En Manzanares se vivió una tarde de toros de gran ilusión, tres jóvenes toreros que vienen con un gran palmarés de triunfos se toparon con una corrida de Las Ramblas con nobleza pero con falta del motor necesario para que la faena llegue al tendido y por ende, al espectador.
Que, aparte de la media entrada en la plaza, desde sus casas hubo otros muchos que así lo disfrutaron. Tras deshacerse el paseíllo, como ya es tradicional, después de escuchar el himno nacional, salía por chiquero ‘Empeño’, un toro flojito que gracias a que se cuidó mucho en el segundo tercio, pudo dar opciones a Borja Jiménez para torearlo con temple.
El diestro sevillano tuvo que basar gran parte de su faena por la mano derecha, dejando retazos de su expresividad torera. La estocada un pelín desprendida le permitió pasear la primera oreja de la tarde.
Ante el cuarto, de nuevo destacó la templanza de Jiménez. Recibió con mecidas verónicas a su enemigo con mucho empaque. A pies juntos inició la faena por alto para torear muy despacio con la derecha, gustándose y gustando. Lo mejor vino al natural, llevando las embestidas hasta el final.
Y para terminar de meterse al público en el bolsillo tiró de toreo de rodilla. Tras el pinchazo hondo, la media estocada le sirvió para pasear otra oreja que le permitiría salir a hombros. Hubo petición de una segunda, que el presidente no concedió. Recibió un aviso.
Samuel Navalón salió a por todas, con dos largas cambiadas en el tercio, saludó a su primero, para seguir con verónicas templadas y rematar con media. El temple seguiría con la muleta, donde ha tirado de toda su técnica para ir acoplándose a la embestida de su enemigo, con esa clase que le caracteriza.
Al natural lo ha provocado y aguantado mucho. Remató la faena con luquecinas. Estocada un pelín contraria y atravesada que le sirvió para cortar las dos orejas de su enemigo. El que cerraba plaza fue devuelto y en su lugar salió el sexto bis que le permitió tocar pelo de nuevo.
De nuevo la templanza combinada con la ligazón consiguió que la faena tomara sentido, gracias a como planteó el trasteo se pudo ver la capacidad de dicho torero para enfrentarse a un animal que el celo le falló, tirando el matador de la valentía. La estocada le permitió el corte de la oreja, aunque hubo petición de segunda también.
David de Miranda se fue con un sabor agridulce, puesto que la espada le privó de cortar las orejas y acompañar a sus compañeros en la salida por la Puerta Grande. A su primero lo recibió con suaves verónicas muy ajustadas y remató con una bella media. En redondo inició la faena.
Por el pitón derecho dejó pasajes de gran clase aunque faltó materia prima para que la faena alcanzara cotas más altas. La buena labor de Miranda logró tener al aficionado pendiente. Al natural tuvo que aguantar la embestida del astado. Finalizó con Mondeñinas muy ajustadas.
Lástima que el acero no entrara a la primera como lo hizo a la tercera, si no hubiera tocado pelo, me atrevería a decir que doble. El quinto no fue precisamente como dice el dicho, “no hay quinto malo”, sin llegar a ser malo, pero sí le faltó la fuerza que ha venido acusando la corrida toda la tarde, pero este ejemplar fue el que más querencia demostró.
Tuvo que sacarlo a los medios y aún así pocas posibilidades le ofreció para el triunfo. Mató de estocada y aunque hubo petición, no cuajó.
Ficha del festejo
Se han lidiado seis astados de Las Ramblas de juego desigual y escasos de fuerza. El sexto fue devuelto.
Borja Jiménez: oreja y oreja tras aviso
David de Miranda: ovación y palmas
Samuel Navalón: dos orejas y oreja.