Residuos electrónicos.

Residuos electrónicos. Cedida

Historias

Más de 800.000 toneladas de residuos electrónicos al año: así funciona la 'mina urbana' que España aún tiene por explotar

Los aparatos electrónicos contienen hierro, cobre, aluminio y hasta oro, plata o paladio que pueden recuperarse y volver a la cadena industrial.

Más información: 62 M de toneladas de residuos electrónicos en un sistema "estructuralmente insostenible": el 'precio' de la tecnología rápida

Publicada

Un ordenador que deja de funcionar. Un móvil que termina olvidado en un cajón. Una lavadora que ya no compensa reparar. Un servidor que ha quedado obsoleto. Todos tienen algo en común: cuando dejan de ser útiles, no desaparecen los materiales que contienen.

Hierro, aluminio, cobre, plásticos, cableado y placas electrónicas forman parte de esos aparatos. Y en estas últimas pueden encontrarse metales de alto valor como oro, plata o paladio. Lo que para el usuario es un residuo puede convertirse, después de pasar por una planta especializada, en una fuente de materias primas secundarias.

Es la lógica de la llamada minería urbana: recuperar recursos de los productos que ya están dentro de la economía en lugar de considerar que, cuando termina su vida útil, también termina su valor.

La dimensión del desafío da una idea de su potencial. España generó 804.362,78 toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) en 2023, según los últimos datos disponibles del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).

Ese mismo año se recogieron separadamente 448.201,57 toneladas. Del total recogido, 309.987,35 toneladas fueron destinadas a reciclaje y otras 6.455,93 toneladas a preparación para la reutilización.

'Dentro' del residuo

Un RAEE no es una pieza única. Es una combinación de materiales y componentes que deben separarse para poder aprovecharse.

ACS Recycling, empresa especializada en el tratamiento de estos residuos, señala que recupera principalmente hierro, aluminio, cobre, plásticos, cableado y placas electrónicas. Estas últimas concentran especial interés porque pueden contener metales de mayor valor, como cobre, oro, plata o paladio, que posteriormente son recuperados mediante procesos especializados de refinería.

"Prácticamente cualquier equipo electrónico puede convertirse en una fuente de materias primas secundarias", explica la compañía.

Acumulación de residuos electrónicos.

Acumulación de residuos electrónicos. Cedida

El valor potencial, sin embargo, no es igual en todos los aparatos. ACS Recycling sitúa entre los equipos especialmente interesantes, desde el punto de vista económico, los informáticos y de telecomunicaciones, los servidores y determinados equipos industriales, por su contenido en placas electrónicas, cobre y otros metales.

La composición, la antigüedad del equipo y la concentración de materiales recuperables determinan cuánto puede aprovecharse de cada residuo. Es ahí donde la minería urbana se convierte en un proceso industrial: separar lo que todavía tiene valor para que pueda volver a utilizarse.

Objetivo: materia prima

El camino empieza cuando el residuo llega a una instalación autorizada. Primero se pesa y clasifica. Después se realiza una descontaminación previa para retirar baterías, pilas y otros componentes que necesitan un tratamiento específico por su peligrosidad. A partir de ahí comienza la separación de materiales.

Según explica ACS Recycling, el tratamiento puede ser manual o mecánico y combinar procesos como la densimetría y la separación mediante imanes. El objetivo es obtener diferentes fracciones de hierro, aluminio, cobre, plásticos, cable y placas electrónicas. Después, esos materiales pueden volver a introducirse en la cadena industrial como materias primas secundarias.

En 2025, ACS Recycling gestionó 6.162 toneladas de RAEE, de las que 5.508 toneladas fueron tratadas en su planta. Según los datos facilitados por la empresa, su proceso permite recuperar más del 90% de los materiales tratados, principalmente hierro, plásticos, aluminio, cobre, cableado y placas electrónicas.

El proceso tiene además otra dimensión. Los RAEE pueden contener componentes que requieren una gestión específica, de ahí la importancia de que no sean tratados como un residuo convencional.

La propia normativa de gestión de estos residuos establece una jerarquía que prioriza la prevención y la preparación para la reutilización antes del reciclaje y otras formas de valorización. El objetivo es mantener productos, componentes y materiales dentro del ciclo económico siempre que sea posible.

La mina urbana

Hay una condición previa para que toda esta cadena funcione: el residuo tiene que llegar al circuito adecuado. La planta puede disponer de tecnología para separar cobre, aluminio o placas electrónicas, pero no puede recuperar aquello que nunca entra en el sistema autorizado de recogida y tratamiento.

Los datos del MITECO muestran la magnitud de esta corriente de residuos: de las 804.362,78 toneladas de RAEE generadas en España en 2023, se contabilizaron 448.201,57 toneladas recogidas separadamente.

Esa diferencia entre las dos magnitudes estadísticas no permite atribuir un destino concreto a las toneladas que no aparecen como recogida separada. Lo que sí pone de relieve, en cambio, es la importancia de disponer de sistemas de recogida y trazabilidad adecuados.

Una persona clasificando residuos electrónicos.

Una persona clasificando residuos electrónicos. Cedida

ACS Recycling sitúa precisamente aquí uno de los principales retos del sector: conseguir que una mayor cantidad de RAEE llegue a gestores autorizados. "Para aprovechar mejor esta 'mina urbana' debemos mejorar la recogida y la trazabilidad", señala la compañía.

La trazabilidad resulta especialmente importante porque el tratamiento no consiste simplemente en desmontar un aparato. Hay que identificar sus componentes, retirar aquellos que necesitan una gestión específica y separar las distintas fracciones para que puedan seguir caminos diferentes.

El MITECO dispone para ello de una plataforma electrónica de gestión de RAEE destinada a registrar y controlar información relacionada con la recogida y el tratamiento de estos residuos.

El volumen que mueve el sistema de gestión de RAEE también puede observarse a través de los datos de los sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor.

La Memoria Anual 2024 de European Recycling Platform (ERP) España recoge cerca de 33.000 toneladas de RAEE domésticos y profesionales recogidas durante 2024. La entidad contaba además con una red de más de 2.300 puntos de recogida de RAEE.

El balance publicado por ERP para ese ejercicio sitúa el volumen gestionado por encima de las 32.000 toneladas y señala un incremento del 6% respecto al año anterior. Aunque, más allá de la cantidad recogida, el dato vuelve a apuntar a la misma cuestión: cada tonelada que entra en los canales adecuados contiene materiales que pueden seguir teniendo una función económica.

ERP sitúa la recuperación de materiales y, cuando resulta posible, el reacondicionamiento de los aparatos dentro de su enfoque de economía circular. La gestión del residuo deja así de ser el último capítulo de la vida de un producto para convertirse en el comienzo de otro ciclo.

Valor ambiental

El incentivo para recuperar determinados RAEE puede ser económico. Algunos contienen materiales con un valor elevado y existe, por tanto, un interés evidente en separarlos. Pero reducir la gestión de estos residuos a una cuestión de rentabilidad sería quedarse solo con una parte de la historia.

ACS Recycling reclama precisamente un cambio de enfoque. "Un residuo no debería gestionarse únicamente en función del beneficio económico inmediato que pueda generar", sostiene la compañía. Su argumento es que una gestión correcta tiene un coste, pero también un valor ambiental: permite recuperar materias primas y componentes y reintroducirlos de nuevo en la economía.

Una persona desmontando un aparato electrónico.

Una persona desmontando un aparato electrónico. Cedida

El planteamiento encaja con la lógica de la economía circular: si un material ya está dentro del sistema productivo, recuperar su valor puede evitar que haya que empezar de cero con nuevos recursos.

Eso no significa que todo pueda recuperarse ni que cualquier aparato tenga el mismo potencial. Tampoco que el reciclaje sustituya a la reutilización o a la reparación. La propia jerarquía de gestión de los RAEE establece diferentes prioridades según lo que pueda hacerse con cada producto y componente. La clave está en mantener el mayor tiempo posible ese valor dentro del circuito.

Recuperar más y mejor

El siguiente paso, según ACS Recycling, pasa por dos vías: conseguir que una mayor cantidad de RAEE llegue a los canales autorizados y mejorar las tecnologías de separación.

La empresa apunta a la necesidad de desarrollar procesos capaces de recuperar materiales con mayor pureza y eficiencia. Porque la minería urbana no consiste únicamente en recuperar mucho. También importa qué se recupera, con qué calidad y qué posibilidades existen después de reincorporarlo a la cadena industrial.

Las cifras españolas muestran que ya existe un volumen considerable de residuos sobre el que trabajar. En 2023 se reciclaron cerca de 310.000 toneladas de RAEE y otras 6.455,93 toneladas fueron destinadas a preparación para la reutilización, según el MITECO. Y los datos de ERP para 2024 muestran que decenas de miles de toneladas más entran cada año en sistemas organizados de recogida y gestión.

El desafío, por tanto, no es descubrir una nueva mina. Es aprovechar mejor la que ya tenemos. Y está en los aparatos que se almacenan en una empresa, en los dispositivos que se sustituyen en un hogar, en los equipos que han quedado obsoletos y en todos aquellos productos que, al final de su vida útil, todavía conservan materiales capaces de volver a tener una función.

Por lo tanto, un residuo electrónico no es necesariamente el final de un recurso. Puede ser el punto de partida de otro.