Castilla la mancha

El charco de Rajoy

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Mariano Rajoy ha conseguido convertir una semifinal entre España y Francia en un pequeño incidente político internacional. Y lo ha hecho con una sola frase: «Francia tiene una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses».

Y comenzó el espectáculo. Racismo. Xenofobia. Indignación en Francia. Pedro Sánchez entrando al terreno de juego. Ministros opinando y las redes sociales organizando el habitual juicio sumarísimo. Conviene decir algo: Mariano Rajoy no se ha convertido de repente en un peligroso racista. Se puede criticar su frase. Se debe criticar.

Pero convertir una ocurrencia desafortunada en la prueba definitiva de una ideología xenófoba es ridículo. Rajoy fue presidente del Gobierno durante casi siete años. Su trayectoria es suficientemente extensa como para juzgarle por algo más que doce palabras en una columna deportiva.

Dicho esto, hay una pregunta inevitable. ¿A qué demonios venía escribir eso? Porque, además, el argumento se desmonta solo. De los 26 convocados por Francia, apenas tres nacieron fuera del país. Ousmane Dembélé nació en Vernon. Kylian Mbappé, en París. Aurélien Tchouaméni, en Ruan. Son franceses.

Otra cuestión es que sus familias tengan raíces africanas o de otros lugares. Como millones de ciudadanos europeos. El origen de tus padres o de tus abuelos no te convierte en menos francés. Y precisamente por eso resulta incomprensible que un expresidente del Gobierno de España decida entrar voluntariamente en semejante jardín.

Rajoy no es un tertuliano buscando un corte viral. No es un usuario anónimo de una red social. Ni el cuñado que lleva tres copas de vino y decide arreglar la inmigración europea antes del postre. Es un expresidente del Gobierno. Y sus palabras conservan inevitablemente una dimensión institucional.

La frase fue falsa, ilógica e innecesaria. No aportaba absolutamente nada. Podía hablar de Mbappé, del potencial físico francés o de la semifinal contra España. Pero eligió cuestionar la condición francesa de jugadores franceses.

Era imposible que aquello terminara bien. Lo grotesco ha llegado después. Una frase desafortunada se ha convertido casi en un conflicto diplomático. Francia indignada. El Gobierno español reaccionando. Pedro Sánchez hablando de xenofobia y racismo. Viendo algunas declaraciones, cualquiera pensaría que España ha movilizado tropas en los Pirineos.

Rajoy se equivocó. Pero no todo error convierte a quien lo comete en un monstruo. Quizá hemos perdido la capacidad de decir algo extremadamente sencillo: «Ha dicho una tontería». Y continuar con nuestra vida.

Mariano Rajoy no necesitaba escribir que Francia juega «sin franceses». Era falso. Era absurdo. Y, sobre todo, impropio de alguien que ha presidido el Gobierno de España. Pero convertirlo en el nuevo enemigo de la República Francesa es otro disparate. Un enorme, innecesario y perfectamente evitable lío.

Y todo por una frase que jamás necesitó ser escrita.