Charlotte Wood (Cooma, Australia, 1965) aporta la conmoción y las turbulencias interiores a la literatura contemporánea australiana. Su estilo poderoso, controlado y frío se nutre de los terremotos interiores de personajes en apariencia anodinos, en entornos naturales amenazantes, sin perder de vista los interrogantes sociales. Ella misma asume la idea de Saul Bellow : “Quietud en medio del caos”.
Portada de 'El retiro'.
El retiro
Charlotte Wood
Traducción de J. G. Rodríguez Pazos. Libros del Asteroide, 2026 282 páginas. 20, 95 €
Con El retiro, Wood ha sido finalista del prestigioso premio Booker. En un país con notables mujeres escritoras, desde las pioneras Joan Lindsay o Barbara Baynton, a las contemporáneas Helen Garner o Kate Morton, la voz contenida, pero henchida de vida, de Charlotte Wood es una de las más originales y potentes entre los autores australianos.
Ganó el premio Stella y el Australian Prime Minister’s Literary Award por En estado salvaje, y Weekend recibió la Medalla de Oro de la Sociedad Australiana de Literatura.
El personaje central de El retiro es una mujer sin nombre de mediana edad que abandona su vida activa y a su pareja en Sidney para buscar la soledad en una aislada comunidad religiosa, en Nueva Gales del Sur.
Activista medioambiental, la protagonista y narradora, inmersa en una crisis existencial, se concentra en reseñar, inicialmente, los días de encierro como huésped en una cabaña anexa al convento. No es una mujer religiosa, y, sin embargo, teje vínculos inesperados con la vida austera y metódica de las hermanas católicas.
En una segunda parte, la narradora ya está instalada de lleno en la intimidad de sus compañeras religiosas. El flujo de conciencia de la única persona seglar puede deslizarse desde recuerdos familiares o escolares a reflexiones sobre la culpabilidad y el perdón. Su memoria se detendrá en actos de maldad ejercidos por unos seres contra otros, en una meditación sobre la culpa y la idea de redención.
La narradora no vive solo en su mundo interior. Circunstancias externas se entrelazan con el monólogo laberíntico, lleno de puertas a diferentes asuntos. Una plaga de ratones y la llegada al convento de los huesos de una monja presuntamente asesinada en Bangkok conectarán la vida de las monjas con la realidad exterior.
Y, sobre todo, la narradora se encuentra de frente con una famosa monja activista, inmensamente respetada y poderosa, Helen Parry, encargada de transportar los restos de la hermana Jenny para su entierro en Australia. Helen Parry fue compañera de colegio de la protagonista.
Wood fragua una historia de desaparición que le permite observar las violencias cotidianas
Parry fue maltratada por su madre y acosada por el resto de los alumnos por su pobreza, suciedad, orgullo y también porque era capaz de enfrentarse a sus perseguidores. El miedo a las represalias o la vergüenza de haber sido cómplice de aquel acoso ahondarán las reflexiones de la narradora.
El deseo de arrasar con el pasado, esfumarse de una vida agitada o desaparecer del mundo en un destierro voluntario es un tema clásico en la literatura universal. Wood fragua una historia de desaparición que le permite observar desde fuera tanto las violencias cotidianas como los distintos movimientos del misticismo y la religiosidad.
También quienes se esconden del mundo en un convento han hecho daño a alguien, al abandonar a los suyos, piensa la protagonista. Es probable que en este escondido lugar la redención esté en los momentos de silencio, entre el huerto y la cocina, en los distintos modos de orar y aceptar a los demás.
En las páginas de Wood hay episodios inquietantes y un hilo de pensamiento que exige concentración, pero es una obra de genio que reivindica el placer de leer pausadamente, lejos del mundanal ruido.
