Jorge Martínez y Bárbara Aybar, residentes MIR de la especialidad de dermatología en el Hospital Universitario de Toledo.
Bárbara y Jorge eligen Toledo para formarse como médicos MIR: "Aquí los residentes son un apoyo, no una competencia"
Dos médicos llegados desde Asturias y Alicante relatan cómo es empezar de cero lejos de casa.
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Asturias y Elche quedan a cientos de kilómetros de Toledo, pero fue en la capital castellanomanchega donde Bárbara Aybar y Jorge Martínez decidieron dar uno de los pasos más importantes de su carrera profesional. Ella acaba de empezar su residencia en Dermatología; él inicia su tercer año en el mismo servicio. Dos trayectorias diferentes que reflejan por qué cada vez más médicos miran más allá de la cercanía a casa cuando llega el momento de elegir dónde hacer el MIR.
La experiencia de ambos llega, además, en un momento especialmente relevante para la formación sanitaria especializada. El Ministerio de Sanidad mantiene abiertas las negociaciones con los representantes de los MIR para introducir cambios en el futuro Real Decreto que regulará sus condiciones laborales y formativas.
Entre las medidas que se plantean figuran una mayor regulación de las guardias, límites a la jornada continuada y mejoras en la supervisión de los residentes, unas reivindicaciones que el colectivo lleva años reclamando.
Jorge Martínez y Bárbara Aybar, residentes MIR de la especialidad de dermatología en el Hospital Universitario de Toledo.
Todo ello coincide con la incorporación de una nueva promoción de especialistas. En la convocatoria MIR 2026 en España se ofertaron 9.276 plazas, la cifra más alta de la historia. Medicina Familiar y Comunitaria volvió a concentrar el mayor número de vacantes, mientras que especialidades como Dermatología continúan siendo de las más cotizadas por los aspirantes.
Mucho más que una nota
Precisamente, la Dermatología fue la especialidad que Bárbara descubrió durante la carrera y de la que ya no quiso separarse. "Al principio pensaba hacer Medicina Interna porque me gustaban mucho los casos complejos", recuerda. "Pero cuando llegué a cuarto de carrera y cursé esta especialidad me di cuenta de que era justo lo que estaba buscando".
Lo que terminó de convencerla fue la combinación de consulta, cirugía y capacidad resolutiva que ofrece la especialidad. "Es una disciplina muy variada. Puedes llegar al diagnóstico simplemente viendo al paciente y haciendo una buena historia clínica. Si hace falta, confirmas con una biopsia y además puedes comprobar tú misma cómo evoluciona con el tratamiento".
Con esa idea comenzó a preparar una de las decisiones más importantes para cualquier futuro especialista: elegir hospital. Aunque el número obtenido en el examen condiciona las opciones disponibles, ambos residentes coinciden en que la elección va mucho más allá de consultar un listado de plazas.
Bárbara Aybar, residente MIR de dermatología en el Hospital Universitario de Toledo.
Tras publicarse los resultados del MIR, los futuros residentes reciben un documento con los contactos de médicos que ya están formándose en los distintos hospitales. Es cuando comienzas las llamadas, los mensajes de WhatsApp y las conversaciones que, en muchos casos, terminan inclinando la balanza.
"Yo valoraba muchísimo la calidad formativa del servicio", explica Bárbara. "Pero también el ambiente entre los residentes. Para mí era muy importante encontrar un sitio donde hubiera compañerismo y no competitividad".
"Lo que me contaron me enamoró. Me hablaron de un equipo muy unido, de residentes que se ayudaban entre ellos y de una formación muy completa. Era exactamente lo que estaba buscando".
Aunque las primeras semanas están marcadas por los cursos de formación transversal y los numerosos trámites administrativos, ya ha podido conocer el funcionamiento del servicio y empezar a integrarse en la dinámica diaria.
Jorge Martínez, residente MIR, haciendo una prueba en la piel a una paciente.
"Ha sido un mes intenso porque no solo empiezas un trabajo nuevo. También cambias de ciudad, buscas casa y empiezas una vida completamente distinta. Pero estoy muy feliz porque siento que estoy donde quería estar".
Jorge Martínez recuerda perfectamente ese proceso de elección. Llegó desde Elche hace dos años y ahora, ya como residente de tercer año, asegura que volvería a tomar la misma decisión.
"Mi número de orden era bueno, pero no de los mejores. Quería un hospital relativamente cerca de casa, pero sobre todo buscaba una residencia donde pudiera formarme bien".
Confirmar las expectativas
Como hizo Bárbara, también contactó con los residentes antes de elegir. "Me hablaron del funcionamiento del servicio, de la autonomía que íbamos adquiriendo y de la actividad quirúrgica. Vi que era un sitio muy equilibrado".
A esa recomendación se sumó otra muy cercana. "Mi tía había hecho la residencia de Enfermería en Castilla-La Mancha y siempre me había hablado muy bien del sistema sanitario y del trato que había recibido".
Dos años después, uno de los aspectos que más valora es precisamente el grado de responsabilidad que adquieren los residentes.
"Tenemos un papel muy activo. No estamos únicamente viendo consultas. Tenemos nuestros propios quirófanos, pasamos planta y participamos directamente en la actividad asistencial, siempre supervisados".
"Cuando termine la residencia creo que saldré con un nivel formativo muy bueno. El servicio está muy bien organizado y eso se nota en el día a día", explica el residente.
La parte menos visible del MIR
Durante los últimos meses, las condiciones laborales de los MIR han vuelto al centro del debate nacional. Las largas jornadas, las guardias y la necesidad de reforzar la supervisión han llevado a los residentes a reclamar cambios que ahora negocia el Ministerio de Sanidad.
Jorge entiende bien esas reivindicaciones porque recuerda la dureza del comienzo. "Muchas veces nos venden la residencia como algo maravilloso, pero el primer año es complicado. Para la mayoría es nuestro primer trabajo de verdad y el cambio es enorme".
Por eso, el consejo que ofrece a quienes empiezan ahora es sencillo. "Que tengan muy claro por qué eligieron Medicina y por qué eligieron esa especialidad. Habrá momentos difíciles, sobre todo al principio, pero conforme vas creciendo dentro del servicio todo empieza a tener sentido".
Jorge Martínez, residente MIR en el Hospital Universitario de Toledo.
También insiste en la importancia de ajustar las expectativas. "La residencia es una carrera de fondo. Cada año ganas más autonomía, más experiencia y más confianza. No eres el mismo médico al terminar el R2 que cuando empezaste siendo R1".
Las historias de Bárbara y Jorge tienen puntos de partida distintos, pero comparten una misma conclusión: la elección de un hospital no depende únicamente del prestigio o de la cercanía al lugar de origen.
La formación, la autonomía, el ambiente entre compañeros y la posibilidad de sentirse acompañado durante una de las etapas más exigentes de la carrera pesan tanto como el propio número de orden del MIR.
Bárbara Aybar, junto a su tutora, Lidia, durante una consulta.
Un mes después de que la nueva promoción llegara a los hospitales españoles, Bárbara todavía descubre cada día una especialidad que llevaba años imaginando. Jorge, en cambio, ya mira hacia el final de la residencia y empieza a plantearse dónde ejercerá cuando termine su formación.
Entre ambos apenas hay dos años de diferencia, pero juntos reflejan el recorrido que hacen miles de médicos cada verano: dejar atrás su ciudad, empezar de cero y aprender una profesión en la que, más allá de la nota del MIR, el lugar donde uno se forma puede marcar toda una carrera.