Bruselas

El movimiento realfooding ha ganado una batalla innegable: la gente cada vez se fija más en el listado de ingredientes de un producto alimentario. Es por ello por lo que los etiquetados cada vez son más complejos.

Ante este creciente incremento de etiquetados, advertencias y avisos, la Comisión Europea está evaluando implantar un código QR en todos los productos envasados y bebidas.

Así lo ha confirmado Dolors Montserrat, tras una reunión con el sector cervecero en el que les ha notificado varios avances del nuevo reglamento del FIC (Food Information To Consumers), cuyo plan de trabajo para el próximo año se concretó en octubre.

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Ante la lluvia de ideas para hacer los etiquetados más claros y próximos al consumidor, el sector cervecero cree que sería muy positivo imponer un código QR.

Jacobo Olalla, director general de Cerveceros España, explica que con un código QR todo sería más sencillo, puesto que la información podría aparecer en más idiomas, habría una descripción más exacta del producto e, incluso, se podrían añadir informaciones técnicas del proceso de elaboración si es envasado.

Este sistema de código QR no es sólo una opción para los países de la Unión Europea a la hora de armonizar su etiquetado. Es la manera de desterrar las luchas sobre etiquetado alimentario que se están dando entre los parlamentarios europeos.

Aunque se venda como un simple marcador nutricional, NutriScore (la opción francesa) o NutriForm (la italiana) hay un enfrentamiento entre países y su modelo gastronómico. En España se está viendo en las dos alas del Gobierno: el PSOE con el ministro de Agricultura, Luis Planas; y Unidas Podemos, con Alberto Garzón, de Consumo.

El PPE ha propuesto en varias ocasiones que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) sea la responsable de crear un sistema "armonizado y homologado" para los Veintisiete. Pero la Comisión Europea lo ha rechazado.

Así, el código QR podría suponer un punto de partida nuevo. Ambos proyectos, tanto el que defiende Planas como el de Garzón, quedarían desacreditados y se avanzaría hacia una información más clara pero, a su vez, más tecnológica.

Código QR

El código QR se ha empezado a desarrollar con motivo de la pandemia de la Covid-19. Ante la retirada de los carteles de menús en los bares, la hostelería se lanzó a usar una herramienta para poder mostrarlos que llevaba años disponible, pero que no se había explotado.

Si Europa ve con buenos ojos obligar a todos los productores a poner un código QR, no sólo ayudará a los usuarios a saber qué compran, también abrirá nuevas líneas de negocio.

Con un código de estas características, que se escanea con el móvil, una persona invidente puede conocer qué está comprando. También se da la posibilidad de añadir información adicional como la ganadería a la que pertenece la res envasada o el método de producción de la lechuga.

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Incluso, el código QR se puede unificar con proyectos que ya están vigentes en varias grandes marcas de alimentación en las que, mediante un enlace, aparecen recetas para usar el producto que se está adquiriendo.

Lo que está claro es que ningún proyecto es perfecto y con el código QR surge la llamada brecha tecnológica. Mientras que NutriScore es un semáforo nutricional pequeño en la esquina de un producto que se ve con facilidad, el código QR precisa de un escaneado.

Con todo, el proyecto es sólo una propuesta dentro del reglamento de etiquetado que Europa va a empezar a trabajar para 2023 y podría incluirse o no. Los cambios pueden ser muchos y es necesario poner de acuerdo a muchos países con dietas muy diferentes en las que los intereses son de lo más dispares.