Mario Vargas Llosa tiene una hija catalana. En Barcelona pasó los cinco mejores años de su vida. Allí -ha contado el Nobel- "iban los españoles para sentirse europeos", para sacudirse el franquismo de la entraña. Ahora, "el nacionalismo la ha convertido en una ciudad provinciana". El escritor peruano mira a la que fue su casa y no encuentra nada de vanguardia, no atisba vientos de libertad.

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Es la primera vez que Vargas Llosa participa en un acto del actual Partido Popular. Con su 'fichaje', Pablo Casado ha arrebatado a Albert Rivera uno de sus "independientes" favoritos. La nueva dirección celebra el 'cameo' del Nobel y le saca lustre como un trofeo que prueba "el giro al liberalismo conservador".

Casado ha recibido a "don Mario" -así lo saludan los organizadores- a las puertas de Ifema. Y lo ha acompañado al escenario a ritmo del himno del PP. Sobre las tablas, el novelista ha centrado su discurso en el combate del nacionalismo y el populismo, elementos que vienen circunscribiendo durante décadas todas sus apariciones públicas alejadas de la Literatura. Sobre Casado, ha opinado: "Quiero felicitarle por el brío y el empeño con el que ha asumido la presidencia del partido".

Vargas Llosa apenas ha empleado nombres propios en su conferencia, pero sí ha explicitado el del presidente de la Generalitat de Cataluña: "Para Torra los españoles son perros rabiosos. ¿Qué pensará de los latinoamericanos? Probablemente nos crea microbios malsanos, herederos de una sociedad que no nos pertenece".

En un discurso sin folios, el narrador peruano ha invitado a los presentes a "luchar contra el nacionalismo sin complejos y a cara descubierta": "Es una de las peores pestes de la humanidad y está renaciendo. Es un pasado retrógrado al que no debemos regresar".

Para Vargas Llosa no importa el color o la procedencia del nacionalismo: "Todos son profundamente racistas y discriminatorios. Parten de un falso supuesto; la superioridad de una comunidad por su lugar de nacimiento".

El "mito" del comunismo

La conferencia que más valora Vargas Llosa de las habidas en su cajón del recuerdo la dio el profesor Walters, asesor de Margaret Thatcher, uno de los mayores exponentes del liberalismo conservador hacia el que vira Pablo Casado.

Walters mostró una tabla vacía y dijo: "Así era antes Hong Kong. Ahora es uno de los lugares más ricos del mundo". Según el escritor peruano, los países de hoy pueden elegir entre la prosperidad y la pobreza. Es tan fácil, dice Vargas Llosa, como "abrir las fronteras". La "prueba es Hong Kong", que pasó de "tabla" a "centro financiero mundial" gracias a "leyes abiertas y con incentivos".

Vargas Llosa también se ha referido a Singapur: "Me quedé maravillado con una avenida y el responsable de Gobierno me dijo que, cuando él era niño, eso era un fangal lleno de cocodrilos". Un cambio, ha insistido, que se produjo mediante recetas liberales. "En el pasado, los países no podían elegir. Todo dependía de la geografía y la fuerza bruta. Ahora eso ha desaparecido y es una razón estimulante para quienes creemos en el progreso".

Hechas las sumas y las restas, según Vargas Llosa, el liberal debe ser optimista, principalmente por la desaparición del comunismo: "Fue un mito. Ofrecían traer el paraíso a la tierra. Hablaban de una sociedad sin explotados ni explotadores, de la convivencia de hombres y mujeres en una especie de santidad evangélica. Ese mito está muerto y enterrado. Fue incapaz de realizar los anhelos populares allí donde se materializó. Creó las peores dictaduras de la Historia".

El Nobel ha laudado el "progreso" de Chile, "un ejemplo del que se habla muy poco". ¿Por qué? "Nos incomoda porque padeció una dictadura sanguinaria y terrible, la de Pinochet. Hizo muchas cosas mal, pero una bien. Dejó la economía en manos de los liberales".