En una visita a un hospital de Reino Unido, el fallecido duque de Edimburgo saludaba a una enfermera de origen filipino bromeando con que en su país no podían quedar muchas profesionales como ella, pues la mayoría trabajaba para el sistema público británico (NHS). Una imagen entre políticamente incorrecta y sarcástica que, si se repitiera hoy, cambiaría el origen de la enfermera: sería española.

Noticias relacionadas

Miles de profesionales cruzan anualmente el Canal de la Mancha, sin Brexit que las pare, buscando unas mejores condiciones laborales: salarios estables, retribuciones dignas y poder cobrar la noche a más de tres euros la hora.

A este lado de la frontera están los representantes del colectivo enfermero pidiendo "algo más que aplausos" desde los balcones. Entre ellos, el recientemente elegido presidente del Sindicato de Enfermería SATSE, Manuel Cascos, que intenta mejorar sus condiciones retributivas con un plan de retorno que ha dejado en las puertas de todas las consejerías de Sanidad, el Ministerio e, incluso, el Congreso de los Diputados.

"Pero ninguno quiera cambiar nada", repite una y otra vez Cascos en una entrevista con EL ESPAÑOL en la que repasa la situación de las enfermeras: "Mal pagadas", "poco reconocidas" y con una "excesiva carga laboral" que repercute en la salud de "todos los españoles".

Para él, todo está muy claro: hay dinero para mejorar la sanidad del país, hay razones que han demostrado que hace falta (una pandemia, para ser más exactos) pero no "hay voluntad política". Por eso, se ha echado a la espalda las firmas de 700.000 españoles y ha pedido en el Congreso que se legisle el número adecuado de pacientes por enfermera, como se hace en los colegios con el número de alumnos y profesores.

La ley de ratios de SATSE, conocida como Ley de Seguridad del Paciente, se ha estancado en el Congreso.  ¿Es una cuestión de fondos? ¿Cree que hay dinero para contratar a las 87.000 enfermeras  (sólo en la sanidad pública) que, según su propuesta, hacen falta en España?

Este país se ha gastado mil millones de euros en un submarino y recibe más de 2.000 millones de euros de impuestos de lotería. Con esos 3.000 millones de euros pagamos el sueldo de esas enfermeras que nos hacen falta.

Además, ya no es sólo pagar su sueldo, sino lo que el Estado se ahorra con su contratación. Según la OCDE, el 39% del gasto que supone contratar a estas profesionales retornaría en forma de impuestos indirectos.

Por todo ello, es viable económicamente, sin lugar a dudas. Otra cosa es que no sea una prioridad. No se tiene interés alguno en que el sistema sanitario salga adelante y salga reforzado de esta crisis sanitaria.

Cuando vengan otras crisis sanitarias tendremos que recordar que tuvimos la oportunidad de mejorar nuestro sistema y dijimos que no

¿Por qué cree eso? ¿Hemos aprendido algo de la pandemia?

No hemos aprendido nada. Y no lo digo por quejarme, tengo cinco razones para asegurar que no hemos aprendido nada. La primera: ¿cuál es el porcentaje del Plan España Puede (que supone 70.000 millones de euros) para el área sanitaria? Un 1,5%, mientras que países como Italia destinan un 7%. Luego -la segunda-, el Gobierno creó un comité para repartir estos fondos. ¿Representantes del Ministerio de Sanidad? Ninguno.

En el Congreso de los Diputados se aprobó un compromiso a cargo de la Comisión de Reconstrucción del Sistema Nacional de Salud con 200 iniciativas. Esta semana se cumple un año de ello. ¿Cuántas se han cumplido? Cero.

Cuatro: el proyecto España 2050 tiene ocho grandes bloques y ninguno de ellos referente al sistema sanitario. Y, por último, los objetivos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de España son transición ecológica, transición digital, cohesión territorial e igualdad de género. ¿Dónde está el sistema sanitario? No está.

Es decir, hay dinero, hay razones para poner en marcha medidas sanitarias, pero no hay…

Voluntad política. Es decir, viene dinero por una crisis sanitaria, decidimos cómo lo repartimos y quiénes… ¡y nos olvidamos del sistema sanitario! Eso no es lo que merecen 47 millones de personas. Y estoy de acuerdo en que es necesaria la igualdad de género, la transición ecológica… pero eso no ha generado una crisis sanitaria.

Cuando vengan otras crisis sanitarias, que vendrán, tendremos que recordar que cuando tuvimos la oportunidad de mejorar esto dijimos que no y miramos hacia otro lado.

Entonces esta pregunta le va a parecer que tiene una respuesta obvia, pero debo hacérsela. ¿Qué opina de la partida presupuestaria que se destina a Sanidad en los últimos PGE?

Con la partida presupuestaria destinada a Sanidad nuestro sistema sanitario no puede sobrevivir. Somos una de las sanidades más infrafinanciadas de toda Europa y, además, se pretende que siga infrafinanciada sin que sea finalista y, sobre todo, sin resolver el problema de financiación de las comunidades autónomas. Por cierto, una deuda pendiente que nadie se atreve a resolver. No podemos seguir destinando un 6% del PIB a Sanidad; hay que alcanzar el 10% para 2023.

Está sobre la mesa el proyecto de incluir el dentista en la cartera básica de salud con un presupuesto de 47 millones de euros: un euro por español. En un sistema sanitario en el que se pretende cubrir todo ¿hay que dejar de pensar en cantidad de servicios y hablar de calidad?

No podemos recortar ni en calidad ni en cantidad de servicios, porque es nuestro modelo. Nuestra cartera no sólo se tiene que mantener, sino que tiene que crecer y, con ella, la calidad. Pero para que tengamos calidad hay que invertir y contar con más profesionales y mejores equipos.

Y voy a poner el ejemplo de dos nuevos servicios que deben entrar en cartera: fisioterapia y podología. Tenemos una población pluripatológica y muy envejecida y la fisioterapia ahorraría mucho dinero al sistema. Sobre todo en bajas laborales.

Lo que no puede ser es que a una persona con baja laboral le den cita en la sanidad pública para dos o tres meses porque no hay profesionales. Cuando llegues a esa cita, si es un problema osteomuscular, o no tiene solución o se ha resuelto solo.

Además, en el terreno de la Enfermería hay que hablar de nuevas competencias. Una enfermera está capacitada de sobra para hacer cirugías menores en los centros de salud. Pero, para todo eso, hace falta una apuesta decidida y clara de qué queremos hacer con el sistema sanitario público. Pero, ahora mismo, no hay interés en abrir ese melón.

¿Por qué?

Porque Sanidad es el hermano menor. En cuatro años llevamos cinco ministros. El Ministerio de Sanidad no tiene ni el cuerpo ni la estructura suficiente (políticamente hablando) para representar al sistema sanitario. Nunca se ha querido fortalecer el sistema sanitario público porque piensan que, como las transferencias están en las comunidades autónomas, es un problema suyo. Pero ese argumento a mí no me convence.

El sistema educativo de este país funciona igual que la Sanidad, con un mando central en el Ministerio y competencias trasferidas a las Autonomías. Ellos sí tienen la fortaleza para hacer políticas únicas. Por ejemplo, cuando el PNV rechazó nuestra ley de ratios enfermeros se nos dijo que la competencia no era del Ministerio. Cuando hablamos de ratios profesor/alumno no se puso ningún problema.

Decimos que tenemos la mejor sanidad porque medimos cuántos trasplantes hacemos, no cuántas camas por habitante tenemos

Pero, si estamos tan mal, ¿cómo es posible que tengamos una Sanidad de las mejores del mundo?

Porque todo depende de lo que tú midas. Cuando mides el número de trasplantes y donaciones somos los mejores; pero, si mides el número de camas abiertas por habitantes o la ratio de enfermeras, no es así. El trasplante tiene una repercusión social importante aunque represente el 2% de la actividad sanitaria del país.

Cuando los políticos usan ese ranking lo hacen porque miden cuestiones que les interesa medir. Somos los últimos de Europa en dotación de fisioterapeutas y enfermeras por habitante, tenemos los presupuestos más bajos destinados a Sanidad, estamos a la cola en número de camas hospitalarias y quirófanos… Todos los instrumentos básicos no se miden; se miden otras cuestiones que quedan bien socialmente.

A nivel laboral, SATSE lleva años denunciando una enorme desigualdad retributiva entre las diferentes comunidades autónomas. ¿Cuáles son las principales demandas laborales que tiene el sindicato para mejorar la situación de las enfermeras?

El porcentaje de eventuales que tenemos en Enfermería, un 30% o un 40% de nuestras plantillas, no es asumible. Es algo que nos preocupa porque da inestabilidad a los profesionales y a los pacientes.

Creemos que es necesario bajar del 8% de temporalidad y mejorar las condiciones laborales retributivas. Tenemos que ser atractivos para las enfermeras que trabajan fuera de España y que se fueron de aquí porque no tienen unas condiciones de trabajo aceptables.

No puede sostenerse que a una enfermera de noche le paguen la hora trabajada a 3 euros cuando en un taller mecánico es de 60 euros. Estas cuestiones de sobrecarga laboral, salarios de 1.200 euros al mes y permanente presión durante 40 años no nos pueden llevar a ser pasivos.

Vamos a exigir que los puestos que se crean para eventuales -con una duración de más de un año- se conviertan en estructurales y salgan en las ofertas públicas de empleo.

Han puesto énfasis también en las prejubilaciones.  

Si hay trabajadores como artistas, bomberos o policías que se jubilan antes, ¿por qué no las enfermeras? Es una cuestión de justicia social.

La enfermera tiene que poder prejubilarse anticipadamente de forma voluntaria y sin merma económica. Las enfermeras trabajan cuarenta años asumiendo riesgos biológicos, químicos, nocturnidades, turnicidad, estrés… No se puede llegar a 67 o 68 años en esas condiciones.

Por eso, después del verano ha llegado la hora de ver las cosas de otra manera. Le vamos a dar la oportunidad a las administraciones, pero las enfermeras necesitan mejorar sus condiciones laborales y retributivas.

Las enfermeras no podemos ser directoras porque un médico lo denunció y un juez le dio la razón

Otro de los problemas son las agresiones por parte de pacientes. ¿Qué se puede hacer al respecto?

Desde SATSE hemos propuesto una ley a las comunidades autónomas y al Ministerio de Sanidad en la que pedimos que se unifiquen las medidas llevadas a cabo para parar las agresiones. En algunas comunidades hay botón antipático, en otras no; en unas ayuda psicológica, y en otras no… Y eso no puede ser. Cómo trates a un profesional al que han pegado por hacer su trabajo no puede depender de la comunidad autónoma en la que se trabaje.

¿Por qué una enfermera no puede ser directora de un centro de salud?

Por los recursos judiciales presentados por el Sindicato Médico a enfermeras que estaban siendo directoras de centros de salud.

Impugnaron esos puestos de trabajo porque, a su entender, la enfermera estaba evaluando las competencias de los médicos. Y eso no es así, las enfermeras estaban evaluando la gestión.

Aun así, los tribunales dieron la razón a los médicos y, ahora, las enfermeras tienen limitado su trabajo y no pueden acceder a un cargo de responsabilidad, a no ser que sean cargos de libre designación.

El PSOE ha puesto en marcha la creación de una FP para la gestión de centros residenciales. Una formación específica para lo que hoy en día es una supervisora que, sin tener la carrera de Enfermería o Medicina, podría ejercer esta labor. ¿Qué les parece?

Esto es una ocurrencia del PSOE cargada de precipitación porque no se ha hablado ni con el sector ni con los profesionales sanitarios. ¿Lo que creo que hay detrás? Unos cuantos gestores de la patronal que quieren ahorrar dinero. Una pequeña parte que quiere crear esta figura que es innecesaria y que va a destruir puestos de trabajo de enfermeras y auxiliares.

Durante las últimas semanas el Ministerio de Sanidad se ha enfrentado con los aspirantes a residentes de Medicina y Enfermería por el sistema de adjudicación de plazas MIR y EIR. ¿Qué le parece el nuevo modelo?

El futuro va por la digitalización y debemos poner en marcha un sistema telemático con los medios, los recursos, la garantía y la calidad suficiente para que nadie tenga un ápice de duda de que se le va a hurtar algún derecho. Estando eso garantizado, yo no le veo ningún problema a la asignación telemática.

El problema es que, hasta que eso no esté garantizado, no parece razonable usar un sistema que genera incertidumbre y perjudica a terceros. Hay que recordar que el Real Decreto que oficializa la asignación telemática todavía no ha salido y tenemos un año por delante para trabajar en él.

En ese Real Decreto no sólo se va a hablar del modelo de asignación. También de la creación, o no, de nuevas especialidades enfermeras. ¿Cuál es su posición al respecto? ¿Más especialidades enfermeras sí o no?

Primero hay que resolver dos cuestiones: que Enfermería Familiar y Comunitaria realicen su examen (previsto para octubre o noviembre) y resolver qué pasa con la especialidad de Medico-Quirúrgica que, después de 10 años, no tiene programa formativo. Cuando esto esté resuelto será el momento de sentarse y ver si se precisa de una nueva prueba excepcional para que las enfermeras obtengan su título de especialista y si hay alguna nueva especialidad que crear. Ahora no es el momento.

Andalucía ha implantado la figura de la enfermera escolar y sólo ha cerrado 21 aulas en todo el curso. Hacen falta enfermeras en los colegios

Su sindicato aboga por que las enfermeras se encarguen de vacunar también a los menores.

Sí. Mediante la figura de la enfermera escolar. Estamos convencidos de que aporta seguridad, salud y bienestar a la comunidad docente y a los menores.

En esta crisis sanitaria, en Andalucía se ha implantado la enfermera escolar y sólo 21 aulas han tenido que cerrar por cuarentena de casos covid. Y eso, evidentemente, es un trabajo y un éxito de las enfermeras escolares.

La enfermera escolar es la que debe poner la vacuna porque lo haría en un ambiente conocido y familiar para los menores y evitaría el contacto de los niños con los centros de salud. Además, si se ha hecho de manera masiva para los adultos, también se debería de hacer para los menores de manera organizada y con seguridad.

Este miércoles se ha aprobado, a falta del informe del Consejo de Estado, la venta de test Covid-19 sin receta en farmacias. ¿Qué le parece?

Nosotros estábamos en contra de que una persona acuda a una farmacia a hacerse un test sin saber si está o no está infectada. Pero, ir voluntariamente a comprar, es algo de lo que no puedo decir nada.

Eso sí, creo que eso no va a ser ni beneficioso ni positivo para controlar la pandemia. La persona se va a llevar la prueba a su casa, se hará un test e interpretará. Debemos confiar en su responsabilidad y en que ese ciudadano se coordine con el centro de salud para gestionar un posible positivo.

El Consejo de Ministros ha aprobado el anteproyecto de ley de la eutanasia. Su  inclusión como servicio en la cartera básica se ha tramitado de forma exprés. ¿Qué papel jugarán las enfermeras?

Desde el momento en el que se publicó el proyecto de ley dijimos que teníamos que estar porque participamos en ese tipo de prácticas. La enfermera es la que administra y la que realiza el acto en sí. Tiene un componente profesional y personal tremendo que repercute en la persona.

Tenemos conocimiento de que las enfermeras estamos en las Comisiones de Garantías, como pedía la ley, y confiamos en que ninguna comunidad autónoma nos deje de lado. Dicho esto, hemos dejado claro que se tiene que respetar la voluntad de cada uno de los profesionales. No se puede imponer, a nadie que forme parte de la actividad si su conciencia se lo impide.

Se está creando un registro de profesionales sanitarios objetores. Imagino que en ese listado estarán las enfermeras…

Claro. Es muy necesario. Tanto médicos como enfermeros deben estar en este registro.