La calidad del sueño se resiente durante las noches tropicales.

La calidad del sueño se resiente durante las noches tropicales. E. E.

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El calor no deja dormir a Castilla-La Mancha: Toledo y Ciudad Real ya sufren más de 40 noches tropicales cada año

Los registros de la última década muestran un fuerte contraste entre provincias y evidencian el avance del calor durante las madrugadas.

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La cada vez más frecuente sucesión de noches tropicales se perfila como uno de los principales indicadores de la intensidad del calor estival. Las noches tórridas son una realidad que define el verano en varias de las principales ciudades de Castilla-La Mancha y condiciona la vida de sus vecinos.

Los registros de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) correspondientes a los diez últimos veranos —un periodo comprendido entre 2017 y 2026—, confirman decenas de madrugadas con el mercurio por encima de los 20 grados en diferentes localidades de la comunidad autónoma.

No obstante, los datos reflejan una brecha profunda dentro del territorio regional. Con carácter general, la mitad oeste es más cálida que la parte oriental. La altitud alivia el termómetro y ayuda al frescor nocturno. Las capitales de provincia sufren más noches sofocantes que la mayoría de los municipios próximos, un indicio del efecto de isla de calor.

Ilustración con el número de noches tropicales en algunas ciudades de Castilla-La Mancha.

Ilustración con el número de noches tropicales en algunas ciudades de Castilla-La Mancha. EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha

Durante el último decenio, en Almadén se han registrado 49 noches tropicales al año. Emplazada en la esquina suroccidental de Castilla-La Mancha, la ciudad minera también suele encabezar los registros de temperaturas máximas en la región.

Aquellos que tratan de descansar en las ciudades de Toledo y Ciudad Real entre finales de mayo y septiembre afrontan 44 y 43 noches tropicales anuales, respectivamente. En ambas capitales de provincia, casi una de cada dos noches de verano registra temperaturas mínimas por encima de los 20 grados.

La localidad de Puertollano, al sur de la provincia de Ciudad Real, contabiliza 37 noches de este tipo. En Hellín, uno de los confines del territorio regional en la provincia de Albacete, se dan 28 madrugadas sofocantes. En la capital de provincia y ciudad más poblada de Castilla-La Mancha —Albacete— se produce esta situación 26 veces al año.

Una situación algo más halagueña se da en Guadalajara, la segunda localidad con más habitantes de la región. En la capital alcarreña se constatan 22 noches tropicales por año. Cabe destacar el sorprendente dato que arroja Talavera de la Reina: una de las ciudades con máximas más altas de la región apenas contabiliza 21 noches tropicales.

Por su parte, Cuenca presume del registro más bajo del conjunto analizado. La capital provincial acumula una media de 13 noches tropicales al año, menos de la tercera parte de las contabilizadas en lugares como Almadén, Toledo o Ciudad Real.

La elevación de la ciudad patrimonio de la humanidad y unas condiciones geográficas más favorables contribuyen a un mayor descenso de las temperaturas durante la madrugada. Sin embargo, en Tarancón, una localidad de la misma provincia, el recuento de noches tropicales se eleva hasta las 36 cada verano.

La localidad de Molina de Aragón, en la provincia de Guadalajara, se trata de una de las ciudades más frías de España, una condición que también preserva durante el verano.

Efectos sobre la salud

El calor nocturno se ha convertido en un fenómeno habitual de los meses estivales en buena parte del territorio de Castilla-La Mancha. Las noches con más de 20 grados son cada vez más habituales y un reflejo de la persistencia de los episodios de calor intenso: el bochorno se prolonga más allá de la puesta de sol.

Estas noches de mínimas disparadas impactan en la salud de la población. La falta de frescor nocturno dificulta la conciliación del sueño, mengua la calidad del descanso y limita la recuperación del organismo tras una jornada de sofoco.

El recuento de noches tropicales, y el encadenamiento de madrugadas asfixiantes, producen efectos en el día a día de los ciudadanos. Un sueño alterado impide el descanso nocturno y prolonga la sensación de calor incluso después de la puesta de sol.