Andrés Iniesta en un partido con el F.C. Barcelona.

Andrés Iniesta en un partido con el F.C. Barcelona. FC Barcelona

Sociedad

Iniesta, 42 años: "De pequeño era del Real Madrid y no culé porque el Barcelona le metió siete goles al Albacete"

"Ahí pillé tal berrinche que me dije que el Barça no podía hacerle eso a mi equipo", confesó a Risto Mejide.

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Andrés Iniesta es para muchos el mejor futbolista de la historia de España, pero dentro de su círculo más personal sigue siendo el "Chico". Así es como le llaman cariñosamente en Fuentealbilla (Albacete), el pequeño pueblo de 1.804 habitantes en la comarca de la Manchuela que lo vio nacer dentro y fuera de los terrenos de juego.

Pese a haber pasado más de media vida en Barcelona, el centrocampista que dio a la Selección Española su primer Mundial de la FIFA en 2010 nunca ha perdido el acento manchego ni la sencillez de su tierra natal. Su historia comenzó entre andamios, un bar familiar y el firme empeño de un niño dispuesto a todo por ayudar a los suyos.

Una de las anécdotas más curiosas de la niñez del exfutbolista del Barça es que, originalmente, sus simpatías futbolísticas no eran azulgranas. "De pequeño era del Real Madrid y no culé", admitió el manchego en el programa 'Chester' de Risto Mejide.

Andrés Iniesta levantado la UEFA Champions League con el FC Barcelona en París.

Andrés Iniesta levantado la UEFA Champions League con el FC Barcelona en París. Redes

El origen de todo es el Albacete Balompié, su primer equipo del alma y por el que fichó tras realizar unas pruebas a los ocho años. "El Albacete jugó en el campo del Barcelona y le metieron siete goles. Ahí pillé tal berrinche que me dije que el Barça no podía hacerle eso a mi equipo", recordó entre risas.

La infancia de Andrés fue la de un niño cualquiera en el pueblo. Su padre, José Antonio, trabajaba de autónomo en la construcción como albañil y cuando el ladrillo escaseaba, no dudaba en marchar a la costa a trabajar de camarero.

José Antonio Iniesta y su hijo, Andrés Iniesta.

José Antonio Iniesta y su hijo, Andrés Iniesta. Redes

"Cuando tenía 12 años, mi padre tuvo que ahorrar durante tres meses para comprarme unas botas de fútbol", reveló Iniesta en una ocasión. El esfuerzo de aquel albañil caló hondo en su hijo: "Mi sueño de niño era ser futbolista, no tenía otra aspiración. Quería serlo por mí y por mi padre. Quería bajarlo del andamio".

Por su parte, su madre Mari, era quien se encargaba de las tareas del hogar y de echar una mano en el Bar Luján: el local que el abuelo materno de Andrés abrió en Fuentealbilla en 1975.

Andrés junto a su abuela.

Andrés junto a su abuela. Redes

Óliver y Benji, potajes y un gol de la NASA

El primer terreno de juego de Andrés fue la propia pista del colegio público Cristo del Valle donde creció jugando con su inseparable amigo de la infancia, Juanfran. Ambos compartían pupitre y la devoción por la serie animada 'Campeones' (Óliver y Benji), cuyos capítulos devoraban por la tele antes de salir corriendo para llegar al colegio.

Andrés era un niño precavido, tímido y muy respetuoso, pero en el verde se transformaba. Con solo ocho años, su padre le hizo debutar en un torneo con niños mayores que él. En aquel ruedo el pequeño Andrés anotó un gol a Juan Ramón Pardo —el conocido astrofísico que llegó a trabajar en la NASA.

Andrés Iniesta de niño con la camiseta del Albacete Balompié.

Andrés Iniesta de niño con la camiseta del Albacete Balompié. Redes

En casa, Iniesta era un amante confeso de los potajes y las lentejas al estilo de Castilla-La Mancha, tal y como desveló su fisioterapeuta de confianza, Emili Ricart. Sin embargo, siempre solía quejarse del menú a su abuela cuando tocaban habichuelas o macarrones: "¡Abuela, siempre comemos lo mismo!".

Su destino cambió radicalmente en 1996, cuando tras destacar en el torneo de Brunete (Madrid), el FC Barcelona llamó a su puerta. La decisión no fue fácil. Su primera respuesta fue un "no" rotundo, ya que anteponía el vínculo familiar a marcharse tan lejos. Sin embargo, su padre le hizo verlo como un reto y Andrés aceptó intentarlo durante un año.

Andrés Iniesta jugando en las categorías inferiores del Barça.

Andrés Iniesta jugando en las categorías inferiores del Barça. Redes

El viaje en coche desde Fuentealbilla hasta la ciudad condal lo hizo junto a sus padres y su abuelo. "Ese viaje fue tremendo", rememoró Andrés en otra entrevista. Al llegar, la realidad lo golpeó con dureza: "Esa noche en la que me quedé en La Masia y ellos se fueron al hotel fue una de las peores de mi vida", relata en su libro autobiográfico 'La jugada de mi vida'.

De hecho, la valentía de su padre flaqueó ante el llanto de su hijo; si no llega a ser por la firmeza de Mari, José Antonio habría dado la vuelta esa misma noche para sacarlo de la residencia azulgrana. "Te arrancan de tus raíces con 12 años, fue muy duro", afirmó públicamente.

Aquella separación prematura marcó su carácter y su salud mental, un tema del que Iniesta habla hoy con total naturalidad en su libro 'La mente también juega'. "Dejé de ser niño a los 12. Me pasó factura a mí y también a mi familia". Su madre llegó a reconocer el dolor de la distancia: "No tuve hijo", cuenta en su autobiografía.

Durante años, el éxito deportivo y los títulos con el FC Barcelona y la Selección Española fueron el bálsamo que tapaba ese sufrimiento interno. Ese vacío emocional estalló en la última etapa en el club blaugrana donde Andrés tuvo que recurrir a la ayuda de un profesional. "Físicamente era yo, pero por dentro era la nada. No era feliz".

Hoy, a sus 42 años, Iniesta saborea la paz junto a su esposa Anna y sus hijos, sin perder de vista Fuentealbilla. Un nombre que todos recordarán por ser la cuna del niño que comenzó con unas botas que costaron tres meses de trabajo para convertirse en el hombre que tocó el cielo en Johannesburgo.