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Desde sus inicios, la obra narrativa de José Ovejero (Madrid, 1958) se inscribe dentro de lo que se denomina con el impreciso término compromiso. Tampoco ahora, en que se ha impuesto el tratamiento de la subjetividad (la infancia, los conflictos amorosos, el sexo, la memoria familiar...), ha desatendido ese impulso seminal, e incluso lo ha acentuado al límite de la denuncia sociopolítica explícita en el diario que publica en el digital La Marea. Su última novela, Bajo la luna negra, también se adscribe a esa inclinación a analizar el mundo actual desde un punto de vista crítico.

Cubierta de 'Bajo la luna negra'. Galaxia Gutenberg

Bajo la luna negra

José Ovejero

Galaxia Gutenberg, 2026

174 páginas. 17 €

Bajo la luna negra desarrolla en apariencia una simple historia costumbrista. La familia compuesta por los padres (Antón y Mónica) y el hijo pequeño (Luis) va de vacaciones a un innominado lugar playero. Al llegar al sitio, en una aglomeración de gente, el niño saca la mano por la ventanilla del coche y le quita el deslucido sombrero de paja a un harapiento vagabundo, Fritz. Encuentros entre la pareja de clase media y el sintecho alemán van cargando de tensión el relato y este avanza de forma sorprendente hacia un desenlace dramático y violento que conforma una trama criminal.

El deliberado aspecto sencillo del argumento se intensifica por la técnica que adopta Ovejero. La historia nos llega desde un narrador externo que funciona como una cámara de fotos o de cine y el relato semeja un álbum, reportaje o película.

Se trata de una mirada “objetalista” que recuerda al nouveau roman de los años cincuenta del pasado siglo. Como en aquella école du regard, en Bajo la luna negra los objetos y la materialidad física de los escenarios adquieren consistencia absoluta.

Por el contrario, no hallamos ni pizca de observación psicológica. La novela se limita a la fría presentación de comportamientos, hechos y situaciones. A lo cual contribuye con fuerza un estilo lacónico, de frases breves, independientes, con abundancia de oraciones nominales y escasez de subordinadas, que no es pobreza verbal sino la forma lingüística elegida para ver el mundo.

El enredo está bien ideado, se beneficia de una sutil carga emotiva y la resolución implica una justicia poética de alcance moral

Esta técnica nos va presentando ante los ojos detalles significativos intencionadamente seleccionados por Ovejero e impasiblemente grabados por el narrador-cámara.

En la cinta aparecen los tics delatores de una pretenciosa clase media; el turbio fondo de las relaciones de pareja; la violencia íntima en el trato privado familiar; la brutalidad pública nazi contra el mendigo; la bondad del buen sanitario o la tolerancia con el indigente de algunas personas. Aparte de la maldad con raíz de clase del advenedizo burgués Antón y de la complicidad justiciera de Mónica y Fritz.

Nada de ello puedo detallar para no estropear el aliciente de la intriga, pero sí he de señalar que el enredo está bien ideado, que se beneficia de una sutil carga emotiva y que la resolución implica una justicia poética de alcance moral.

El álbum recoge, pues, un retablo variado de situaciones contemporáneas. Algo peca José Ovejero de acudir a estereotipos (el mal burgués, el marido déspota, la sufrida esposa, el buen samaritano, el atractivo mendigo o los malvados fachas sin corazón), pero no en grado que anule la autenticidad del testimonio. En cambio, tenemos un reflejo de comportamientos presentes que posee la virtud de no presentarse con explícito valor documental y crítico, sino de surgir de una atractiva historia novelesca.

Mérito especial supone además eludir la escritura convencional y arriesgarse a un estilo personal que resulta una rareza entre tanta prosa rutinaria.