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Castilla-La Mancha es el viñedo más grande del mundo al contar con una extensión de aproximadamente 437.000 hectáreas. Sin embargo, el mercado sigue infravalorando sus vinos por la arraigada tradición entre los viticultores manchegos de primar la cantidad ante la calidad.

En este contexto, han surgido figuras como Antonio Serrano que, desde Villarrobledo (Albacete), apuesta por elaborar vinos de mayor complejidad y valor añadido en tinajas de barro para "demostrar internacionalmente que no tenemos nada que envidiar a los riojas y riberas del duero".

La bodega familiar de este joven enólogo de 33 años que atiende por teléfono a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha ha recibido este lunes otro prestigioso reconocimiento: su vino 'Etiqueta Negra 2020' ha sido nombrado 'Mejor Vino Tinto de las Añadas 2020 y Anteriores' en el concurso Vinos Imprescindibles de Castilla-La Mancha 2026 donde han participado 62 bodegas y 16 denominaciones de origen de toda la comunidad.

Vino de Antonio Serrano premiado. Wine Up

Un galardón entregado por la crítica australiana Beth Willard, en representación del famoso catador Tim Atkin.

"Que estos críticos hayan venido a Castilla-La Mancha es que vamos bien encaminados", celebra a lo que añade "en Alemania o Groenlandia no conocen La Mancha y se guían por estos profesionales".

Detrás de los 19 euros que cuesta cada botella de su 'Etiqueta Negra' se esconde un largo proceso. "Los costes son bastante altos porque tenemos viñas centenarias que dan cuatro uvas y cada botella se pasa 2 años y medio de crianza", apunta.

Antonio en su bodega.

Tras formarse en los mejores viñedos de Ribera del Duero, la Rioja y Montpellier, Antonio decidió resucitar la explotación de su familia en el año 2015 siguiendo su vocación y contando con el apoyo de los suyos, especialmente el de sus dos hermanos: Guada (ingeniera agroalimentaria) y Javi (ingeniero industrial).

"Mi bisabuelo tenía una pequeña bodeguita cerca de la iglesia de Santa María donde vendía vino para todo el barrio. Había más de 300 bodegas así, de barrio. Mi otro bisabuelo, por parte de mi madre, era el enólogo del Marquesado de Villena", señala.

La familia Antonio Serrano.

Esa tradición vinatera de los Serrano se pierde en 1940 porque ni sus abuelos ni sus padres continuaron elaborando dicha bebida alcohólica. "Mantenían las viñas casi por obligación porque mi padre, por ejemplo, era albañil", recuerda.

"Me di cuenta que ni en Rioja ni en Ribera hacían vinos mejor que nosotros. Lo que nos faltaba era identidad", narra. Con esa seguridad, decidió recuperar el legado vinatero de sus antepasados, huyendo del modelo industrial y apostando por una filosofía artesana que está siendo la revolución silenciosa de los vinos manchegos.

Su particular crianza y conservación en auténticas tinajas de barro centenarias que se remonta a miles de años está conquistando paladares en todo el mundo. En apenas una década, la bodega Antonio Serrano suma reconocimientos a 'Mejor Vino de Castilla-La Mancha' en los años 2023 y 2024 que entrega la Guía Gourmets, el Mejor Airén de España por la Guía SeVi 2025 y el galardón como Bodega Revelación del país en los Best In Class Wine Awards 2024.

En la actualidad, el proyecto de Antonio Serrano cuenta con nueve hectáreas de viña vieja en Villarrobledo y 2,3 hectáreas de cepas en Villálvaro (Soria), en plena Ribera del Duero, algunas de ellas plantadas hace más de 80 años.

Una viña vieja de su bodega.

Apuesta por el cultivo en altura en plena llanura manchega, entre 750 y 1.000 metros de altitud, por el sabor y carácter que aporta. "Cuanto más alta está una viña, mejor sale el vino porque hay más contraste de temperatura entre el día y la noche y permite que la uva conserve su acidez y complejidad aromática mientras madura lentamente", detalla el joven enólogo.

Más allá de las tinajas de barro, el proceso es artesano desde el inicio. La vendimia es completamente manual y altamente selectiva. "Utilizamos cajas pequeñas de plástico para recolectar, ya que evitamos que el fruto se aplaste o sufra daño", puntualiza.

Antonio y su hermana recolectando.

La elaboración es fiel a la historia local gracias a esas tinajas de barro. "Villarrobledo ha sido el mayor fabricante de tinajas de toda Europa. La clave es que el barro de aquí tiene mucho silicato, como el cristal", apunta.

Esta composición hace que estos recipientes apenas transpiren y se conserven completamente secos por fuera, algo casi imposible en barricas de madera, por ejemplo. "Esa microoxigenación, sin llegar a empapar como un botijo, es lo que diferencia nuestro vino", añade Antonio.

Algunas de las tinajas que han recuperado.

Un trabajo minucioso pensado para que el producto final tenga unas características únicas. El portafolio de vinos de esta peculiar bodega es amplio y variado, destaca por supuesto 'Las Marianas Airén', pero también el Tempranillo, el Cerro Pasaconsol y etiquetas que combinan diversas variedades autóctonas y foráneas.

Ese amor por la tierra y por sacar la máxima calidad se extiende al área comercial a pesar de que la rentabilidad a veces es difícil de encontrar. "Cuesta mucho vender el vino y más con la fama que tenemos en Castilla-La Mancha de producir mucho y sin calidad", lamenta.

Su visión para el futuro vitivinícola de la región pasa por "hacer vinos de guarda". Una estrategia que puede dar sus frutos: "El futuro de los vinos manchegos, si seguimos por esta línea, puede apuntar muy alto", concluye.