Imagen de un termómetro del casco histórico de Toledo.

Imagen de un termómetro del casco histórico de Toledo. Ángela Pulido Díaz

Región CLIMA

Castilla-La Mancha registra 26 muertes atribuibles al calor en el peor inicio de verano de los últimos cuatro años

Se trata del inicio más letal de un estío desde 2022. Hasta el 28 de junio se han contabilizado siete fallecimientos más por esta causa que hace un año.

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Las altas temperaturas han provocado 26 defunciones en Castilla-La Mancha. Se trata del dato más elevado de los cuatro últimos años y confirma que el primer episodio de calor intenso del verano ha tenido un impacto luctuoso.

La mayor parte de estos fallecimientos se ha concentrado en la segunda quincena de junio —aún en curso—, unos días marcados por el aumento de las temperaturas y la primera ola de calor de la recién inaugurada estación.

Entre el 15 de mayo y el 28 de junio, las muertes atribuibles al calor en Castilla-La Mancha han alcanzado su tercer dato más alto desde 2015. La cifra de 2026 supone un incremento respecto a los anteriores.

En el mismo periodo de 2025 se contabilizaron 19 muertes relacionadas con el calor, siete menos que en la actualidad. En 2024 no se registró ningún fallecimiento atribuible a la temperatura, mientras que en 2023 fueron cinco.

Aunque el balance de 2026 se sitúa por encima de los ejercicios más recientes, queda todavía lejos de las elevadísimas cifras de 2017 y, sobre todo, de 2022, cuando se notificaron 84 y 102 defunciones, respectivamente.

Lejos de los máximos, la mortalidad en la región durante las primeras semanas de cada campaña estival contabilizó seis muertes en 2015, una en 2016, cinco en 2018, tres tanto en 2019 y 2020, y ninguna en 2021.

Por tanto, la evolución de la estadística refleja que la incidencia del calor extremo varía de forma considerable de un verano a otro.

Pese al aumento de las muertes atribuibles a las altas temperaturas, la mortalidad general no ha mostrado, hasta la fecha, un alza significativa de la mortalidad. El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) ha contabilizado 2.323 defunciones observadas desde el 15 de mayo y el 28 de junio, frente a las 2.331 estimadas.

La evolución diaria sí ha evidenciado importantes oscilaciones. A finales de mayo y durante los primeros días de junio se han registrado varios picos que han superado las 60 defunciones diarias.

Posteriormente, la mortalidad ha descendido durante buena parte de la primera quincena del mes, con jornadas cercanas o incluso inferiores a las 40 muertes, antes de experimentar un nuevo repunte en torno a los días 22 y 24 de junio, dos fechas marcadas por los mercurios disparados.

Por tanto, los datos apuntan a que el calor ha tenido una incidencia concreta y localizada sobre la mortalidad, aunque no ha modificado de forma sustancial el balance global de fallecimientos en el último mes y medio.

El calor que asoma

Sin embargo, el aumento de las defunciones atribuibles a las altas temperaturas constituye un indicador de especial relevancia al comienzo del verano. Su incidencia hasta finales de septiembre dependerá de los sucesivos episodios de calor que se sucedan: al final de esta semana, ya en los primeros días de julio, se prevé otro episodio de calor extremo.

Para mitigar los efectos de este fenómeno, se insiste en la importancia de la hidratación y la estancia en espacios frescos o refrigerados.

Además, se pide a los ciudadanos la ingesta regular de agua y se les desaconseja el consumo de bebidas con cafeína, alcohol o alto contenido de azúcar por su potencial deshidratante.

En paralelo, se plantea una especial protección para los colectivos vulnerables, especialmente las personas mayores, las embarazadas, las que tienen una movilidad reducida, las que padecen una adicción a las drogas y otras sustancias, y en las que concurren condiciones clínicas adversas.