El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en una imagen de archivo.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en una imagen de archivo. Flickr PP

Política EL POLÍTICO DE LA DEMOCRACIA CON MÁS DÍAS EN EL PODER

El secreto del récord de Rajoy: con Mariano "el que saca la patita está muerto"

Exministros y colaboradores aseguran que el líder del PP ha impuesto el "estado de cobardía". Este martes se convertirá en el político con más tiempo en el poder.

Mariano Rajoy Brey (Santiago de Compostela, 1955) pisó por primera vez el Palacio de la Moncloa como miembro de un Gobierno en mayo de 1996 y desde entonces nunca se ha bajado del coche oficial. Tal y como ha revelado EL ESPAÑOL, este martes se convertirá en el político que lleva más tiempo en el poder desde la muerte de Franco. En su larga carrera nunca sobresalió en nada -ninguna reforma estrella lleva su nombre- pero la suerte nunca le ha dejado tirado. En este tiempo, el presidente del Gobierno ha visto caer a una generación entera de políticos que hoy están en el ostracismo o luchan por recuperar su honor perdido en los tribunales. ¿Qué tiene el marianismo para ser invencible?

Las crónicas periodísticas llevan años anunciando el fin del marianismo, pero Mariano Rajoy ha sido un auténtico superviviente: "Ha sobrevivido a José María Aznar, a Esperanza Aguirre, al Rey Juan Carlos, a la crisis económica, a una investidura fallida, a la corrupción. ¡Hasta a un accidente de helicóptero!", recuerda un viejo compañero de gabinete que cree que el marianismo es en sí mismo una "forma de ser", una actitud ante la vida política en la que Rajoy ha optado por aislarse en el búnker de Moncloa y no hacer nada para que todo suceda.

Quienes describen al presidente coinciden en el diagnóstico: "La culpa de los problemas que le ahogan siempre es de los demás". La trama Gürtel, por ejemplo, Rajoy siempre dijo que fue culpa de la dirección de Madrid o Valencia; el caso Bárcenas, de Luis Bárcenas; la crisis económica, de José Luis Rodríguez Zapatero; el desafío secesionista, de Carles Puigdemont.

Los momentos más destacados del marianismo

El político que no se mete en charcos

Para definir su forma de hacer política hay quien se remonta a sus tiempos de estudiante. "Rajoy es registrador de la propiedad y todavía mantiene aquel carácter que define a todo opositor: disciplinado, con mucha capacidad de aguante, esforzándose hoy para recibir una recompensa dentro de mucho tiempo". Una manera de hacer política que otro ministro ya retirado compara con su vida deportiva: "Es un hombre que prefiere caminar rápido a correr. Y es constante: lo hace todos los días, esté en Moncloa o en China. También se puede aplicar esa filosofía a su forma de hacer política", resume. En los momentos más complicados, el marianismo aguanta. El presidente pidió el rescate bancario cuando la prima de riesgo alcanzó los 649 puntos y no intervino Cataluña hasta que Carles Puigdemont no declaró la DUI en el Parlament.

Cuando fue ministro con José María Aznar, Rajoy ya tenía su estilo propio. No se metía en charcos. No creaba polémica. Pasaba sin pena ni gloria por allí donde le mandaban: Interior, Administraciones Públicas, Educación, Vicepresidencia, portavoz del Gobierno. "Cuando fue presidente pensaba que cambiaría porque ya había conseguido el objetivo de ser el elegido. Pero mi sorpresa fue mayúscula cuando comprobé que no era una estrategia, sino una filosofía de hacer política", resume un exministro que acusa a Rajoy de "no importarle nadie" y rodearse de personas que no le hagan sombra. "Siempre que ha estado rodeado de políticos más fuertes que él, o los ha matado o ha dejado que los maten". Además, recuerda que siempre ha fomentado la rivalidad sin decantarse por ningún bando. "Hay que acordarse de la guerra entre Aguirre y Gallardón o la que mantienen ahora Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal", apunta.

Cuando hay una debacle electoral como en las elecciones de Cataluña, todo el PP espera una reacción del presidente. Un gesto, por mínimo que sea, les vale. Los barones se revuelven en sus poltronas y, amparados siempre bajo el off the record, piden al líder cambios para revertir la situación. Sin embargo, cuando Rajoy los reúne en una Junta Directiva Nacional como la que celebró el pasado lunes pasa lo de siempre: nada. ¿Crisis? ¿Quién dijo crisis? Como si aquí no hubiera pasado nada. Tampoco ninguno de los 449 miembros del órgano levanta la mano. ¿Para qué, si no va a cambiar nada?

Críticas, ni las constructivas

Preguntado sobre cómo está la moral en Génova dos días después de aquella reunión en la que solo habló él, el propio presidente resumió a la perfección el estado de cobardía que rige en el PP: "La reunión fue muy bien, nadie dijo lo contrario". La realidad, sin embargo, era bien distinta: los conservadores que llegaron a la sede nacional preocupados por el auge de Ciudadanos se fueron a sus casas con la moral todavía más hundida. Una vez más, Rajoy no hacía nada para intentar frenar el ascenso de Albert Rivera. ¿Por qué? Porque aún queda más de un año para la próxima cita electoral. "A ver si las encuestas dicen lo mismo de Cs un mes antes de las elecciones que hoy", se justificaba Rajoy. Otra vez la estrategia de no hacer nada hasta que no quede más remedio.

La supervivencia del marianismo se debe también a que nadie replica a su líder. El Partido Popular está estructurado de tal manera que es el presidente el que bendice las candidaturas a todos los niveles. "Y el que saca la patita está muerto", resume un alcalde conservador electo. "Claro que hay muchas cosas que cambiaríamos, pero si nadie levanta la mano en los órganos de discusión del partido es porque quien hable está out".

Cayetana Álvarez de Toledo, exdiputada del PP y presidenta de Libres e Iguales, confirma esa tesis: "Ha conseguido imponer un estado de cobardía en el PP donde la gente no se atreve a formular ninguna crítica, aunque sea constructiva, dentro de los propios órganos del partido". Según la exdiputada, el marianismo sobrevive "a costa de la fortaleza del PP y, en algunos casos, a costa de los intereses de España". Culpa de ello a Mariano Rajoy y a todos aquellos que se escudan en el anonimato y no levantan la mano en las juntas directivas.

El anonimato, clave para sobrevivir

Para Álvarez de Toledo, la clave que contribuye a que el marianismo perviva es precisamente que nadie replique en público al presidente. "Todos se escudan en el off the record para verter sus críticas, para que no les señalen", argumenta. (En efecto, en la confección de este análisis han participado varios exministros que compartieron muchas horas en Moncloa con Rajoy, cuadros medios del partido y alcaldes del PP en activo. Sólo han aceptado sincerarse si aparecían sin identificar).

Para Álvarez de Toledo, Rajoy encabeza "el hiperliderazgo del vacío": un liderazgo incontestable "frente a la ausencia de liderazgo político. Es la antipolítica". También cree que Rajoy es un maestro en culpar a otros cuando vienen mal dadas y recuerda que en 2009 se jactaba de haber cogido a un partido en la oposición que había perdido las elecciones. "Es mentira. Él fue el candidato a la Moncloa en las elecciones de 2004 y perdió su candidatura. En 2008 tampoco gana y atribuye esa derrota a Acebes, Zaplana y Pizarro". Además de los "errores de sus rivales", la portavoz de Libres e Iguales piensa que "el miedo al otro" y los "errores" de sus adversarios también han contribuido a la supervivencia del marianismo.

Hasta sus adversarios más acérrimos reconocen que Rajoy ama la política tanto como repudia todo lo que la rodea. "Una vez escuché cómo recomendaba a una persona que no se metiera en política", recuerda un alcalde. No es un político al uso. Él intenta desayunar y cenar siempre en casa, con su mujer, Viri, y sus hijos Mariano y Juan. En el terreno personal, es fiable, correcto, cercano, sólo amigo de sus amigos. Le gusta tanto el fútbol que ha llegado a adelantar o atrasar reuniones importantes para no perderse un partido, y las vacaciones siempre las pasa en su tierra, en Sanxenxo. No le va el lujo ni el exhibicionismo.

El deporte como tema de conversación

Las críticas las lee y las obvia. No pierde el tiempo en escuchar a gente que no le aporta algo que considere positivo y los problemas siempre los resuelve cuando ya no queda más remedio. Por citar el último ejemplo, aún está vacante el puesto más codiciado de Moncloa: ser jefe de gabinete del presidente. Jorge Moragas cesó de su puesto el 22 de diciembre, en plena resaca de la última cita electoral. Un mes después, el jefe del Ejecutivo aún no ha elegido a la persona que le sustituirá. "¡Se me había olvidado! Me habéis recordado que tengo que nombrar a uno", respondió con cierta sorna a los periodistas el miércoles cuando intentaban sonsacarle el nombre del nuevo asesor. Las quinielas se inclinan por que no buscará fuera y lo sustituirá por algún colaborador (o colaboradora) cercano.

A Rajoy no le gusta la comunicación y, cuando lee quinielas en prensa, suele utilizarlas para descartar a aquellos que mejor posicionados aparecen en los periódicos. Tampoco es el presidente un político cercano a los periodistas que le siguen a diario, que han encontrado la fórmula mágica para retener unos segundos su atención: comentar con él el último resultado del Real Madrid o del Celta. Es un cebo casi casi infalible para que el presidente se pare a hablar con ellos.

El politólogo Emilio Serrano cree que el marianismo ha quedado "en un espejismo". "Tras una mayoría absoluta en 2011, al final se demostró que todo lo que dijo que iba a hacer no lo hizo, y al revés. Dijo que no iba a haber rescate y lo hubo; que no iba a subir impuestos y los subió; que no iba a recortar y recortó", añade. 

Estabilidad y certidumbre

Para Serrano, una de las fortalezas del marianismo es que "ha sabido situarse de tal manera que, pase lo que pase, a él nadie le va a mover la silla. Hay un constante efecto de cierre de filas hacia el líder que sorprende". La gran fortaleza que mantiene aún con vida al marianismo es, según este analista, "la unión en torno a él del partido y del Gobierno", debido en gran medida a que el PP siempre ha sido un partido "muy disciplinado" con los liderazgos "y muy leal".

El politólogo Pablo Simón valora la "estabilidad" que transmite el marianismo. "Es la idea en torno a la cual se articula todo el fenómeno". Este experto coincide en que la recuperación económica de España siempre será la gran carta de presentación de  Rajoy. "Está siguiendo el libro de principios de los años 90: venderse como un buen gestor puede generar que haya mayores dosis de apoyo popular". Además, "frente a los nuevos partidos él puede ofrecer certidumbre, tranquilidad".

Todos los presidentes se fueron de Moncloa y hoy tienen ya su propio legado. Adolfo Suárez fue el conductor de la Transición hacia la democracia; José María Aznar lideró el milagro económico y permitió la entrada de España en el euro; José Luis Rodríguez Zapatero destacó por aprobar avances sociales como el matrimonio homosexual. ¿Por qué pasará a la historia Mariano Rajoy? Por salvar al país del desastre económico, sin duda. "Pero a pesar de que los indicadores económicos van bien, los españoles viven peor que antes", justifica Serrano. "Cataluña es un tema que sepulta o catapulta", reflexiona. Y, ahora, el desafío secesionista está "sepultando" al Gobierno de Mariano Rajoy. ¿Enterrará Puigdemont al marianismo?