Se ha hecho viral en Albacete uno de los primeros pasajes de Cuéntame, cuando un Carlitos todavía niño le pregunta a su padre por qué es del Real Madrid. Antoñito Alcántara (esa es la grandeza de un actor como Imanol Arias, que el personaje de la ficción supere la realidad) le contesta que porque lo ganaba todo. Y entonces un espabilado Carlitos repregunta con criterio cuál era su equipo antes de que el Madrid lo ganase todo. A lo que el Parriba contesta el Albacete.

En la mente preclara del niño se forja entonces la traición o, al menos, la impostura de abandonar al pobre en auxilio del rico. Algo a lo que, por último, el pater familias de la saga Cuéntame aduce "de mayor lo entenderás". Esto viene a cuento del Alba-Madrid de Copa del Rey del miércoles. Pero valdría, sin duda, para las relaciones internacionales a lo Donald Trump.

Albacete se ha convertido en una ciudad moderna, vanguardista y acogedora. La Navidad que ha dejado atrás ha sido sorprendente. Las luces que adornaron la calle Ancha desde el Altozano, espectaculares. Al modo de Larios en Málaga, jugaban con la música, el sonido y el brillo incandescente de la mirada de quienes cruzaban por allí y se hacían niños de nuevo. Porque no lo olvide nadie, la Navidad es volver a la infancia; de ahí, sus traumas. Manolo Serrano se ha convertido en un gran alcalde de Albacete. Discreto, sencillo y parco a veces en palabras, su eficiencia, sin embargo, es evidente cuando se pone manos a la obra. Tiene buenos consejeros a su lado y algunas voces con criterio que lo asesoran adecuadamente. Mi buen amigo Calamardo, seguro que me da la razón.

Albacete se ha convertido en una ciudad cómoda para vivir. Probablemente ya lo era, pero el tiempo ha ido a su favor. Sobre todo, por el carácter de su gente, que ha hecho uno de los lugares más acogedores del mundo. Uno es de Albacete en cuanto pisa porque le abren los brazos de par en par. No te preguntan, no inquieren, es un Madrid pequeñito. En realidad, es el carácter manchego trasmutado por la topografía. Madrid, mil veces dicho, es un poblachón manchego. El espíritu de la Mancha es conciliador, llano, tierno, cabal, anchuroso y cálido. Uno es de aquí y de cualquier parte del mundo. La necesidad y la carestía nos hicieron así. Cuando alguien viene, no le preguntas qué da. Le ayudas si puedes en la dificultad mutua, y ya se verá.

Ahora, tontos no somos y enseguida vemos la liebre. Hay epicentros del mancheguismo que todo el mundo que quiera entender la Mancha, el Quijote y la Literatura Española debería conocer. Dos de ellos son Tomelloso y Albacete. El primero porque es el pueblo más anchuroso; el segundo, la ciudad más grande, Nueva York de la Mancha. El albacetense debiera ser como el gitano de Federico… Sentirse grande, guapo, altivo y orgulloso. Todo eso lo es, pero hacia adentro, increíblemente barnizado por la pátina de la humildad. Ese es su trono vecino al sol, la grandeza por la que su ciudad será recordada siempre. La Feria de Albacete es la más importante porque en diez días se vuelca todo eso que los albacetenses atesoran, en una noria que no deja de girar durante veinticuatro horas. Y así se construye ciudad y hasta se agiganta la Puerta de Hierros.

El Carlos Belmonte se llenará el miércoles y Albacete volverá a vivir una de sus noches de gloria. Aunque todos seamos en el fondo un poco Alcántara, Carlitos no dejará de latir en nuestros corazones. ¡Aúpa, Alba!