Jessica y Soledad brindando en su bar de pueblo en la provincia de Cuenca.

Jessica y Soledad brindando en su bar de pueblo en la provincia de Cuenca. Cedida

Sociedad

Jesi y Sole dejaron un restaurante con estrella Michelin para abrir un bar en Cuenca: "Podemos cerrar 3 días"

"Queríamos crear un concepto que nos permitiera unir trabajo y familia. No nos arrepentimos", afirma una de ellas.

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¿Se puede ser más feliz tirando cañas y cortando queso en un pueblo de Cuenca que trabajando en el olimpo de las estrellas Michelin? Para Jéssica Alfaro y Soledad López, la respuesta es un "sí" rotundo.

"Queríamos crear un concepto que nos permitiera unir trabajo y familia. No nos arrepentimos para nada", afirma tajante Sole al otro lado del teléfono mientras recuerda el giro de 180 grados que dieron a sus vidas hace apenas dos años.

Estas dos profesionales de la gastronomía decidieron bajarse del podio de la alta cocina internacional para abrir La Bodeguilla, un bar coqueto en Motilla del Palancar.

La pareja en la facha de su establecimiento hostelero en Motilla del Palancar (Cuenca), La Bodeguilla.

La pareja en la facha de su establecimiento hostelero en Motilla del Palancar (Cuenca), "La Bodeguilla". Cedida

Para Jesi, la filosofía de este "salto al vacío" es meridiana: "Son tus prioridades las que te mueven. La idea es no vivir siempre en un bucle de trabajo". Su historia es el reflejo de una receta que no mide el éxito en premios o estrellas, sino en calidad de vida.

Jesi es natural de Motilla, mientras que Sole nació en la localidad vecina de Quintanar del Rey. Sin embargo, el destino quiso que se conocieran a cientos de kilómetros entre aulas y fogones. Ambas coincidieron en el prestigioso Basque Culinary Center en San Sebastián (País Vasco).

Jessica cortando una pieza de atún en la estrecha cocina de La Bodeguilla.

Jessica cortando una pieza de atún en la estrecha cocina de La Bodeguilla. Cedida

Desde el primer momento conectaron en lo personal y profesional. Sole se especializó en la gestión de sala y sumillería, Jesi se enfocó por completo en la cocina. Tras finalizar su formación, iniciaron una intensa etapa que las llevó a recorrer el mundo.

Trabajaron codo con codo en Mugaritz, el restaurante con dos estrellas Michelin del afamado chef vanguardista Andoni Luis Aduriz. Después encadenaron aperturas y proyectos culinarios en lugares tan dispares como Singapur y Costa Rica.

Su última parada antes del retorno a la España rural fue Madrid donde, durante varios años, enlazaron jornadas laborales frenéticas e interminables que les hacía vivir por y para su desempeño profesional.

Algunas de las tapas que sirven.

Algunas de las tapas que sirven. Cedida

En esa etapa de hartazgo a Jesi se le encendió la bombilla y se planteó recuperar un viejo bar de su pueblo que llevaba bastante tiempo con el cierre echado. "Faltaba ese local de ambiente. Era una zona un poco muerta y queríamos darle vida", recuerda.

En apenas 30 metros cuadrados, La Bodeguilla de Motilla ofrece vinos de autor, cañas bien tiradas y tapas sencillas con un toque de autor como su "sobaanchoa" compuesta de un sobao pasiego, anchoa y queso añejo manchego.

"En Madrid tienes proyectos muy chulos, pero la gente de aquí se tiene que ir fuera buscarlos. Pensamos en hacer un proyecto que se adapte al pueblo: pequeño, divertido y con una inversión contenida", explica Jesi. "No queríamos meternos en algo muy grande", añade Sole.

En un sector donde sabes cuando entras a trabajar, pero no cuando sales, esta pareja demuestra que la conciliación y la hostelería son compatibles. La reciente llegada de su hija pequeña ha sido la prueba de fuego para su modelo de negocio, y la han superado con nota.

Para adaptarse a la maternidad, han tenido que reorganizarse, alternándose los turnos en el local para asegurar que la pequeña siempre esté atendida. Gracias a su sólida viabilidad durante estos dos años, han conseguido contratar a tres personas para mantener los ratios de descanso. Solo abren de jueves a domingo.

Sole expone con orgullo la solvencia del formato actual: "Realmente funciona. Es un modelo de negocio viable, podemos cerrar prácticamente tres días y medio o cuatro a la semana, según la temporada. Ya tenemos una cartera de clientes de confianza".

Jessica y Soledad en La Bodeguilla de Motilla.

Jessica y Soledad en La Bodeguilla de Motilla. Cedida

La Bodeguilla permite precisamente un tú a tú que muchos anhelan tras la pandemia. "Motilla no es ni grande ni pequeño, te permite llenar un local pequeño. Además, viene gente de alrededor y de paso porque estamos en la ruta Madrid-Valencia", añade la cocinera.

El camino durante estos más de 24 meses no ha sido llano, consolidar un bar tan diferente en un lugar de profundas tradiciones requiere de talento, honestidad y precisión. "Cuesta hasta que la gente entiende tu propuesta. Nuestro perfil más definido abarca desde los 30 hasta los 50 años", aseguran ambas.

Emprender en la España rural implica lidiar con la acuciante falta de mano de obra cualificada. "Ha sido uno de los mayores retos, no encuentras a gente profesional del sector", argumenta Jesi.

Los filetes de anchoa que protagonizan varias de sus tapas.

Los filetes de anchoa que protagonizan varias de sus tapas. Cedida

Próximo reto: formación frente a la escasez

Precisamente para erradicar esta problemática, la pareja ya tiene entre manos su siguiente paso empresarial en Motilla del Palancar. En otoño de este 2026 inaugurarán un nuevo espacio complementario centrado en la formación e innovación gastronómica.

Un aula que pretende convertirse en el epicentro de la educación del sabor en la comarca de la Manchuela conquense. "Si no encontramos profesionales, vamos a formarlos nosotros. Crearemos talleres, catas y formación", desgrana una de ellas.

Dos años después de coger el tren de vuelta a sus raíces, Jesi y Sole han demostrado que se puede hacer alta gastronomía de barra sin renunciar a ver crecer a una hija, dar un paseo por el campo o echar el cierre cuando el cuerpo pide un respiro.

"La gente es muy agradecida cuando alguien viene a hacer cosas nuevas. No es solo comer y beber: la gente busca planes de ocio", subraya Jesi para de seguido sentenciar este reportaje con el siguiente mensaje: "No tengas miedo, en los pueblos también es posible".