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En un momento de agitación como el actual, cuando sentimos que el mundo se desordena de forma rápida y caótica, se agradece el papel de los historiadores con vocación didáctica y un estilo claro.

Cubierta de 'De dónde venimos'. Tusquets

De dónde venimos

Géraldine Schwarz

Traducción de Núria Viver

Tusquets, 2026

480 páginas. 23,90 €

De dónde venimos pertenece a ese tipo de libros que ordenan conocimientos que ya hemos leído en otros sitios. No buscamos la novedad en ellos, su propósito es otro. Insertan los hechos en una trama coherente que hace que no pocas veces uno se pregunte cómo no la había identificado antes. Además, transmite el entusiasmo que le provoca su materia de estudio y trabajo.

En español ya teníamos conocimiento de ese talento de su autora, Géraldine Schwarz (Estrasburgo, 1974), periodista y documentalista francogermana. Esa doble condición, “en la encrucijada de dos culturas, de dos lenguas”, como ella misma escribe, define su mirada sobre Europa: ni el entusiasmo acrítico del federalista ni el escepticismo del soberanista, sino algo más difícil e interesante, la voluntad de comprender.

Su libro anterior, Los amnésicos. Historia de una familia europea (Tusquets, 2017), ganó el Premio del Libro Europeo. Aquella era una historia íntima, construida sobre el rastro de su propia genealogía.

Aquí es Europa entera la que está sobre la mesa. Y la intención es, en el fondo, la misma: armar al lector frente a una amnesia que Schwarz considera peligrosa. “Hemos entrado en una era de posantifascismo –escribe en el prólogo–. La memoria de los sufrimientos indecibles generados por las ideologías y los regímenes criminales del siglo XX ya no es suficiente para unirnos y armarnos de vigilancia”. En tiempos en que el auge de la extrema derecha en Europa parece confirmar ese diagnóstico, la frase no suena apocalíptica sino descriptiva.

Lo que distingue a este libro erudito y ameno es la escritura y el estilo, al servicio de la claridad

El resultado son quinientas páginas organizadas en torno a tres grandes ideas –el cristianismo, el capitalismo y la libertad– que Schwarz propone como los pilares de la identidad europea. No una historia de reyes y batallas, sino de conceptos y transformaciones.

Así, nos cuenta cómo el mensaje igualitario de Jesús sentó bases que la Iglesia luego traicionó y la Ilustración rescató; cómo el milagro veneciano y la Liga Hanseática anticiparon formas de organización económica que siglos después llamaríamos capitalismo; cómo la Reforma protestante –trabajo, ahorro, libre examen de conciencia– creó la forma de pensar del liberalismo. Vínculos que la historia que solemos aprender en la escuela raramente establece: “Cuanto más nos remontamos en el tiempo, más evidente parece la coherencia de una historia europea frente al marco restringido de la historia nacional, que es una fabricación del siglo XIX”, escribe la autora.

Lo que distingue a este libro de otros con propósitos abarcadores parecidos es la escritura y el estilo, al servicio de la claridad y la exposición de una imagen general coherente.

No hay notas a pie de página, pero es un libro erudito y ameno. Así, leemos con placer la influencia que tuvo la regla benedictina, pensada para regular la vida monástica, en el origen de la jornada laboral moderna: “¿Acaso no es el origen de los tres ochos que dan ritmo a nuestra vida cotidiana en Occidente: ocho horas de trabajo, ocho de ocio y ocho de sueño?”.

Es cierto que esa ambición en la claridad exige sacrificios, y en algunos momentos las síntesis son, digamos, generosas. El lector con cierta formación notará alguna generalización de más. Pero resultan comentarios menores al lado de las virtudes de este libro. Al fin y al cabo, lo que está en juego no es solo el conocimiento del pasado sino la capacidad de entender, y quizá de frenar, algunas de las fuerzas que hoy amenazan gran parte de lo mejor de nuestra historia.