En noviembre del año pasado, se celebró en Praia, la capital de Cabo Verde, la 4ª Conferencia Internacional de las Lenguas Portuguesa y Española (CILPE2025) Multilingüismo, Interculturalidad, Ciudadanía, liderada por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).
Por primera vez llevada a cabo en territorio africano, los objetivos perseguidos por la conferencia giraron en torno al fortalecimiento de la cooperación entre comunidades lingüísticas globales, al rol estratégico de las lenguas portuguesa y española en aspectos vinculados a la geopolítica, la economía, la ciencia y la inteligencia artificial, y finalmente, a la promoción de la ciudadanía intercultural y los derechos lingüísticos y culturales como cimiento de la democracia.
También fue una espléndida ocasión para apreciar las lenguas autóctonas como faros de diversidad, identidad y patrimonio.
Entre otros variados temas abordados en CILPE2025, nos vamos a enfocar en cómo las lenguas pueden contribuir a la promoción de la justicia social y de los valores democráticos congeniando preocupaciones globales y locales.
Las lenguas entroncadas con las culturas y los saberes, y jerarquizadas como un eje fundamental en la formación de las nuevas generaciones a lo largo de sus vidas, pueden contribuir a hermanar libertad con igualdad, desarrollo con sostenibilidad, inclusión con cohesión, y convivencia con diversidad.
En ese sentido, a la luz de las discusiones de la conferencia, me gustaría compartir tres reflexiones al respecto.
Una primera anotación nos señala que las lenguas tienen que ser sostenes fundamentales del propósito último de la educación que es formar seres libres y pensantes para que las y los estudiantes puedan liderar, desarrollar y responsabilizarse por estilos de vida autónomos, sostenibles, solidarios, saludables y autónomos.
En efecto, pueden ser canales fundamentales para promover el pensamiento, la cultura, el arte, las humanidades y las tecnologías a través de expandir y democratizar la riqueza e interdependencia de los conocimientos que UNESCO define como comunes a la humanidad (en inglés knowledge commons).
Dichos conocimientos son entendidos como patrimonio compartido y vinculante de la humanidad que contribuyen a fortalecer interdependencias más simétricas y diálogos componedores entre regiones, países, culturas y credos.
Una segunda anotación nos advierte que las lenguas son vías fundamentales para conectar con sentido los valores morales y universales con las identidades y culturas locales.
Se trata de que las lenguas contribuyan a repensar el modus civilizatorio orientado a congeniar una educación universal en sus propósitos últimos con una educación localizada culturalmente relevante.
Una educación universalista glolocal no implica la hegemonía de una civilización o cultura, sino la convergencia en valores morales comunes que dan cuenta de una humanidad intergeneracional compartida. Estos no pueden ser licuados ni evaporados bajo el encapsulamiento o encerramiento de cada cultura o lengua, o sujetos a los vaivenes de la geopolítica y de un mundo multipolar.
Las lenguas se fortalecen hacia fuera de sus supuestas fronteras removiendo barreras, superando prejuicios, y principalmente, tejiendo y enlazando.
Una tercera reflexión nos lleva a jerarquizar el rol de las lenguas en la localización de la educación, del currículo y la pedagogía. La localización implica la cohabitación de múltiples maneras de integrar, acercar y dar cuenta de diversidad de sensibilidades que se enmarcan en visiones abiertas al mundo y a la construcción con diferentes.
Se arguye y evidencia que las identidades y culturas locales son mejor comprendidas y valoradas sobre la base de un universalismo que abriga e incluye la diversidad. Una educación localizada no solo se circunscribe a visibilizar, sostener y proteger los particularismos y las identidades, sino que estimula la capacidad de dialogar con los diferentes y apreciar las diferencias culturales y lingüísticas como oportunidades para reafirmar el compromiso con la observancia de los derechos humanos y la democracia a escalas global y local.
Teniendo en cuenta estas tres reflexiones, consideramos pues, que las lenguas son valiosos puentes para fortalecer los sentidos de pertenencia y de apego a lo local y, a la vez, contribuir a diálogos interculturales que estimulen la solidaridad, la cooperación y los aprendizajes entre diferentes culturas.
En síntesis, una visión plural e inclusiva de las lenguas, enmarcadas profundamente en las culturas y conocimientos ancestrales, es clave para pensar y plasmar imaginarios de sociedad, apuntalar el desarrollo sostenible y cobijar la diversidad de identidades y expresiones en la sociedad.
Las lenguas, como ha quedado de manifiesto en la última CILPE, coadyuvan a formar seres libres y pensantes, a ligar valores universales y a localizar la educación atendiendo la especificidad de cada contexto.
*** Renato Opertti es presidente del Consejo Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).