachado la cabeza durante el saludo oficial a modo de reverencia, como se haría ante un jefe de Estado. Una imagen que no ha pasado en absoluto desapercibida.