Ilustración de don Quijote.

Ilustración de don Quijote. Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan.

Cultura

Constantino, el experto manchego que matiza a Nabokov sobre el "marcador secreto" de don Quijote

El cervantista de Alcázar de San Juan revisa el célebre recuento de 40 batallas que el escritor ruso hizo hace 70 años.

Más información: Tras los pasos del Quijote y sus legendarios gigantes de viento: un mágico viaje por los molinos de Castilla-La Mancha

Publicada
Actualizada

¿Cuántas batallas ganó o perdió don Quijote? La pregunta parece sencilla, pero lleva décadas escondiendo una respuesta mucho más interesante. Vladimir Nabokov contó 40 combates del caballero manchego y concluyó que había ganado exactamente la mitad: 20 victorias y 20 derrotas. Setenta años después, un cervantista de Alcázar de San Juan se ha atrevido a revisar aquel marcador.

Se llama Constantino López Sánchez-Tinajero y es miembro de la Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan. En su artículo Cuarenta batallas, un empate imposible: el marcador secreto de don Quijote, repasa capítulo a capítulo la aritmética que el autor de Lolita realizó en sus clases de Harvard y propone algunos matices.

No pretende jubilar el marcador de Nabokov. Al contrario. Considera que el 20-20 sigue siendo "la cuenta oficial y canónica" de las hazañas del ingenioso hidalgo. Pero sostiene que hay algunos lances que merecen ser revisados y, sobre todo, que existen victorias que no se libran con espada ni lanza.

Porque esa es precisamente una de las claves de su investigación: don Quijote gana muchas veces con la palabra cuando pierde con las armas.

En 1951, Nabokov se sentó a estudiar el Quijote como quien prepara el marcador de un partido. En la Primera Parte, el caballero consigue 13 victorias y sufre 13 derrotas. En la Segunda, suma siete triunfos y siete derrotas.

Nabokov distinguió además entre las victorias físicas y las morales. De los 20 triunfos que contabilizó, solo ocho serían victorias propiamente físicas. Las otras 12 llegarían por medio de la palabra, la autoridad moral o la capacidad de don Quijote para imponerse intelectualmente a quienes le rodean.

Ahí aparecen algunos de los momentos más conocidos de la novela: su discurso sobre las armas y las letras, su intervención ante Marcela o incluso su comportamiento cuando permanece encerrado en una jaula.

No era un perdedor

El marcador de Nabokov, por tanto, desmonta una idea muy arraigada: don Quijote no es simplemente un perdedor que recibe golpes en cada aventura. Su balance es exactamente del 50 %.

Y hay algo más. La batalla número 40 es precisamente la derrota que pone fin a su vida caballeresca: Sansón Carrasco, disfrazado del Caballero de la Blanca Luna, vence al hidalgo en Barcelona y le obliga a abandonar las armas.

Cervantes deja así la última batalla en derrota, pero el marcador global permanece en tablas.

Batallas que Constantino añade

Constantino López Sánchez-Tinajero acepta la cuenta de Nabokov, pero propone añadir cuatro victorias más, todas ellas alejadas de la imagen tradicional del combate.

La primera se produce en la discusión con el canónigo de Toledo sobre los libros de caballerías. Don Quijote permanece físicamente derrotado, encerrado en un carro de bueyes, pero responde con tal lucidez a las críticas del canónigo que consigue imponerse en el terreno de la argumentación. Es, para Constantino, una victoria dialéctica: el cuerpo está preso, pero la palabra permanece libre.

La segunda llega en la conversación con el Caballero del Verde Gabán sobre la poesía de su hijo Lorenzo. Don Quijote defiende que el joven pueda seguir su vocación literaria y ofrece una de las reflexiones más profundas de la novela sobre la educación y la poesía. El efecto es inmediato. El propio Verde Gabán, que inicialmente considera a don Quijote un loco, comienza a cambiar de opinión.

La tercera corresponde a la aventura de la cabeza encantada, en Barcelona. Don Quijote cae en una de las bromas organizadas por don Antonio Moreno, pero Constantino considera que el episodio termina con una pequeña victoria moral: el hidalgo sale reconfortado por la promesa de que el desencanto de Dulcinea llegará.

Y la cuarta se produce poco antes del final, cuando don Quijote se encuentra con don Álvaro Tarfe, personaje procedente del Quijote apócrifo de Avellaneda. En lugar de enfrentarse con él, le pide que certifique ante el alcalde que él es el verdadero don Quijote. Tarfe acepta y lo hace "de muy buena gana". Para Constantino es una victoria de identidad, una suerte de último triunfo antes de regresar a casa.

También corrige a Nabokov

El cervantista manchego no se limita a sumar cuatro combates. Junto a su compañero Luis Miguel Román Alhambra, introduce además cinco precisiones a la lectura del escritor ruso.

Entre ellas, apunta una batalla que Nabokov no habría contabilizado: la pérdida del aposento de los libros de caballerías, destruido mientras don Quijote se recupera de sus heridas.

También matiza la denominación de "caballero astroso" utilizada por Nabokov para referirse a Cardenio, recuerda que la llamada "garrucha" no es un instrumento de tormento sino el cabestro de Rucio, y considera que el enfrentamiento con el cabrero Eugenio termina realmente en empate, pues ambos acaban golpeados y ensangrentados.

También cuestiona que la caza del jabalí pueda contabilizarse como una victoria directa de don Quijote. Aunque el hidalgo se prepara para recibir al animal, no participa en su abatimiento, que corresponde a los cazadores y a los duques.

Todo ello lleva a Constantino a una conclusión que, en realidad, refuerza la intuición de Nabokov: "Las victorias más duraderas de don Quijote casi nunca las gana el brazo, sino la palabra y la dignidad".

El autor manchego insiste en que no pretende competir con la autoridad del escritor ruso. Su propósito es mucho más sencillo: volver a mirar un libro que creemos conocer y descubrir que todavía admite preguntas nuevas.

Porque quizá ahí esté la verdadera victoria de don Quijote. No en derrotar a gigantes, caballeros o ejércitos, sino en conseguir que cuatro siglos después sigamos contando sus batallas.