Lo dijo por lo bajo y, al lado de lo que después apuntó y anotó, pasó desapercibido, pero Page aseguró durante su intervención cuando Esther le preguntaba por las veces que en la calle lo invitaban a dar el paso para ir a Madrid, que "la gente vive el día a día con una ansiedad, que esto se le está haciendo eterno". Esa es la clave de los tiempos que vivimos en España, la eternidad en la que parece haberse parado el reloj del sanchismo, ya sólo pendiente de la próxima cortina de humo, bien sean los papeles de Tejero o el comodín de la Corona. De hecho, es esa una de mis dudas que están todavía por resolver en la deriva que llevamos, si Sánchez se atreverá a plebiscitar la monarquía para salvar su barco a la deriva.
Emiliano hizo lo que mejor sabe, analizar y hablar como pocas mentes preclaras la actual situación política. Dijo incluso que Sánchez es socialista lo mismo que Puigdemont español. Y que él no se identifica con la izquierda que incumple su palabra y hace lo contrario a lo que dice, algo que es marca de la casa de Sánchez. Relató incluso que el presidente del Gobierno, a la hora de pasar a la Historia, podrá salir en los libros pero no a la calle. Se está haciendo muy largo el tiempo, una eternidad… Tanto que Page propuso acortarlo para celebrar generales coincidiendo con andaluzas. Un dirigente del PP que conoce el percal dijo que bastaba que Page lo dijese para que Sánchez lo desechase.
A los representantes populares que estuvieron con Núñez a la cabeza, nobleza obliga, les soltó sin embargo una andanada enorme a cuenta del Estatuto. Es este punto especialmente el que me hace pensar que Page se quedará, no abandonará el barco y plantará cara a lo que hoy parece casi imposible, la dupla PP-Vox.
Desde luego, si alguien hay que puede vencer los pronósticos y saltarlos por los aires es el presidente de Castilla-La Mancha, aunque la empresa es hercúlea. En realidad, veo a Emiliano como un blanco fácil en mitad de la llanura, observado desde distintos tejados por los más diversos francotiradores. Sin embargo, su discurso sigue conectando con el común de la calle, aunque Núñez vuelva a recordarle lo de los ocho diputados. De algo de difícil venta como el aumento de escaños en el Parlamento, en cambio, Emiliano ha dado la vuelta al calcetín para centrarlo en el incumplimiento de la palabra dada y la desconfianza que ello pudiese generar.
Dijo que Sánchez o la izquierda parecieran haber perdido la brújula y que a Rufián sólo le falta mudarse a Galapagar para ser un españolazo. Rufián va camino de convertirse en el Vestrynge del XXI. También tuvo palabras para Koldo, de quien recordó que reclamó su regalo a voces en Fuensalida cuando al ministro Ábalos se le obsequió con un ejemplar de La Celestina. La puta vieja Celestina, curiosamente. No da puntada sin hilo y el ascenso de Vox lo atribuye al fracaso del PP y al éxito de la estrategia de la izquierda. "Una inmoralidad más… Cuanto mayor es la distancia entre lo que se hace en público y lo que se hace en privado, más sufren la confianza y la credibilidad". Calificó de "vomitivo" todo lo que este periódico viene desvelando del koldogate y no le preocupó que le preguntaran por Bono, de quien dijo se defendería solo.
Fue una entrevista larga, bien hilada y con todos los palos por tocar y sonar. Esther le quiso sacar el anuncio de su continuidad, pero no se dejó. "Si me presento, ganaremos las elecciones… Que no es lo mismo decir que si ganamos las elecciones, me presento". Lo está rumiando y tiene su grácil mayoría absoluta para decidir cuando quiera. Creo que ahora está más cerca del sí que del no, aunque ya se verá. Lo que parece cierto es que estos tiempos se nos hacen eternos. En realidad, vivimos toda esta legislatura como si fuéramos la marmota Phill. Menos mal que ha salido el sol y ha dejado de llover. Parece que es primavera.