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Esa tarde de un domingo del título, tiempo en principio festivo, es aquí el tiempo del memento mori: "Desde el día en que nací, / supe que moriría un domingo". Esto es lo que dicen los dos primeros versos de este libro con el que Gabriel Lavao Calafell (Palma de Mallorca, 2002) se presenta en el mundo de la poesía y, quede ya dicho, con una buena carta de presentación.

Cubierta de 'La tarde de un domingo'. Talón de Aquiles

La tarde de un domingo

Gabriel Lavao

Talón de Aquiles, 2026

62 páginas. 17,31 €

No es la citada la única mención a la muerte. Por ejemplo, en otro poema se lee: "La vida hacia la muerte". Lo que recuerda al "ser para la muerte" de Heidegger, cómo esa conciencia rige la existencia.

Entre tanto esa tarde de domingo llega, está la vida, una vida en parte hecha del pasado: "Como corrientes subterráneas, / toda la gente que he conocido / se desplaza a regiones adormecidas / de parajes destinados al olvido"; se recuerda un amor de una primavera lejana, ya ido: "No existe nada que no te contenga, / mal que por bien no venga".

En fin, "¡ay, las brisas / de aquel día!" son palabras que expresan bien uno de los temas que recorren este libro, la nostalgia, y cómo no habrá de ser así si todo está en trance de desaparecer: "Las mareas [...] / Llegan y se van, / como la arena, como el humo".

"Cuántas versiones de mí / habrá conocido el paso de cebra / que cruzo cada mañana", dice el yo, un yo fragmentado, de ahí que en un poema se diga que escribe "Desde mi celda"; en otro quien habla es un soldado que regresa a casa de la guerra; en otro, que está en Palma donde "nadie conoce mis crímenes", despliegues de la voz legibles como monólogos dramáticos a la manera de Robert Browning.

Y no sé si otra máscara es la que afirma que "La decadencia empezó el día que distinguimos entre realismo / y surrealismo", opinión más que polémica. No promesa, realidad poética potente es la que aquí se presenta.