El Alcaná

Los órganos de Toledo

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Los órganos de la Catedral de Toledo son el cielo mismo, las bóvedas altas enmudecidas latiendo al paso de los siglos, las manos del organista esculpiendo un pasado lleno de futuro. El Festival de Música El Greco terminó el sábado su ciclo de 2026 con la trigésimo segunda batalla de órganos, que ha convertido la ciudad en referente de este tipo de acontecimientos.

La música de órgano es una música muy especial, pues no hay que conocer nada, saber nada ni esperar nada, para dejarse mecer entre bóvedas y arquivoltas… Cuando tu alma quiere darse cuenta, ya estás enredado entre fusas y semifusas que vuelcan las corcheas del corazón.

Hagan la prueba y quítense prejuicios. Vayan a algún concierto de órgano. Conocerán otra visión de la vida, otro parámetro, una experiencia -ahora sí- metafísica, paranormal, del otro lado de la existencia. Para cualquier mínima sensibilidad, uno comprueba que sólo determinadas melodías y timbres son capaces de mecer el alma en el nido de su cuna.

La música amansa a las fieras… Y la de órgano, las adormece y hace soñar. Aquí traería el ruido de la política para ahogarlo en clave de sol.

No he leído ni entiendo una sola línea del pentagrama, pero desde niño me dejé arrullar por lo que puede denominarse música culta. Quizá fue la curiosidad de un carácter felino, pero lo cierto, como tantas otras cosas de la vida, yo quería descubrir lo inédito, distinto, complejo…

Si hay cosas que suscitan el aplauso, la admiración y el crédito del público, uno ha de entender por qué. La fijación con la música del órgano vino, obviamente, con Juan Sebastián Bach y sus famosas tocatas y fugas. Cuando la vida se emborrone y aturulle, vayan a casa y apaguen las luces.

Si pueden, conéctense unos auriculares adecuados y déjense llevar por alguna de sus composiciones para órgano. El caso de Bach es espectacular. Creaba para vivir y sacar adelante a sus innumerables hijos. Aquí fue cierta la aseveración de que, si la inspiración llega, ha de pillarte trabajando.

El genio alemán es uno de los cénit de la creación artística de todos los tiempos y demuestra que un hombre es capaz de alcanzar las más altas cotas de belleza en el espacio y el tiempo… de igual forma que siglos más tarde, ese mismo espacio y tiempo pueda ser devorado en holocausto por otro ente hecho de las mismas coordenadas de carne y hueso.

El género humano es indescifrable. Por ello, hay que bajar al infierno como Dante para conocer el mal, mirarlo de frente y combatirlo… Pero también nutrir el alma, cultivarla y ascender hacia los aledaños de Dios.

Jesús Carrobles, Sagrario Rodríguez o Juan José Montero son nombres ligados a esta apuesta definitiva por la cultura y lo bello en una de las ciudades más hermosas del mundo. Eres lo que pretendes, consigues y haces.

Por eso, pueden sentirse orgullosos de lo que han trazado desde aquel inolvidable año 2014, que puso El Greco de nuevo en vanguardia de la mano de Marañón. El Festival que ahora concluye es la estela de todo aquello y lo inteligente sería preservarlo en el tiempo con las luces que emanan de nuestro legado.

Los órganos de Toledo compendian el patrimonio inmenso de lo inmaterial, de aquello que los primeros griegos entendían como etéreo y no eran capaces de encerrar. Ahora la Catedral hiende su lanza hacia el VIII Centenario y abrirá su Puerta de Reyes como colosal partida hacia el primer Jubileo de su historia.

Después de una inmensa exposición que pudimos gozar durante el verano. No somos conscientes de la dicha y suerte que tenemos al rozar con la yema de los dedos la maravilla desenvuelta. Al compás de los siglos, al envés del tiempo, al reverso del ruido y la furia que nos maniata y debilita.

Háganse fuertes de espíritu y atrévanse a escuchar la suave melodía que concitan las manos artesanas de un organista. Y conozcan después a un maestro organero para saber cómo la precisión, la matemática, la música y la intuición pueden bailar juntas y desenvueltas sin jamás soltarse.

El órgano, ese instrumento, es la prueba rotunda de que la perfección existe. Aunque sea en la fragilidad de una llave que abre los cilindros de un tubo. Como Maese Pérez, el organista cuyo instrumento sonaba solo la Noche de Difuntos en la Catedral de Sevilla un año después de su muerte. Lo escribió Bécquer.

Que se dejó cautivar y subyugar por Toledo. La ciudad mágica. La ciudad onírica. La ciudad evanescente y etérea. Como decía Valle-Inclán desde un cigarral, si llueve se deshace.