Leo, en este nuestro diario, que este sábado se han conjugado los astros en la capital toledana para que coincidan dos concentraciones antagónicas. Una, reivindicando el derecho de las mujeres al aborto. Un derecho que, más allá de lo que dice la ley, tiene que ser real y efectivo. La otra, una "fiesta por la vida" convocada por el proyecto Mater, un grupo vinculado directamente a la Iglesia para defender y proteger a las mujeres embarazadas en situaciones de dificultad. Que haya dos concentraciones con ideas contrapuestas en una misma ciudad, en el mismo día, a mí me parece, a priori, un signo de salud democrática, llámenme loca. Pero, al margen de opiniones, juicios e ideas, déjenme hablar de hechos.

El aborto en nuestro país es un derecho regulado por ley. Pero, atentos, la interrupción voluntaria del embarazo no se practica en ningún hospital público de Castilla-La Mancha. En ninguno. La sanidad pública de nuestra región, cuando tiene que cubrir ese derecho de las mujeres, las deriva a clínicas privadas. Clínicas que, habitualmente, no están en su ciudad, ni en su provincia, ni muchas veces en su región. Muchas mujeres son derivadas a clínicas de Madrid.

Clínicas en las que las mujeres se sienten solas, abandonadas y despreciadas en una de las decisiones más difíciles que tomarán a lo largo de su vida. ¿A ustedes les parece normal? ¿Me van a decir que el 99,9 % de los médicos de Castilla-La Mancha son antiabortistas o es que hay un lobby médico haciendo presión y un gobierno de la región al que le es más cómodo no entrar en este asunto? ¡Ay si fueran los hombres los que tuvieran que abortar!

Tengo un respeto absoluto por las mujeres que deciden abortar, porque solo ellas saben el por qué en ese momento de su vida no pueden afrontar ese embarazo. Tengo también todo el respeto del mundo por aquellos que consideran que deben defender el derecho a la vida, siempre y cuando no se dediquen a acosar a las mujeres frente a las clínicas, siempre y cuando las respeten como las personas adultas que son. Eso no siempre ocurre.

Y tengo un respeto absoluto por la vida. Por eso, no deja de sorprenderme este ruido atronador que a veces hacen sonar algunos para salvar a los "no natos" y el silencio aún más atronador de los mismos ante las decenas de miles de niños, ya con vida, asesinados en Gaza, en el Líbano, en Irán, y en otras tantas guerras.

También me llama la atención que muchos hayan puesto el grito en el cielo por esa imagen de Trump retratándose a sí mismo como si fuera Jesucristo, pero esos mismos callen cuando con sus declaraciones reales y sus actos Trump actúa como si fuera Dios. Me llamo Ángeles y estos son mis demonios.