Acaso ninguna ciudad del mundo es tan contemporánea como Cuenca. Esta paradoja se la debemos a Gustavo Torner, el artista integral que falleció la semana pasada dejando tras de sí un rastro de belleza y compromiso incomparable en el ecosistema artístico español. Con sus viejas calles de piedra, sus iglesias desperdigadas por las cuestas y las hoces, con todo ese silencio que brota de su Catedral historiada: en medio de ese tiempo antiguo, Cuenca es el tiempo por venir. Esa mirada larga se la debemos a Torner, que se ha ido, a los 100 años, a colgarse de una casa en el cielo.

Nacido en la capital conquense en 1925, Torner fue ingeniero técnico forestal de formación. Pero su vocación artística autodidacta lo llevó a implicarse en las más variadas disciplinas: pintura, escultura, grabado, collage, diseño gráfico, fotografía, museografía, arquitectura, escenografía, vidrieras… Su obra es una constelación.

Quizá fuera su formación como ingeniero la que le enseñó a pensar la forma y el espacio como un diálogo en el que ambas dimensiones juegan a entenderse. Maestro de lo abstracto, nunca dejó, sin embargo, de anclar su trabajo en la realidad: el suyo es un arte "que no abandona nunca la referencia al mundo real como motivo y fundamento", según destacó el Museo Reina Sofía en la retrospectiva que le dedicó.

Pero, sobre todo, Torner supo devolver Cuenca al mundo. Descubrió para todos la ciudad pequeña y analógica que lo vio nacer, la convirtió en parada obligada para los grandes artistas internacionales y ligó para siempre su nombre al de ese pequeño museo lleno de grandeza, el Museo de Arte Abstracto Español.

El arte no fue, para Torner, un fin en sí mismo, sino un camino. "El hombre siempre ha buscado la belleza y eso es lo que le distingue de los animales", dijo en una entrevista al cumplir 90 años. Y añadía, con una lucidez que desarmaba a la modernidad: "He dicho siempre que el arte como concepto no figura entre mis creencias".

Torner ha llegado al futuro, a lomos de sus creencias íntimas y verdaderas, y habrá alcanzado, al fin, la gran respuesta. Su obra, en cambio, seguirá haciéndonos las preguntas que necesitamos.