Inmaculada Oballe, obra de El Greco.

Inmaculada Oballe, obra de El Greco. Museo del Prado.

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De mujer maltratada a benefactora de El Greco: Isabel de Oballe, la toledana que hizo las Américas

Legó su fortuna a la ciudad que la vio nacer para levantar una capilla que acabaría albergando una de las grandes obras de El Greco.

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Isabel de Oballe fue una pionera toledana del siglo XVI cuya vida navegó entre las costas americanas y europeas. Ella fue una de las primeras mujeres en llegar a Nuevo Mundo con la intención de salir de una vida de maltrato y convertirse, sin saberlo, en una gran benefactora de el Greco.

De cuna humilde y hija del sofiel —hoy tesorero o contable—del Ayuntamiento de Toledo, Juan de Oballe, y de madre ama de casa procedente de Esquivias, Isabel de las Martas, se convirtió en una mujer hecha a sí misma cuya fortuna le permitió ser una de las grandes y últimas benefactoras de Doménikos Theotokópoulos, el Greco.

Gracias al testimonio de Bartolomé de Robledo, un vecino de los Oballe, se sabe que la joven Isabel sufría maltrato por parte de su padre y de su hermano. Quizá aquella vejación familiar unida a otra serie de factores fue lo que impulsó a la castellana, en 1530, a dejar atrás una de las ciudades españolas con más historia para cimentar la suya propia al otro lado del charco.

Siendo mujer, joven, soltera y con pocos recursos, la toledana emprendió un largo viaje que duró muchos meses y acabó brindándole uno de los capítulos más prósperos de su vida. De Toledo viajó a Sevilla, su primer destino, y en la ciudad andaluza obtuvo los permisos necesarios para poder embarcar y empezar su travesía.

Fue un largo viaje de dos meses que estuvo repleto de tensión, penurias e incertidumbres en el que la toledana mostró su coraje. Hubo de todo, falta de higiene, piratas, y los riesgos que para su integridad física tenía ser mujer en aquella época.

Al pisar el Nuevo Continente, Isabel continuó su camino hasta la Ciudad de los Reyes. En la actual capital del Perú, Lima, la joven forjó una fortuna y se casó hasta en dos ocasiones. Su primer 'sí' para siempre fue con Cristóbal de Burgos de quien enviudó y en sus segundas nupcias se comprometió con el noble vizcaíno Pedro López de Sojo.

Aunque ambos matrimonios le proporcionaron una vida tranquila y acomodada, la de Toledo nunca fue madre. Sin hijos ni nietos a los que dejar su patrimonio, Isabel decidió dejar su riqueza a la ciudad que la vio nacer.

En su testamento —redactado el 8 de marzo de 1557— dejaba parte de su monto a su marido con el requisito de que este jamás volviera a contraer matrimonio con otra mujer, el deseo de ser enterrada en una capilla dentro de la iglesia de San Vicente Mártir en Toledo y que parte de esa riqueza se convirtiese en dote para doncellas huérfanas o de buena casta y en cimento para crear obras pías.

Aunque las palabras que conformaron sus últimas voluntades fueron desatendidas, Isabel consiguió ser —post mortem—la última gran benefactora de El Greco. En su deseo por regresar a su casa, la castellanomanchega murió a mitad de camino. Cerró sus ojos para siempre en Sevilla, la ciudad que la vio partir llena de desasosiego años atrás y que la acogió para dar su último suspiro convertida en una mujer acaudalada y con una gran fortuna.

Su segundo marido no respetó el anhelo de Isabel, de hecho, existieron numerosas trabas legales que involucraron a posteriores esposas e hijos del noble. Tras la cortapisa, el Ayuntamiento de Toledo se encargó de hacer regresar los restos mortales de su vecina y velar porque la iglesia de San Vicente —donde quería ser enterrada— estuviese en óptimas condiciones para instalar la capilla compuesta por un altar y una pintura al fresco.

En un principio, la pintura iba a ser obra del italiano Alexandro Semini. Sin embargo, debido a su repentino fallecimiento, fue El Greco el elegido para, una vez más, demostrar su maestría en el arte a toque de pincel.

San Ildefonso, del Greco, Se conserva en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

San Ildefonso, del Greco, Se conserva en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Wikipedia

El Greco acabó cumpliendo los deseos de la difunta Isabel y elaboró cuatro pinturas que adornaban la capilla donde, a día de hoy, descansan sus restos. La Inmaculada Concepción, La Visitación, San Pedro y San Ildefonso son los cuadros que custodian el sepulcro de la mujer que se fue a las Américas con una maleta llena de inquietudes y la trajo de vuelta repleta de billetes.

Todas las pinturas que conforman el retablo de la capilla Oballe tienen un sentido. San Ildefonso es el patrón de Toledo, San Pedro en honor a su segundo marido, La Visitación de Santa Isabel en homenaje a la propia Isabel de Oballe y la Inmaculada, un lienzo de 347 x 174 cm sobre el que descansan en armonía la idea compositiva, los trazos, los colores y el resultado de una obra final que quedó enmarcada para la eternidad.

Isabel, la niña pobre y maltratada, que hizo las Américas en busca de un sueño, ha pasado a la historia de Toledo como la última de las benefactoras de El Greco y su figura es hoy muy admirada.