Tengo una mala noticia para los puros: su reino de fronteras asfixiantes está cada vez más deshabitado. La mayoría de las personas somos capaces de aceptar la complejidad del mundo con humildad. No caemos en la tentación de pensar que tenemos una respuesta para todo. No nos gusta la guerra de Irán, claro, porque no hay razones de defensa propia ni amparo alguno por parte del derecho internacional. Pero tampoco creemos que haya que salirse de la OTAN. Tenemos ideas y, algunos, un poco de fe, pero no ideologías cerradas que pretendan actuar como salvavidas ante la propia inseguridad. Defendemos nuestros principios, pero sabemos que ninguno de ellos es más importante que una sola persona.

Vemos a los puros arrojarse certezas en el mundo digital y, a veces, tenemos la tentación de unirnos a ellos. Pero en el fondo sabemos que su seguridad no es más que una máscara que esconde el mismo miedo que todos tenemos.

Y en la vida personal, más de lo mismo. Nos encanta el último guitarrazo de Ultraligera y disfrutamos del vino y el cemento de Taburete. Nos hemos reído con el monólogo de Herrera de esta mañana y hemos aprendido con el análisis de Aimar hace un rato. Nos gustan las aventuras de Alatriste, pero también somos capaces de admirar el talento de David Uclés sin remordimiento alguno. Creemos que la economía se gestiona mejor en lo pequeño, que la familia es la medida de todo lo bueno y que el dinero es solo un medio. Pero respetamos que haya personas que sientan diferente, que acierten y se equivoquen en parámetros opuestos. Y viva Suecia, y viva también Robe y Mahler; y Hombres G y Dover y Sabina y Serrat; y los artículos de Camacho, de Bustos y de Estefanía Molina; y admiramos a Bardem porque es un actor mayúsculo, el mismo día que nos morimos de risa con Torrente Presidente.

Sabemos decir "no lo sé", "puede que tengas razón" y "vete tú a saber". Incluso podemos abrazar a un desconocido de la manifestación de enfrente porque tenemos clarísimo que lo que nos une es mucho más poderoso que las diferencias de pancarta.

Si algún puro ha llegado hasta aquí, debe de estar con ardor de estómago. Ya lo siento. Pero tengo una buena noticia: nunca es tarde para ingresar en el mundo de los imperfectos, contradictorios y muy libres seres humanos.

La era de las tribus urbanas pasó. Yo viví mi adolescencia en los 90. Me avergonzaba decir en público que me gustaban Alejandro Sanz y Héroes del Silencio. Pero aquello quedó atrás. Y no pienso volver al armario por muchas certezas que cuelguen de sus perchas. Prefiero la intemperie.