El Alcaná

Un tirano menos

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Me sonrío cuando veo cómo la izquierda internacional ha recibido la noticia de la extracción de Maduro. Comenzando por la de aquí, que en algunos casos tiene fuertes lazos de unión, y concluyendo por la que ustedes quieran del mundo mundial.

Ahora el sátrapa y el tirano es Trump, un señor al que millones de estadounidenses eligieron hace año y pico para dirigir su nación, aún hoy la más potente del orbe.

Si algo debemos felicitarnos, es que Trump haya abandonado el principio de aislacionismo con que llegó al poder… Nos guste más o menos, pertenecemos a la civilización occidental, que es la que ha marcado el paso de la Historia, abriendo paso y camino con la libertad…

Y nuestros aliados naturales son Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia o Alemania. No China, Túnez, Venezuela, Turquía o Cuba.

El comunismo jamás ha traído nada bueno a la vida, aunque haya pertinaces que continúen con ello, más por beneficio propio que por aseo intelectual.

Sólo había que ver cómo estaba la Puerta del Sol el sábado por la tarde para comprender la decrepitud ética, moral y económica que arrastra un régimen comunista, socialista o bolivariano, con miles de exiliados en España llorando de alegría en un abrazo sin fin.

Llámenlo equis, pero sabemos de lo que hablamos. Ausencia de libertad.

Puedo compartir las objeciones que se realizan desde el derecho internacional. Pero son las mismas que no valieron para el pucherazo de Maduro hace un año y no pasó nada. Ya está bien de justificar a los tiranos, a quienes matan, extorsionan o depuran.

El comunismo es el régimen político que mayor número de muertos ha provocado en el planeta, si contamos los de China, la Unión Soviética, Cuba o Europa del Este en la postguerra.

El hecho de que el fascismo o el nacismo hayan sido también ideologías criminales no quita ningún pero al comunismo, que tuvo la suerte de no perder una guerra y repartirse el mundo con las democracias occidentales.

Pero no hay más que echar la vista atrás. Todavía recuerdo conmovido aquella mañana de noviembre cuando los telediarios daban la noticia de la caída del muro de Berlín.

Apenas tenía trece años y hubo alguien que me dijo que ya entendería de mayor por qué lloraba. Naturalmente que lo entiendo.

El liberticidio es un atentado contra el hombre y la Humanidad. La igualdad viene de origen y cuna, en las raíces de los derechos, pero jamás por la imposición, la doblegación o la purga. La igualdad no se impone, porque cercena la libertad y termina sometiéndola por abajo y por arriba.

Dictaduras, ni las del proletariado, como decía Popper. Eso es lo que no entiende la izquierda. Ahora se abre un proceso incierto y proceloso que veremos dónde y cómo culmina.

Las democracias liberales son imperfectas, pero han sido las que nos han traído los parámetros de bienestar y progreso que hemos alcanzado. Le pese a quien le pese. Y eso no tiene objeción alguna.

Si Capone cayó por la evasión de impuestos, Maduro lo puede hacer por el narcoestado. Ver a Miss Maletas 2020 pidiendo su liberación mueve a la risa y el esperpento. Zapatero está contento, dicen por ahí.

Ya arruinó España y se encargó después de arruinar Venezuela. Las transiciones pacíficas son muy complicadas; de ahí, el valor de la nuestra. El mundo es hoy más libre y los demócratas respiramos.