Pablo Iglesias y Julio Rodríguez, durante la campaña del 26-J, cuando fue número dos por Almería.

Pablo Iglesias y Julio Rodríguez, durante la campaña del 26-J, cuando fue número dos por Almería. Efe

Política JULIO RODRÍGUEZ

El tercer fracaso del Jemad de Podemos: Zaragoza, Almería y Ahora Madrid

El general Julio Rodríguez dio el campanazo cuando, al inicio de los tiempos de Podemos, anunció que se unía a la causa. Desde entonces, primero en Zaragoza, luego en Almería y finalmente en Madrid, su presencia no ha traído nada bueno al partido de Pablo Iglesias. La fortísima apuesta tanto del jefe de la formación morada como la suya propia ha fracasado en los tres casos.

Ni logró escaño por la capital maña, ni conservó seis meses después el que Podemos había logrado en la provincia andaluza ni ha logrado pacificar la plaza de la capital, en la que aterrizó por encargo directo del secretario general para controlar directamente las trincheras cavadas entre Manuela Carmena y sus fieles con el partido. Fuentes internas de Podemos atribuyen la espantada de Rita Maestre y otros cinco concejales a la "pelea" entre la formación morada y la alcaldesa.

Desde el entorno del ex Jemad no se confirma ni se desmiente. El equipo cercano a Rodríguez se limita a remitirse a las declaraciones de Pablo Echenique este lunes por la mañana: "Cada uno se coloca donde se coloca, y estos seis ediles han decidido libremente", dijo el número dos de la formación. La portavoz Noelia Vera fue aún más taxativa: "Para estar en Podemos hay que presentarse a las primarias de Podemos".

La entrada en política del exgeneral de cuatro estrellas llamó tanto la atención hace ahora tres años que el que había sido en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero máximo jefe de los Ejércitos -sólo bajo el Rey en la cadena de mando- fue expulsado de la carrera militar por el Gobierno del Partido Popular. Quedaban pocos días para que pasara a retiro, como él mismo había solicitado. Pero también quedaban pocos días para cerrar las listas electorales del partido de Iglesias.

Corría el 4 de noviembre de 2015, en mes y medio había elecciones generales y la formación de los círculos daría un enorme golpe de efecto con su fichaje como número dos por Zaragoza.

La cita con las urnas lo hacía perentorio porque ne menos de dos semanas la ley marcaba que se debían presentar las listas electorales. Y Julio Rodríguez apareció, vestido de general del Ejército del Aire, orgulloso "candidato al Congreso por Zaragoza" en el Twitter de Pablo Iglesias.

El mismo viernes 30 de octubre en que Mariano Rajoy había convocado a las urnas, Rodríguez había solicitado su paso a retiro desde la de reserva en la que se encontraba tras abandonar la jefatura de los Ejércitos en 2011. Y desde ese 4 de noviembre se dejó ver en actos de Podemos y se le oyó opinar sobre el desafío independentista catalán, criticar la política del Gobierno y admitir que había participado de la elaboración del programa electoral de los de Iglesias ne materia de Defensa.

Dos días después, Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta y portavoz del Ejecutivo, anunciaba su expulsión de la carrera militar y su cese como miembro de la Real Orden de San Hermengildo "por actuar de forma partidista con sus manifestaciones" estando todavía en situación de reserva. Es decir, cuando aún era militar. El enfado era mayúsculo en el Gobierno por ver el uniforme azul de Rodríguez, lleno de condecoraciones, en los carteles de "los antisistema".

Es decir, el campanazo lo dio. Pero sólo fue el anticipo de un enorme fracaso. El primero. A pesar de que Podemos sacó entre 20 y 25 escaños más de lo que vaticinaban las encuestas -69 diputados frente a 45 o 50 que le daban los últimos sondeos publicados-, en la plaza de Zaragoza cosechó uno solo. Y Rodríguez, que aspiraba al "mejor ministro de Defensa posible", en palabras de Iglesias, se quedó sin empleo.

Se estrelló en Almería

Aquélla fue la legislatura no nata, la que no fue capaz de formar Gobierno. Ésa en la que Rajoy declinó la designación del Rey para formar Gobierno y Pedro Sánchez intentó hacerlo aliándose primero con Ciudadanos en el llamado "pacto del abrazo", signado con Albert Rivera solemnemente en el Congreso, ante el cuadro de Genovés. Los morados se negaron a participar de aquello y lo fiaron todo a otro pacto, el "de los botellines", que con Iglesias y Alberto Garzón de protagonistas pretendía sumar el millón de votos de IU a los cinco de Podemos.

La suma no dio ni en votos ni en escaños. Y el ex Jemad tampoco aportó lo suyo. Se le envió de paracaidista a Almería, donde la dirección nacional impuso a Rodríguez para "asegurar su escaño". De hecho, él mismo reclamó un "destino seguro" el 26 de junio de 2016 para lograr el ansiado puesto. Pero la noche electoral de las segundas elecciones generales de Podemos fue la del segundo fracaso de Julio Rodríguez.

El exmilitar se estrelló en sus pretensiones. La coalición electoral con IU acumuló los mismos escaños que habían logrado las dos formaciones por separado seis meses antes, es decir, 71 asientos en el Congreso de los Diputados. Y ninguno de ellos fue para Rodríguez, pues la lista conjunta perdió el segundo de los dos escaños cosechados el 20-D.

Aterriza en Madrid

Hace poco menos de un año, Iglesias le encontró destino al ex Jemad cuando salió elegido secretario general de Podemos Madrid. Ya se vivían las guerras soterradas entre errejonistas, anticapitalistas y oficialistas de Iglesias.

El exgeneral llegaba colocado por la cúpula de Iglesias para controlar las bases madrileñas, divididas por la ejecutoria disfuncional en el equipo de gobierno de Carmena en la capital -Ahora Madrid se formó como resultado de un aluvión de movimientos sociales y vecinales, rebotados de Izquierda Unida y la base organizativa de Podemos-. Su misión era poner orden y colocarse como número dos de la lista electoral. Porque ya se daba por hecho que la exjueza encabezaría la candidatura para apuntalar un nuevo mandato y él podía permanecer en la reserva a la espera de una renuncia a mitad de mandato.

¿Alcalde de rebote? Ésa era la idea cuando cosechó el 68% de los apoyos en las primarias del 14 de diciembre de 2017 frente al 31% de la anticapitalista Isabel Serra. En el tercer destino en poco más de dos años para el exgeneral, por fin sumaba un triunfo en una contienda electoral. Pero desde entonces sólo ha podido capear temporales.

Primero, controlando los movimientos soterrados que provocó la maniobra de Iglesias para colocar al defenestrado Íñigo Errejón como candidato a la Comunidad de Madrid. Hasta abril, de este año no se habló de otra cosa en la sucursal madrileña de Podemos.

Después, aguantando hasta septiembre para la decisión de la alcaldesa, quien esperó hasta que acumuló los apoyos suficientes para imponer sus condiciones: "No me presentaré con Podemos, quiero libertad para formar mi equipo". Posteriormente, controlando la elaboración de las listas de primarias del partido. Pero no ha podido.

Rita Maestre, portavoz del Ayuntamiento; el concejal de Economía y Hacienda, Jorge García Castaño, y otros cuatro ediles se han negado a ir a las primarias porque Rodríguez los había relegado a puestos bajísimos. Ahora Madrid va a ser una guerra, con el ex Jemad en posición de desventaja ante la alcaldesa.

"Queremos que repita Carmena", dicen en alto en Podemos. "No sabemos cómo van a ir las negociaciones a partir de ahora", dicen en bajo. Y Julio Rodríguez, destinado a número dos -otra vez- en la lista, ya no tiene claro ni ese puesto. Echenique, secretario de Organización y hombre fuerte del comité electoral, no pudo garantizarlo este lunes.