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En plena fiebre lorquiana, mientras La bola negra de los Javis sigue arrasando taquillas y sensibilidades en España y el resto del mundo, sale a la luz, al fin, el diario inédito del último amor del poeta, el crítico de arte, escritor y viajero Juan Ramírez de Lucas, titulado Recuerdos: breve historia de un amor (Seix Barral), en edición del hispanista Christopher Maurer y de Víctor Fernández.

Ramírez de Lucas tenía diecinueve años cuando conoció al autor de Romancero gitano en el club madrileño Anfistora, una asociación privada dedicada al teatro y cuyo nombre, que no significaba nada, fue una ocurrencia de García Lorca.

Juan Ramírez había llegado a Madrid, procedente de Albacete, para estudiar "una carrera que pronto comprendió que no era la suya, pero también para descubrir un mundo que sí lo era. El de los libros, el teatro, la poesía y el arte", en palabras de Elena Ramírez, directora editorial de Seix Barral, que lo describe como "un joven sensible, culto, observador e independiente, con una profunda curiosidad por el mundo que le rodeaba".

Ramírez de Lucas (Albacete, 1917-Madrid, 2010) guardó el secreto de su amor de juventud durante décadas, pero antes de morir decidió romper su silencio. Legó a sus herederos sus recuerdos, reunidos en unos cuadernos, una carta de Lorca, un poema dedicado al 'rubio de Albacete', dibujos y dedicatorias para su publicación.

Es el volumen que ahora ve la luz, como inesperado regalo en el año en que se conmemoran los 90 años de asesinato del poeta granadino, su gran, desesperado, deslumbrante último amor.

El crítico de arte abre su libro explicando cómo comenzó a escribirlo el 12 de marzo de 2008 en Albacete, "en una noche sin sueño en la que estuve repasando todos los momentos vividos junto a él".

La razón, subrayaba el crítico de arte y escritor, es que consideraba que "estos dolorosos recuerdos no deben quedar solo escondidos en lo más recóndito y secreto de mi vida, pues todo lo que perteneció a la personalidad de uno de los más excelsos, decisivos, permanentes poetas españoles tiene un interés general histórico y no debe quedar recluido en el santuario íntimo de quien tuvo la inmensa fortuna de convivir con el poeta".

Roto así el fuego, Ramírez de Lucas evoca la última vez que vio a Lorca:

"Madrid, 13 de julio de 1936, estación de Atocha. Bajo la gran bóveda cristalina está formado el tren exprés con destino a Granada. Estoy junto con Federico acompañándolo en estas que serían sus últimas horas en Madrid. Llega Rafael Martínez Nadal, gran amigo suyo, y permanece allí unos momentos, deseándole un buen viaje. Volvemos a quedar solos uno frente al otro. Su sonrisa, siempre tan presente, intenta quitar emoción al momento, pero en sus ojos, siempre con un velo de tristeza, se aprecia que no están totalmente de acuerdo sonrisa y mirada.

Suena el silbato de partida y no pude evitar el llanto por la tristeza que me producía su marcha.

–No llores, dos meses pasan pronto".

Parte del manuscrito en el que Ramírez de Lucas evoca su despedida de Lorca. Cortesía de Seix Barral

Lamenta Ramírez de Lucas: "Dos meses que nunca han pasado, que siguen presentes como en aquel instante decisivo. Dos meses clavados en lo más profundo de mi alma y que nunca, nunca pasarán. 'Dos meses'. Estas fueron sus últimas palabras mientras el tren se alejaba hacia la oscuridad de la noche. Noche sin posterior amanecer, como suelen ser todas las noches. Entonces no lo sabía, no lo presentía, pero pronto pude enterarme".

Y añade: "Dos meses que se tiñeron de eternidad para mí, muchacho de 19 años que quedaba solo, desvalido, agitando la mano hacia la silueta de Federico que se adentraba por la noche. Oscura noche sin amanecer. Dos meses que ya se han convertido en 864 meses de recuerdos incesantes".

Al día siguiente de la despedida, Ramírez de Lucas regresa a Albacete, donde le espera su padre, furioso por su amistad con Federico. Avisado de esa relación por el hermano mayor del muchacho, cuando su padre ve al futuro crítico recién levantado, llevando un pijama azul, le espeta que "eso" que lleva "es de maricones".

La discusión va subiendo de tono y llega casi a la agresión física. Cuando intenta pegar al muchacho, este le sujeta las manos y le avisa de que nunca más le permitirá ponerle la mano encima. "Pero la violencia ya estaba en marcha", escribe Ramírez de Lucas.

Dolido por un enfrentamiento con su padre, tan opuesto a él en todo (Otoniel Ramírez era cazador, mujeriego, expansivo y violento), escribe a García Lorca para contarle lo ocurrido.

Y la respuesta del poeta no se hace esperar. En una carta sin fecha, pero que Ramírez de Lucas recoge el 16 de julio en Correos, el poeta le pide que sea paciente con su padre, porque no es de su generación ni le entiende, más aún, "lleva años y años aferrado a unas ideas y a unas normas que te son antagónicas y es natural que choque contigo". Y con cariño y firmeza, le ruega talento:

"Una persona que no tuviera luces te daría leña para tu fuego. Yo te quiero dar agua para tu fuego, flores para tu quemadura. Juan: Yo te pido por Dios que sobrelleves a tu padre y le hagas comprender con dulzura y silencio que está equivocado contigo. Si algún canalla o inconsciente le ha contado calumnias tuyas, tú debes hacerle comprender que son calumnias, pero no adoptar actitudes airadas en contra suya. Adopta un aire de gran dignidad hasta que él salga de su ofuscación. Y desde luego ten fe en ti, nada de desmayos: ten fuerza, hijo mío, y lee y estudia y piensa, que esa tormenta que estás atravesando solo servirá para enriquecer tu espíritu", le aconseja el poeta.

"Yo pienso mucho en ti y esto lo sabes tú, sin necesidad de decírtelo, pero con silencio y entre líneas tú debes leer todo el cariño que te tengo y toda la ternura que almacena mi corazón. Solo tengo una obsesión y es que quisiera meterte en la cabeza la actitud que debes guardar, llena de fuerza y de astucia para contrarrestar la actitud equivocada de tu padre, que tú tienes con talento y hombría y respeto [que] encauzar. Conmigo cuenta siempre. Yo soy tu mejor amigo y que te pide que seas político y no dejes que el río te lleve. Juan: Es preciso que vuelvas a reír. A mí me han pasado también cosas gordas por no decir terribles y las he toreado con gracia. No te dejes llevar de la tristeza. Tienes muchas cosas y el mundo, aunque nos hiere, es hermoso. Bien sabes lo mucho que yo te quiero y por eso te aconsejo prudencia y bien hacer. No vuelvas a desesperarte. Esto es de gente débil y te debes recordar en todo momento que eres un verdadero hombre. Dime todos tus proyectos. Yo empiezo ahora a trabajar de nuevo y tengo un espíritu calmoso en buena disposición para aconsejarte", continúa el autor de Sonetos del amor oscuro.

Poema de Lorca dedicado a Ramírez de Lucas. Cortesía de Seix Barral

Y se despide, enviándole "un abrazo cariñoso de este gordinflón poético que tanto te quiere".

Es la última carta que le escribió, posiblemente la última de todas las que redactó, porque, según presume Ramírez de Lucas, en los temerosos días que precedieron a su asesinato es difícil creer que tuviese ánimo alguno para escribir. Ya no habría más consejos, más juegos, más amor. Solo muerte, solo nostalgia, apabullante, que rezuman las páginas de un volumen excepcional y que da cuenta de la última pasión de un poeta. De Lorca.