Irene en su nueva casa en Cuenca.

Irene en su nueva casa en Cuenca. Cedida

Sociedad

Irene, la psicóloga que ha logrado comprar una vivienda por 9.000 € en la Serranía de Cuenca: "Aquí tenemos fibra"

Bajo el nombre @irenevilaurra, esta valenciana documenta el proceso de reforma de su nuevo hogar en una zona rural.

Más información: Los notarios agravan el desplome de la vivienda: las compraventas caen un 12% y los precios no paran de subir

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"Aquí tenemos fibra pese a estar en un pueblo de la Sierra de Cuenca alejado de la mano de Dios". Con esta rotundidad Irene Vila, una psicóloga valenciana, desmonta en una conversación con EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha uno de los grandes prejuicios sobre la España vaciada tras adquirir una vivienda de dos pisos y patio por apenas 9.000 euros.

Su experiencia choca de frente con el miedo que frena a miles de ciudadanos. Aunque el 63 % de los demandantes de vivienda en España desea vivir en zonas rurales, solo un 4% tiene la intención firme de trasladarse por el temor a la falta de servicios, el empleo y la brecha digital.

Casos como el de Irene demuestran que el mapa de la conectividad está cambiando. Además, en el país hay aproximadamente 3,8 millones de inmuebles vacíos, casi la mitad de ellos se encuentran en localidades de menos de 10.000 habitantes. De manera que estos entornos despoblados se convierten en una oportunidad real para acceder al mercado inmobiliario.

Irene en el pueblo de Cuenca donde se ha comprado una casa.

Irene en el pueblo de Cuenca donde se ha comprado una casa. Cedida

Tras comprobar que los precios en la capital del Turia eran desorbitados, esta psicóloga decidió ampliar su anillo de búsqueda. Fue su madre quien le dio el empujón definitivo hacia el pueblo de su abuela: "Te conoce todo el mundo, hemos crecido allí: me decía", narra.

Aunque al principio le pareció una locura por la distancia, la propuesta terminó calando. En portales como Idealista apenas figuraban opciones y por ende, optó al método tradicional: el boca a boca. "Iba con las vecinas y muy graciosas me decían: 'Esta creo que la venden, este va a morir pronto, no tiene descendencia'. ¡Y yo flipando!", recuerda.

Irene limpiando el patio de su vivienda.

Irene limpiando el patio de su vivienda. Cedida

El 18,8 % de esas viviendas vacías se encuentran en estado ruinoso, malo o deficiente. Con esa realidad se topó Irene al visitar la casa: "Mi primera impresión fue de decepción, tenía una instalación de luz muy antigua, el tejado era de cañizo y creaba humedades y apenas había electrodomésticos", apunta.

Antes de decidirse visitó otra propiedad en la localidad que "se vendía por 10.000 euros y estaba para entrar a vivir", sin embargo, no le convenció por ser oscura y carecer de patio. El inmueble de 9.000 euros, distribuido en dos plantas, salón, cocina, baño, dormitorios, sótano, desván y corral, la conquistó. "Vi que tenía muchas posibilidades, el corral es muy bonito y se me metió en el corazón".

Con ambas opciones en la mano, convenció a los propietarios para rebajar el precio final a esos 9.000. "Lloré de felicidad", confiesa. La firma se selló el 8 de agosto de 2025. Desde que se convirtió en propietaria, comparte en redes sociales (@irenevilaurra) cada avance y contratiempo.

Durante sus estancias para supervisar la obra, pintar o simplemente teletrabajar, se aloja en la vivienda de su abuela. "Aquí es donde duermo y hago mi vida cuando vengo. Quería una casa para mí en el pueblo", afirma.

Adquirir un inmueble por 9.000 euros esconde una inversión detrás. "Cambiar el tejado han sido casi 12.000 euros. Mínimo creo que 30.000/40.000 habrá que meter para arreglar puertas, ventanas, aislar todo y amueblar", detalla con total sinceridad.

A esto se suma a un problema que asola a todo aquel que se encuentra en proceso similar: la falta de mano de obra. "El albañil me dijo que para el tejado tenía que esperar mínimo año y medio". Además, la casa carecía de instalación eléctrica moderna, por lo que los trabajadores debían llevar sus propias baterías y generadores para enchufar las herramientas.

Irene con un carro de la compra en el pueblo.

Irene con un carro de la compra en el pueblo. Cedida

Pese a todas las barreras, el balance para Irene es más que positivo. Su plan es teletrabajar gracias a la fibra óptica alternando 15 días en Valencia y 15 en el pueblo durante el invierno, e instalarse allí los meses de verano. "En verano me gusta estar aquí, el clima es espectacular", subraya.

Frente a los que dudan sobre la vida social en un lugar tan remoto, la psicóloga valenciana se reafirma: "A mí no me importa socializar con alguien de 60 años ni con alguien de seis. Yo disfruto de estar aquí con ellos y los quiero a todos. Al final los pueblos son como una gran familia".

Mientras el sueño de comprar un piso en las ciudades se aleja cada vez más de los jóvenes, la historia de Irene demuestra que rehabilitar en la España vaciada exige paciencia e inversión, pero representa una puerta abierta a la independencia inmobiliaria.

"En la ciudad todo el mundo está a lo suyo, ocupado y con mil líos; aquí sales a la puerta y tomas el fresco charlando con los vecinos", concluye.