La "violencia" del Orgullo, en términos políticos, ha tenido un efecto bálsamo sobre Ciudadanos. Los críticos que apostaban por lanzar una última intentona de diálogo con Pedro Sánchez han cambiado de opinión. "Esto ha marcado un antes y un después", coinciden varios miembros de la Ejecutiva en conversación con este diario.

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El orín, las botellas, los monedazos, los insultos... y la "falta de condena" por parte de Ferraz han cosido las divergencias que venían enfrentando a Albert Rivera y sus detractores -una facción que languidecía a tenor de los resultados de la última votación interna-. "Han puesto todo de su parte para que los incluyamos en el paquete de los extremos sectarios", relata sobre el PSOE un dirigente de Cs que hasta ahora discrepaba de la estrategia oficialista.

El propio Luis Garicano, jefe del partido en Europa y máximo exponente de quienes instaban a Rivera a "revisar" su postura, escribió en su cuenta de Twitter: "¿Por qué la izquierda supuestamente progre no es capaz de sentir empatía cuando nuestro grupo, unas trescientas personas, es insultado, rodeado por una banda organizada que nos ataca y nos arroja orina? ¿Los demás no sentimos?".

Según las fuentes consultadas por este diario, la postura del ministro Marlaska y el posterior cierre de filas de Ferraz ha abierto los ojos a quienes creían posible una negociación programática con el PSOE. El "sanchismo" acaba de quedar "desenmascarado" para la práctica totalidad de los liberales.

La profecía autocumplida de Rivera

Tres compañeros de Rivera, uno de ellos con él desde los tiempos de Cataluña, hablan de la "intuición" como la mejor de sus virtudes. En cierto modo, la actuación de Sánchez en relación al Orgullo es la profecía autocumplida del candidato liberal: "Venía avisando de lo que eran capaces". "Ha acertado", dicen unos. "Tenía razón", apostillan otros.

Una frase de Inés Arrimadas, en su rueda de prensa de este martes, ha logrado el aplauso de aquellos compañeros que hasta ahora veían con recelo los movimientos de Rivera: "Si el PSOE fuera agredido en una manifestación de víctimas del terrorismo a causa de sus pactos con EH Bildu, nosotros lo condenaríamos".

Distintos miembros de Ciudadanos -ha testado este diario- esperaban que Marlaska y sus compañeros corrieran a "condenar" lo sucedido esa misma noche. Pero llegó una respuesta radicalmente distinta. El PSOE en general y Adriana Lastra en particular aplaudieron las intervenciones del ministro del Interior.

Ciudadanos, que vuelve a recuperar una voz sin fisuras tras la crisis ocasionada por las dimisiones de Nart y Roldán, pide a voz en grito la marcha de Marlaska. Según incidió Arrimadas, el responsable de Interior les "señaló" y les "puso en la diana": "¡Justo el que debe garantizar las libertades de todos!".

Afines a Rivera reconocen que la resaca del Orgullo ha ayudado a cicatrizar las heridas. El partido, hasta hace unos meses muy poco acostumbrado a la discrepancia, afronta ahora el camino a la investidura de Sánchez y las negociaciones autonómicas con unidad de discurso.

Algunos críticos concebían como un absurdo que se tachara a Ángel Gabilondo de "radical" o que se exigiera la firma del 155 a los alcaldables socialistas de toda España. Después de lo sucedido este sábado, "no tienen dudas" de la postura de Sánchez.