Hace tres meses, el mundo volvió su mirada hacia Venezuela. Las imágenes de edificios colapsados, familias durmiendo a la intemperie y comunidades enteras buscando a sus seres queridos ocuparon titulares, redes sociales e informativos internacionales.

Como ocurre en casi todas las emergencias, la solidaridad llegó rápidamente. Equipos humanitarios se movilizaron, donantes respondieron y miles de personas recibieron asistencia para sobrevivir los primeros días.

Pero las emergencias tienen una paradoja: Las necesidades apenas comienzan. Hoy, cuando las cámaras empiezan a marcharse, miles de niñas y niños venezolanos siguen viviendo las consecuencias del doble terremoto que sacudió al país el pasado 24 de junio.

Más de un millón de personas continúan necesitando asistencia humanitaria y la recuperación apenas se ha iniciado. En el mundo humanitario solemos decir que salvar una vida es solo el primer paso. Lo verdaderamente difícil es ayudar a reconstruirla.

Las primeras semanas estuvieron marcadas por la urgencia: alimentos, agua, refugio, atención médica y protección para quienes lo habían perdido todo.

World Vision logró asistir durante el primer mes a más de 44.000 personas mediante intervenciones en alimentación, agua, saneamiento, protección y refugio. Sin embargo, ninguna familia puede vivir indefinidamente de la asistencia de emergencia.

Por eso comienza ahora la etapa más compleja y, probablemente, la menos visible: la recuperación temprana.

Dos personas reciben ayuda humanitaria en Venezuela tras el terremoto.

Dos personas reciben ayuda humanitaria en Venezuela tras el terremoto. Cedida

Cuando una escuela permanece cerrada durante meses, el riesgo no es solamente perder clases. Aumentan las probabilidades de abandono escolar, trabajo infantil, matrimonio temprano y otras formas de violencia contra la infancia.

Cuando un centro de salud deja de funcionar, una enfermedad prevenible puede convertirse en una emergencia. Cuando una familia pierde su fuente de ingresos, la pobreza deja de ser temporal y comienza a heredarse.

La verdadera reconstrucción ocurre mucho antes de que se levanten nuevos edificios. Empieza cuando una niña vuelve a sentirse segura para jugar o cuando un niño regresa a sus clases.

También cuando una madre encuentra nuevamente atención médica y una familia recupera la posibilidad de generar ingresos. Ese es precisamente el siguiente paso de nuestra respuesta.

Durante los próximos meses trabajaremos para restaurar medios de vida, fortalecer los sistemas de agua y saneamiento, contribuir con la rehabilitación de las escuelas y servicios de salud, crear espacios seguros para los niños y niñas y acompañar a las comunidades para que puedan hacer frente a futuras emergencias con mayor resiliencia.

No se trata únicamente de reconstruir infraestructuras, se trata de reconstruir la confianza. Porque los terremotos destruyen viviendas en segundos, pero recuperar la sensación de seguridad puede llevar años.

Un niño y un adulto recogen productos proporcionados por las ONG.

Un niño y un adulto recogen productos proporcionados por las ONG. Cedida

En este proceso hay una convicción que guía cada decisión: la infancia debe permanecer en el centro de la respuesta. No porque sean el grupo más vulnerable, aunque lo son, sino porque invertir en ellos significa proteger el futuro de todo un país.

Una comunidad que logra mantener a sus niñas y niños seguros, estudiando y protegidos durante una crisis tiene mayores posibilidades de recuperarse económica y socialmente.

Por eso el enfoque tiene que estar profundamente centrado en la infancia, integrando protección infantil, apoyo psicosocial, educación en emergencias y recuperación comunitaria como pilares inseparables de la respuesta.

Sin embargo, existe un desafío que amenaza esta segunda etapa.

La financiación humanitaria global atraviesa uno de sus momentos más críticos de la última década. Cada nueva emergencia compite por recursos cada vez más limitados. Con frecuencia, cuando desaparece el interés mediático también disminuyen las oportunidades de financiación, aunque las necesidades permanezcan durante meses o incluso años.

Las comunidades no dejan de necesitar apoyo porque la noticia dejó de ser tendencia. Al contrario. Es justamente entonces cuando la ayuda sostenida adquiere mayor valor.

La recuperación requiere aliados capaces de mirar más allá de la emergencia inmediata: gobiernos, organismos internacionales, empresas, iglesias, comunidades y donantes comprometidos con procesos a largo plazo.

Dos hombres cargan agua y otros productos para abastecerse tras el terremoto de Venezuela.

Dos hombres cargan agua y otros productos para abastecerse tras el terremoto de Venezuela. Cedida

Porque la verdadera medida del éxito de una respuesta humanitaria no es cuántos kits se distribuyeron durante la crisis. Es cuántas niñas y niños lograron recuperar su infancia después de ella.

En Venezuela, la emergencia aún no ha terminado. Ahora comienza el trabajo silencioso de reconstruir oportunidades, fortalecer comunidades y devolver esperanza donde el miedo aún permanece.

Ese trabajo rara vez ocupa las portadas. Pero es precisamente el que cambia vidas para siempre.

***Maribel Prada es directora nacional de World Vision en Venezuela.