Una imagen de 'Nosferatu'.

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Historias

Los vampiros sí existen: estos son los hematófagos que nos rodean, aunque no lo sepamos

El mundo animal está lleno de seres que han desarrollado cualidades que les permiten alimentarse de sangre.

Más información: ¿Eran los vampiros enfermos de porfiria? La ciencia detrás de cuatro criaturas de ficción

Raquel Nogueira
Publicada

Aristocrático y nocturno. Joven, bello y rebelde. Algunos son malos por naturaleza. Otros intentan ir contra natura y renegar de la sangre humana. El vampiro, en todas sus versiones, ha dominado la cultura popular desde que Bram Stoker publicara Drácula en 1897.

Pero ¿y si el vampirismo fuese más allá del mito gótico? Y es que, como señala la investigadora A. Victoria de Andrés Fernández, de la Universidad de Málaga, en un artículo publicado en The Conversation, se trata de una estrategia biológica muy real y extendida en el reino animal.

La hematofagia —el hábito de alimentarse de sangre— es un desafío evolutivo complejo. La sangre es un fluido rico en proteínas pero pobre en otros nutrientes esenciales como la vitamina B, y además tiene un mecanismo de defensa formidable: la coagulación.

Para sobrevivir, los animales hematófagos han tenido que desarrollar una suerte de farmacia química en su saliva capaz de engañar al sistema circulatorio de sus presas.

Y aunque parezca mentira, hay más animales de este tipo en nuestro entorno de lo que pensamos.

Draculina

El ejemplo más emblemático, citado por De Andrés Fernández, es el murciélago vampiro común (Desmodus rotundus). A diferencia de sus parientes que comen frutas o insectos, esta especie ha evolucionado para alimentarse exclusivamente de sangre de mamíferos.

Su secreto reside en una glicoproteína presente en su saliva, bautizada muy apropiadamente como draculina. Estudios bioquímicos han demostrado que esta es un anticoagulante extremadamente potente.

Imagen de archivo de murciélagos.

Imagen de archivo de murciélagos. iStock

La draculina funciona de tal manera que permite que la sangre de la víctima fluya ininterrumpidamente mientras el murciélago se alimenta. Además, investigaciones recientes han identificado otros compuestos en su veneno, que provocan una vasodilatación selectiva en las arterias de la presa, asegurando un suministro constante de sangre a la herida.

Por otro lado, la sanguijuela medicinal (Hirudo medicinalis), utiliza una estrategia similar pero con herramientas moleculares diferentes. Su saliva contiene hirudina, que es tan eficaz que ha trascendido su uso natural para convertirse en un fármaco clave en la medicina moderna. Con él se tratan la trombosis y los reimplantes de tejidos.

A diferencia de la draculina, que actúa en pasos intermedios, la hirudina bloquea la enzima final de la coagulación. Esto demuestra cómo la evolución ha encontrado diferentes soluciones químicas para el mismo problema: mantener la sangre líquida.

El enemigo en casa

Mientras murciélagos y sanguijuelas suelen habitar en la naturaleza, otros hematófagos han colonizado nuestros espacios más íntimos.

Ejemplo de estos vampiros cotidianos serían las chinches (Cimex lectularius) y los mosquitos. El caso de las primeras, además, es particularmente preocupante en el siglo XXI: tras haber sido casi erradicadas a mediados del siglo pasado, han protagonizado un resurgimiento global.

La literatura científica apunta a un fenómeno multifactorial: el aumento de los viajes internacionales y la resistencia genética a los insecticidas. Las chinches modernas han desarrollado mecanismos metabólicos para desintoxicar los pesticidas piretroides que solían matarlas.

Y aunque no transmiten enfermedades infecciosas de la misma manera que los mosquitos (vectores de malaria o dengue), su impacto psicológico y las reacciones alérgicas a sus picaduras las convierten en una plaga urbana de primer orden.

Su éxito radica en su capacidad para detectar el calor y el dióxido de carbono que exhalamos al dormir, convirtiendo nuestros dormitorios en su coto de caza.

Vampiros inesperados

También existen otras especies que desafían nuestra concepción tradicional de qué es un vampiro. Y es que, como indica De Andrés Fernández, la hematofagia ha surgido en linajes sorprendentes, demostrando la plasticidad de la evolución.

En las Islas Galápagos, por ejemplo, habita el pinzón vampiro (Geospiza septentrionalis), una especie que ha desviado su dieta habitual de semillas e insectos hacia la sangre de aves marinas como los piqueros de Nazca (Sula granti).

Según estudios evolutivos, este comportamiento probablemente comenzó como una relación de mutualismo: los pinzones limpiaban parásitos del plumaje de los piqueros.

Con el tiempo, aprendieron que picar un poco más fuerte para obtener sangre les proporcionaba una fuente crucial de líquidos y proteínas durante las estaciones secas.

Lo fascinante es que su microbioma intestinal ha convergido con el de los murciélagos vampiros y los carnívoros, desarrollando bacterias específicas (Peptostreptococcaceae) para digerir la sangre, un rasgo ausente en otros pinzones.

Aún más inquietante para algunos es la existencia de polillas vampiro, como la Calyptra thalictri. Mientras que la mayoría de los lepidópteros se alimentan de néctar, los machos de esta especie han modificado su boca para perforar la piel de mamíferos, incluidos los humanos, y beber sangre.

La hipótesis científica más aceptada, respaldada por estudios de la entomóloga Jennifer Zaspel, sugiere que este comportamiento evolucionó a partir de la costumbre de perforar frutas. Los machos buscan sodio en la sangre, un recurso escaso en su dieta vegetal, para ofrecérselo a las hembras como un regalo nupcial que mejora la viabilidad de sus larvas.

El candirú y otros vampiros

En el medio acuático también se encuentran ejemplos de vampiros, como el candirú (Vandellia cirrhosa), un pequeño pez gato del Amazonas.

A menudo rodeado de mitos terroríficos sobre su capacidad para invadir la uretra humana, la ciencia ha clarificado su comportamiento real. El candirú es un parásito que se aloja en las branquias de peces más grandes, mordiendo la arteria aorta para alimentarse.

Recientes hallazgos, como el primer registro de un Vandellia parasitando una raya de agua dulce en Brasil, confirman que su especialización es detectar el flujo de agua y los compuestos nitrogenados que exhalan sus presas a través de las branquias, no atacar intencionadamente a los humanos.