“No se puede estar abanderando la lucha por las personas LGTBI y, al mismo tiempo, estar pactando con Vox”. Así justificaba Isabel Serra, portavoz de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid, el veto a Ciudadanos en el Orgullo. Fernando Grande-Marlaska, ministro de Interior en funciones, fue más allá y acusó al partido liberal de “dar combustible a la extrema derecha”. 

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Invocar a Vox fue el pretexto para la violencia verbal y física que se vertió sobre los representantes del partido liberal que acudieron al Día del Orgullo: Inés Arrimadas, Ignacio Aguado, Patricia Reyes, Marcos de Quinto o Pablo Sarrión, entre otros. Miembros todos ellos de "CiudadaVox", según algunos manifestantes exaltados.

La verdad, sin embargo, es otra. Los boicots y las agresiones a formaciones políticas comenzaron mucho antes de que la formación de Santiago Abascal tuviera representación en las instituciones. En 2009, se vetó a UPyD tras la polémica generada por una votación errada de su eurodiputado Francisco Sosa Wagner. En 2013, dos afiliados al partido fundado por Rosa Díez fueron agredidos. 

Atrás queda el cántico que se hizo célebre en la manifestación del Día del Orgullo: “No nos mires, únete”. Tras la formación magenta, el Partido Popular, primero, y Ciudadanos después, sufrieron la censura y la violencia de parte de los asistentes que según apuntan fuentes cercanas al partido naranja, no fueron condenadas por los organizadores, que “sirven cada vez de un modo más descarado a intereses partidistas”.

Un vistazo a la historia reciente de la celebración ayuda a entender cómo el veto a Ciudadanos no es nada nuevo causado por algún tipo de acuerdo directo o indirecto con Vox, sino el último caso dentro dentro de una década de políticas de exclusión al disidente.

El inicio: un error en un voto

El partido fundado por Rosa Díez fue el primero en sufrir el veto en el Día del Orgullo. El motivo, la abstención por error de uno de sus europarlamentarios en una votación que afectaba al colectivo homosexual.

Francisco Sosa Wagner se abstuvo en la “resolución para invitar a Lituania a que reforme la ley que criminaliza la información positiva sobre homosexualidad y bisexualidad a menores”. 

Francisco Sosa Wagner, en su etapa como eurodiputado en Estrasburgo. Gtres

Alberto Fuertes, asesor del por entonces parlamentario europeo alegó que la intención de Sosa Wagner era “condenar esa ley homófoba” pero que “hubo un problema técnico”. “Hay tres botones del mismo color para el sí, el no y la abstención. Él pulsó el botón equivocado, algo que pasa a menudo. Ha habido abortistas que han votado leyes antiabortistas. Nuestro voto real es la condena de la ley homófoba lituana”, explicó Fuertes entonces.

No son bienvenidos”, anunció Desiré Chacón, quien, en 2009, era presidenta de la Federación Española de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). Chacón justificó su decisión de este modo: “Nos parece lamentable que organizaciones políticas como UPyD, que han marchado con nosotros, de repente se abstengan de votar una resolución del Parlamento Europeo que vulnera nuestros derechos fundamentales”.

En 2013, el partido magenta denunció que dos de sus afiliados habían sido agredidos en la manifestación del Orgullo. “La lucha por la igualdad debe unir, no separar”, lamentó la formación política.

PP, vetado por "falta de compromiso"

El año 2015, recién estrenado el Ayuntamiento de Manuela Carmena, las asociaciones organizadoras de la manifestación (FELGTB y Cogam) decidieron vetar al Partido Popular de la cabecera por “falta de compromiso”. Ángel Garrido, entonces segundo del Gobierno de la Comunidad, tuvo que seguir el desfile desde la cola del recorrido, ya que, según los organizadores, era necesario “que muestre, a través de medidas concretas, su compromiso”. “Los guiños no son suficientes”, añadieron.

La situación volvió a repetirse en 2016. Los organizadores prohibieron la participación de representantes populares en la cabecera de la manifestación, aunque sí invitaron a Cristina Cifuentes. Sin embargo, la que era presidenta de la Comunidad, decidió rechazar la invitación para evitar la contradicción de acudir a una marcha en la que su partido no era bien recibido. “No vale venir, hacerse la foto y luego olvidarse”, se quejaron desde las organizaciones.

Cifuentes sí marchó en 2017, año en el que, por primera y única vez, todos los partidos fueron invitados. "Es la primera vez que acudimos y la primera vez que nos invitan", dijo Andrea Levy. Pablo Iglesias (Podemos), Carla Antonelli (PSOE), Javier Maroto (PP) y Albert Rivera (Cs) representaron a los cuatro grandes partidos en una jornada que se desenvolvió con relativa concordia, más allá de algunos insultos a populares y liberales.

Tras el acercamiento entre organizadores del Día del Orgullo y Partido Popular, 2018 supuso el año de su distanciamiento definitivo. El partido del entonces ya presidente Ángel Garrido fue castigado así por “incumplir la Ley de Igualdad de trato LGTBI y La Ley Integral de transexualidad”.

Este último año, los populares ya avisaron de que no acudirían como organismo político y así fue finalmente, más allá de la asistencia a título particular de algún miembro del partido.

Ciudadanos, última víctima

Tras una serie de polémicas que involucraron a UPyD y PP, de utilización con fines partidistas y de reproches anuales, llegó el veto a Ciudadanos de este año.

"Iremos al Orgullo", se dedicaban a anunciar desde el partido naranja a pesar de ser excluidos por la Coordinadora Gay de Madrid (COGAM) para poder participar en la pancarta de cabecera de la manifestación y en una carroza del Orgullo. El motivo, no haber firmado un “decálogo” de medidas a favor de las personas LGTB+ politizado. En ese documento, firmado por PSOE, Más Madrid y UPyD, se añadió “no valerse de los votos de la extrema derecha para gobernar”.

El militante de Cs Pablo Sarrión no entiende de vetos; trabaja en el equipo de comunicación de Ciudadanos y acude a manifestaciones en favor de los derechos del colectivo LGTBI desde que tiene uso de razón. El pasado sábado, enarboló la bandera arcoiris y la rojigualda. “Ahora, que me llamen facha si quieren”, exclamó mientras ondeaba la segunda. Y “facha” fue, precisamente, lo mínimo que le llamaron. “Cómo iba a imaginar que por reclamar derechos para el colectivo, que es lo que he hecho toda mi vida, iba a sufrir toda esa violencia verbal y física”, manifiesta para EL ESPAÑOL.

Lo del pacto con Vox es sólo la excusa para agredirnos. El año pasado Albert Rivera vino y tuvo que bajarse de la carroza porque le estaban lanzando de todo. Esto viene de lejos”, recuerda Sarrión, que arremetió contra los organizadores por “no haber previsto lo que podía suceder” y haber realizado un despliegue de seguridad “insuficiente”.

“Se está politizando con fines partidistas. Sólo con PSOE y Podemos no se pueden sacar adelante leyes que favorezcan al colectivo LGTBI. También necesitan a Ciudadanos, que ha estado siempre en esta lucha. No se puede excluir a otras formaciones que son necesarias para defender los derechos y la libertad”, denuncia.

Ante los intolerantes, Sarrión siempre ha mostrado su mejor sonrisa. El trabajador de la formación naranja ya piensa en el Orgullo del próximo año: “Cómo no voy a ir… he ido siempre y seguiré yendo todos los años”.

"El Orgullo ya no es de todos"

Fernando Encinar, cofundador de Idealista, se manifestó en contra de la violencia proferida contra el partido de Albert Rivera a través de Twitter: “Salí por primera vez en el Orgullo en 1995. Y prácticamente no he dejado de hacerlo desde entonces. Jamás se había expulsado a nadie. En el Orgullo cabíamos todos. Esa era la fuerza de la manifestación. Expulsar era impensable. Parece que el Orgullo ya no es de todos”.

"¿Cuándo dejamos de hablar de 'nuestro Orgullo' a 'mi orgullo'?", se pregunta. “¿Por qué algunos se quieren apropiar de lo que hemos construido entre todos? Esto va de sumar, no de restar”, recuerda Encinar, alma de las publicidades audaces de la página inmobiliaria que apuesta por la diversidad.

“Empiezas expulsando a Ciudadanos y, como sale bien, sigues. Y poco a poco vas expulsando a los que no piensan con total ortodoxia como tú. Y acabas teniendo un Orgullo como la manifestación del 1 de mayo. Cuatro gatos”, analiza el cofundador de Idealista.

Zerolo, referente para Cs

"En su modelo de sociedad no quepo yo, en el mío sí cabe usted". Desde Ciudadanos, han reivindicado la figura del socialista Pedro Zerolo como activista LGTBI que entendió que "hay que sumar siempre", en contraposición con las actitudes "inquisitoriales" de Fernando Grande-Marlaska. 

El ministro de Interior en funciones criticó a Cs antes de la manifestación del Orgullo por "pactar de forma obscena con quien limita derechos LGTBI".

El partido liberal ha pedido la dimisión del ministro de Interior en funciones por "alimentar el odio" contra los votantes de la formación naranja. En su opinión, la esencia del Día del Orgullo se ve mejor representada en la postura de socialistas como el difunto Pedro Zerolo.