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Federico Fellini decía que los cómics son como una mariposa atrapada en un alfiler, pero su gran amigo Milo Manara (Luson, 1945) imprimió tal movimiento a sus personajes que las viñetas de sus álbumes se tornaron cinéticas.

La directora Valentina Zanella recorre la vida y la obra de este maestro del arte secuencial y referente del erotismo en un documental con su nombre estrenado en Filmin. El metraje recoge tanto testimonios de artistas allegados como Frank Miller, Paolo Conte y Vincenzo Mollica, como material de archivo de sus brújulas creativas: el onírico y desbordante director de La dolce vita y el libérrimo Hugo Pratt.

Manara formó parte de toda una generación que dignificó el noveno arte desde los márgenes del entretenimiento popular hasta los grandes museos. Su especialización le valió, sin embargo, no pocas críticas, pero el italiano siempre ha marcado una sólida frontera entre el erotismo, como una elaboración cultural del sexo, y la pornografía, que define como su representación mecánica, y achaca ese señalamiento al miedo político hacia el poder emancipador del deseo.

Pregunta. Cuando usted empezó en esta profesión, el cómic se consideraba una disciplina casi marginal. ¿Cómo ha vivido la metamorfosis desde esa liga menor hasta su entrada en galerías de arte y museos y su alta demanda en el audiovisual?

Respuesta. Debo decir que uno de los elementos interesantes de este documental es precisamente contar, a través de mi vida, la evolución que ha tenido el cómic. He sido testigo no solo de su evolución, sino también de su consideración cultural, que ha cambiado bastante en Italia y en España. No así en Francia, donde su rango cultural ya estaba consolidado, mientras que aquí siempre se trataba de una cultura no solo de serie B, sino C y D.

»Pero gracias a grandes autores como Hugo Pratt, Dino Battaglia y Sergio Toppi, pero sobre todo a grandes intelectuales como Oreste del Buono, Umberto Eco o el propio Fellini, que siempre declararon su estima por el cómic, pues lo consideraban una forma de expresión al menos al mismo nivel que la literatura y el cine.

P. Ha contado en varias ocasiones que descubrir el libro de Barbarella de Jean-Claude Forest fue para usted un “auténtico rayo”. ¿Qué vio en aquellas páginas para convencerse de que el cómic podía ser más que un entretenimiento?

R. Yo trabajaba en el estudio de un escultor español, Miguel Berrocal, que estaba casado con una mujer francesa a la que le llegaban desde París las novedades editoriales, tanto de literatura como de arte. Entre estas novedades descubrí Barbarella, y de repente comprendí que ese sería mi camino. No solo por el hecho de que fuera el primer gran cómic para adultos, sino porque cambió por completo mi visión y la de todo el mundo respecto al noveno arte. Antes se consideraba algo para niños con el Pato Donald, Mickey Mouse... Pero Forest demostró que también podía ser un vehículo narrativo con un enorme potencial cultural.

»Además, me fascinaba la posibilidad de crear universos enteros únicamente dibujando. En aquel tiempo yo estudiaba en la Facultad de Arquitectura de Venecia y estaba muy decepcionado con el arte figurativo.

P. ¿Qué peso tuvo el año 1968 y su tumulto en esa revolución interior?

R. Eran tiempos de inconformidad, y se protestaba también contra la Bienal de Venecia, porque tras el gran fenómeno del pop art americano, cuya primera exposición en Europa fue precisamente en la Bienal de 1964, el arte empezaba a tomar una dirección totalmente conceptual. Se abría así una distancia cada vez mayor entre el arte figurativo y la sociedad civil.

P. ¿Considera esa distancia vigente hoy en día?

R. Sí, hoy en día está completamente desconectado. Los artistas hacen exposiciones que solo ven ellos, que solo entienden ellos, y a la sociedad en general no le importa en absoluto lo que hacen. El arte figurativo no tiene un papel en la sociedad. La función social que tuvo durante milenios, cuando era la única forma iconográfica posible, cuando era la única manera que tenía la sociedad de autorrepresentarse, fue perdiendo progresivamente su rol tras la invención de la fotografía, del cine y de la televisión.

Algunos de los cómics de Manara Kplusfilm

P. Hugo Pratt solía predicar la supremacía del dibujante de cómics sobre el pintor tradicional. ¿Comparte usted esa provocación?

R. Hugo Pratt decía a menudo que el autor de cómics es como un escritor, pero que además sabe dibujar: tiene una supremacía respecto al escritor y respecto al pintor. Lo decía con orgullo y yo estoy totalmente de acuerdo. Luego depende de cada autor, claro, no todos somos grandes artistas. Hugo Pratt sin duda lo era y por eso podía permitirse decir esas cosas.

»No querría ofender a los artistas, aunque creo que lo saben perfectamente, pero mi punto de vista es que el arte figurativo ha perdido totalmente el contacto que tenía antaño. Por eso vi de repente en Barbarella el modo de recuperarlo. La manera en que el dibujo podía volver a tener una función, aunque muy reducido respecto al pasado, la posibilidad de volver a hablar con tu prójimo.

»Así que, al margen de la belleza del dibujo y de los temas para adultos -ya que su joven protagonista estaba a menudo desnuda y suponía un entretenimiento erótico-, había detrás una motivación social que me convenció para abandonar cualquier otra forma de pintura y dedicarme totalmente al cómic. Y no me he arrepentido de esa decisión.

P. Pedro Almodóvar y usted colaboraron en Fuego en las entrañas. ¿Qué afinidades encontró entre el universo estético y vital del cineasta español y el suyo propio?

R. Su país, por desgracia, tras el periodo franquista sufría un encierro frente a las corrientes modernas, como el erotismo entendido como liberación sexual tanto de hombres como de mujeres. Almodóvar tuvo un papel decisivo en esa liberación erótica y sexual que se dio en toda Europa, pero sobre todo en la España postfranquista. Se trata de uno de los directores más influyentes de la historia del cine porque tiene una mirada totalmente desencantada e irónica hacia el erotismo.

»Yo ilustré ese relato para Italia, pero en Francia y en España lo ilustró Mariscal, quien tenía un estilo artístico, digamos entre comillas, no profundamente naturalista o inmediato. Es decir, los artistas aplican esa deformación de la figura -como lo hiciera en primer lugar Picasso-, que hace más aceptables, incluso desde el punto de vista de la moral burguesa, escenas que son explícitamente eróticas o directamente pornografía. Existe toda una serie de grabados de Picasso profundamente eróticos que yo me divertí redibujando de forma naturalista, sin la deformación picassiana, y son imágenes que podríamos definir como pornográficas.

»Mariscal mitigó un poco el aspecto descarado y provocador de este relato, porque es realmente una provocación irónica sobre la liberación del sexo y, en particular, del erotismo femenino. Habla directamente de compresas femeninas, así que está decididamente dirigido a la apertura mental de las mujeres y también de los hombres en su relación con la mujer. A mí me lo encargó un editor italiano para la edición de Italia y lo ilustré de manera muy realista. Nunca he sabido si a Almodóvar le gustó mi trabajo o no; nunca he hablado directamente con él.

Milo Manara en el documental 'Manara' Kplusfilm

P. Seguro que sí.

R. Espero que sí. Obviamente lo conozco a través de su obra y lo admiro muchísimo, especialmente sus primeras películas, que eran una auténtica bocanada de aire fresco. Ahora creo que con la edad se ha dedicado a temas más íntimos, profundos y serios; pero cuando empezó era una especie de gamberro del cine, verdaderamente transgresor y muy divertido de ver.

»Hubo todo un movimiento en España, en el que también destacaron Bigas Luna y Almudena Grandes, un florecimiento de autores que en el ámbito del erotismo fueron muy provocadores y liberadores.

P. Se tiende a asumir que su arte está destinado a la mirada masculina. Sin embargo, en el documental, varias mujeres confiesan haber descubierto su propia sensualidad a través de sus páginas. ¿Cómo ha recibido el testimonio de esas lectoras a lo largo de los años?

R. Por ejemplo, una cantante italiana llamada Elodie me pidió que hiciera la portada de un disco recopilatorio, porque me dijo que descubrió la sexualidad mirando a escondidas mis cómics, que eran los que leía su padre. Esto me lo han dicho varias chicas en distintas ocasiones, y me produce muchísimo placer. Mi meta era contar historias divertidas, jamás he tenido la pretensión de ser sexólogo ni de enseñar nada a nadie, pero que haya mujeres y jóvenes que los hayan encontrado divertidos y, sobre todo, respetuosos con el género femenino, a pesar de contar cosas muy provocadoras en ciertos casos, me llena de orgullo y felicidad.

P. Sin embargo, en diversos momentos de su carrera, su trabajo sufrió el embate de sectores políticos conservadores e incluso del Partido Socialista Italiano (PSI), desde donde llegaron a tachar sus obras de mera pornografía. ¿Cómo vivió en su momento esos ataques?

R. Fui a un programa de televisión de la RAI bastante importante que se llamaba Diritto di replica (Derecho de réplica), precisamente por el ataque que había sufrido en L'Avanti!, que era el periódico del Partido Socialista. Allí me acusaban de retratar el erotismo por puro afán lucrativo, por dinero, para vender más y enriquecerme, y no por otros motivos.

»En aquel momento el secretario del Partido Socialista era Craxi, que después se vio obligado a exiliarse porque se acusó al partido de robar dinero y de inflar los gastos electorales para enriquecimiento personal. Que precisamente ellos me acusaran a mí de eso me parecía paradójico, así que en ese programa respondí que si hubiera querido enriquecerme, me habría afiliado al Partido Socialista. No obstante, eran otros tiempos, no quiero hacer ningún paralelismo entre los socialistas de entonces y los de ahora.

P. En el documental señala que aunque se le encasilló como autor erótico, en realidad se considera el “campeón mundial de la variedad” por haber tocado el género infantil, la sátira y la política. ¿Siente que esa etiqueta de maestro del erotismo ha sido a la vez un trampolín y una trampa que ha diluido otros aspectos de su talento?

R. Sí, lo ha expresado usted perfectamente. Por un lado ha sido un trampolín, porque tener una etiqueta ayuda a distinguirse entre todas esas publicaciones maravillosas que hay en el medio, sobre todo con la modernidad y la toma de conciencia de los autores de poder tratar cualquier tema. Pero es verdad que por otra parte te aprisiona dentro de un género, aunque yo realmente he recorrido todos los del cómic. Si lo que más ha impactado en la fantasía de los lectores es mi forma de dibujar a las mujeres, no es culpa mía; yo intento dibujar bien cualquier cosa que me pongan delante.

Por ejemplo, entre las historias a las que le tengo más cariño están Verano indio, escrita por Hugo Pratt, y Viaje a Tulum, con Fellini. He dibujado muchas historias donde no hay tanto erotismo. Incluso dibujé para L'Histoire de France en bandes dessinées (la historia de Francia en cómics) de la editorial Larousse, que se utilizó como texto escolar. He hecho de todo: la historia de Italia en cómic, la historia de los descubrimientos geográficos... No solo he hecho erotismo.