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Deseo y dolor en las relaciones sexuales durante la menopausia: cuándo es típico, cuándo psicológico y qué hacer
La sexóloga Ana M. Ángel Esteban aborda el asunto de las mujeres a las que el sexo les duele o han perdido las ganas.
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La psicóloga y sexóloga toledana Ana M. Ángel Esteban vuelve con una nueva entrega de su consultorio en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha, un espacio en el que trata cuestiones sobre la mente, las emociones y la sexualidad.
Hay muchas menos mujeres que consultan por este problema de las que lo sufren. Llegan preocupadas porque el sexo les duele o porque han perdido el deseo. Y me pregunto, ¿esto es la menopausia o hay algo más? Y casi siempre hay algo más.
La menopausia, con la caída de estrógenos, explica una parte real del problema: menos lubricación natural, tejidos vaginales más finos y menos elásticos y molestia en la penetración donde antes no la había. Esto es fisiología y tiene un tratamiento eficaz. Pero hay otros factores que no son menopausia.
Uno de los más importantes es la falta de práctica. El cuerpo, como cualquier función que se entrena, pierde flexibilidad y respuesta cuando pasa tiempo sin actividad sexual continuada. No es solo una cuestión de lubricación, que sigue existiendo en muchos casos, es que los tejidos, los reflejos de excitación y la propia confianza corporal necesitan uso regular para mantenerse activos.
Muchas mujeres que atraviesan periodos largos sin relaciones sexuales, por ausencia de pareja, o por evitación tras una primera experiencia dolorosa, encuentran que el cuerpo "se ha cerrado", literal y simbólicamente. Y aun en personas activas y fogosas sexualmente, cuanto más tiempo se pasa sin sexo, más miedo genera retomarlo, entrando en un círculo donde el dolor anticipado provoca tensión muscular y esta provoca más dolor. ¡Así que hay que ir a por el problema ya mismo!
Ahí entra el segundo factor: lo psicológico. La ansiedad anticipatoria ante el dolor es, en sí misma, causa de dolor. El cuerpo se prepara para la molestia contrayendo la musculatura pélvica antes incluso de que haya contacto. Todo esto se entrelaza con lo hormonal, y muchas veces lo agrava.
Por eso el abordaje tiene que ser doble. En el plano médico, valorar con ginecología la posibilidad de hidratantes o lubricantes vaginales de uso regular, y tratamientos hormonales locales cuando estén indicados. En el plano psicológico y corporal, trabajar la ansiedad anticipatoria, recuperar el contacto físico gradual sin la presión de "tener que llegar" a la penetración, practicar con juguetes o con tu pareja, aproximaciones tranquilas a la penetración para soltar la tensión defensiva, y también en pareja, hablar abiertamente de los miedos sin que se conviertan en un tema tabú.
Los juegos, y menos el "aquí te pillo aquí te mato", se hacen imprescindibles. Lo que nunca recomiendo es evitar por completo la actividad sexual esperando a que "se arregle solo". Eso suele empeorar el círculo. La recuperación, tanto física como psicológica, se construye con pasos pequeños, sin prisa y sin autoexigencia, no con la evitación.
1 ¿Cómo se puede saber si el problema es la menopausia o tiene un origen psicológico?
Casi nunca es una sola causa. Un dato orientativo: si el dolor aparece desde el primer contacto, incluso sin penetración, suele haber un componente de tensión muscular anticipatoria. Si el dolor aparece solo con la penetración y hay sequedad evidente, el componente físico-hormonal pesa más. Pero lo habitual es que ambos se combinen y se retroalimenten.
2 ¿Por qué la falta de práctica sexual empeora el problema, y no solo lo mantiene igual?
El cuerpo pierde flexibilidad tisular y reflejos de respuesta cuando no hay actividad continuada, como cualquier músculo que se usa durante una buena temporada. Además, el tiempo sin práctica alimenta el miedo a que "algo vaya mal" y este genera tensión defensiva que provoca el dolor que se teme.
3 ¿Qué se puede hacer cuando el miedo al dolor impide siquiera intentarlo?
Retomar la actividad sexual de forma gradual, sin el objetivo inmediato de la penetración. El contacto físico, las caricias y la exploración sin exigencia ayudan a que el cuerpo recupere confianza antes de asumir cualquier "prueba".
Ir despacio no es un fracaso, es mayor conexión, más confianza y más distensión. Es la estrategia que mejor funciona.
4 ¿Qué papel tiene la pareja en la recuperación del deseo y el bienestar sexual?
Un papel central. Cuando la pareja entiende que el dolor o la evitación no son un rechazo personal, sino una dificultad a resolver juntos, la presión disminuye y el proceso avanza más rápido.
El silencio y la interpretación errónea de la situación suelen ser más dañinos que el problema. Esto a menudo crea una frustración en la mujer y no debe ser así, ni una excusa para evitar sexo con la pareja.
5 ¿Cuándo hay que buscar ayuda profesional y qué tipo de ayuda es la adecuada?
En cuanto el dolor o la falta de deseo empiecen a generar evitación sostenida o malestar emocional, conviene consultar. Lo ideal es un abordaje combinado: ginecología para valorar el componente hormonal y físico y psicología o sexología para trabajar la ansiedad anticipatoria y la relación con el propio cuerpo. Ninguno de los dos enfoques por separado suele ser suficiente.
Practicar en casa, retomar activar esa zona con juguetes, lubricantes o con la pareja es esencial.